25 May 2022

134. POESÍA ARGENTINA. MARÍA ROSA LOJO

-08 Mar 2022

LOS SANTOS INOCENTES

 

Los primeros pobladores del Cielo cristiano fueron los Santos Inocentes.

Inocentes, claro, hubo muchos antes que ellos. Pero tal inocencia y las formas de su vida y de su muerte, fueron estrictamente naturales, sea por las diversas enfermedades que aquejan a la infancia, sea por la maldad que algunos hombres segregan, como el caracol su baba luminosa.

Los otros Inocentes, los que mandó matar un rey de Galilea, porque uno de ellos podía ser el legítimo heredero de su trono, se merecían el Cielo por causas del todo sobrenaturales. Aunque ninguno de ellos fue consultado previamente a tal efecto, sus breves vidas y sus largas muertes fueron necesarias para despistar a Herodes, y para que se cumplieran las profecías.

Quedaron, pues, bautizados con su propia sangre, que protegía los secretos designios del Señor y entraron de inmediato en un Cielo vacío. Venían degolladitos, temblando por las corrientes de aire que asolaban ese espacio aún inhóspito. Se hubiera dicho que llegaban en malón, a no ser por su condición especialmente patética e inofensiva.

Varios ángeles les cosieron los cuellos tiernos y rotos con dedos de seda. Y otros ángeles (puesto que aún no había allí mujeres, y tampoco hombres) les dieron de mamar, ya que habían sido arrancados sin piedad del seno de sus madres, y ninguna otra cosa podía complacerlos.

 

 

THE HOLY INNOCENTS

 

The first settlers of Christian Heaven were the Holy Innocents.

There were, of course, many innocents before them. But such innocence and the forms of their life and their death were strictly natural, be it by means of the diverse illnesses that afflict infancy, or by means of the evil that some men secrete as the snail secretes its luminous slime.

The other Innocents, those whom a king of Galilee ordered killed, because one of them could be the legitimate heir to his throne, deserved Heaven for causes entirely supernatural. While no one of them was previously consulted to that effect, their brief lives and their long deaths were necessary to mislead Herod, and so that the prophecies might be fulfilled.

They remained, then, baptized in their own blood which protected the secret designs of the Lord, and they immediately entered an empty Heaven. They came with their tiny throats slit, trembling because of the currents of air that parched that still inhospitable space. One might have said they were coming on a raid if it weren’t for their especially pathetic and inoffensive condition.

Various angels sewed up their tender, torn necks with fingers of silk. And other angels (no women were present, after all, nor men either) gave them to suck, since they had been torn without pity from their mothers’ bosom and nothing else could give them pleasure.

 

 

MADRES E HIJOS

 

Algunos padres serán hijos de sus hijos en el Cielo. Los esperarán, absurdamente jóvenes, como lo eran cuando los despidieron a la puerta de casa para ir a una guerra o al viaje que los mataría. O cuando los besaron por última vez, en una cama de hospital, tragándose las lágrimas, pensando “qué será de ellos cuando yo me vaya”, mirando ansiosamente hacia el futuro en esos ojos asustados por el beso demasiado largo y demasiado intenso.

Pero ellas, sobre todo, no podrán entenderlo. Las que se fueron cuando eran casi niñas y los parieron con su propia muerte. Esos bebés, pequeños como muñecos, a los que abrazaron apenas un momento, llegarán con una fotografía, un retrato, un camafeo, entre las manos incrédulas. Viejos o viejas, encorvados, renqueantes, con dentaduras postizas, con dedos deformados por la artritis, las encontrarán por fin entre la multitud de madres muertas y se apretarán contra su pecho y buscarán el latido remoto de su corazón y el olor inconfundible que nunca más se repitió sobre la Tierra.

 

 

MOTHERS AND CHILDREN

 

Some fathers will be their children’s children in Heaven. They will await them, absurdly young, as they were when they said their farewells at the house’s door so they could go to a war or on the trip that would kill them. Or when they kissed them for the last time in a hospital bed, swallowing back tears, thinking “what will become of them when I’m gone,” looking anxiously toward the future in those eyes scared by the too long and too intense kiss.

But the women, above all, will not be able to understand it. Those who went when they were little more than girls and gave birth to them with their own death. Those infants, small as dolls, whom they embraced for scarcely a moment, will arrive with a photograph, a portrait, a cameo, between incredulous hands. Old men or women, stooped over, hobbling, with false teeth, with fingers deformed by arthritis, will find them at last within the multitude of dead mothers and will each press themselves against her breast, searching for the remote beating of her heart and the unmistakable scent that was never again repeated on Earth.

 

 

SOBRE LA INFINITA NEGATIVIDAD DE LA VIDA

 

Sufrir es infinitamente fácil.

Basta una aguja clavada en la yema de los dedos.

Basta una piedra en la sandalia,

Basta un callo en el dedo meñique del pie izquierdo.

No hay sufrimientos suficientemente pequeños.

No hay sufrimientos merecidos.

Las religiones los justifican por los pecados de los hombres –supuestos o reales, en esta vida o en muchas otras—para que éstos puedan soportarlos sin que enloquezca, despechada, nuestra razón.

 

Ninguna felicidad alcanza.

Todas hartan, todas enfadan, o se transforman lentamente en dolor.

Si los mortales aspiran al Cielo no es acaso para dejar de sufrir

Sino para que cada dicha sacie

Para que todo se ilumine con la mirada de Dios

Como la mota de polvo que apresada por la luz un solo instante

Titila y resplandece.

 

(De las Enseñanzas de Janucá Leví, autora del Eclesiastés, parte II)

 

 

ON LIFE’S INFINITE NEGATIVITY

 

            To suffer is infinitely easy.

            A needle driven into the tip of your fingers is enough.

            A pebble in your sandal is enough.

            A corn on the little toe of your left foot is enough.

            There aren’t sufferings sufficiently small.

            There aren’t merited sufferings.

            Religions justify them by men’s sins – supposed or real, in this life or in many others – so that these sufferers might endure them without our reason, already embittered, going mad.

 

            No happiness takes hold.

            They all taunt, they all tease, or they are slowly transformed into sorrow.

            If mortals aspire toward Heaven it isn’t perhaps to stop suffering

            But that each joy be sated

            So that everything become illuminated by God’s countenance

            Like the speck of dust that seized by the light for a single instant

            Quivers and shines.

 

            (From the Teachings of Janucá Leví, authoress of Ecclesiastes, Part II)

 

 

DIJO MIRA MÁS LEJOS (circa 1800-1890), CHAMÁN RANQUEL.

 

Lo que los huincas llaman “Cielo” no es gran cosa.

Hablan de un lugar tranquilo y verde,

Donde a los hombres les crecerán las alas, pero no las usarán para volar

Por los dominios del cóndor.

Hablan de un lugar donde cantarán la gloria de su Dios

Con una lengua que no se parece a la del viento o a la de los pájaros.

 

Pero Mira Más Lejos, gente de la tierra, viajará a los volcanes,

a la encrucijada donde se comunican todos los mundos

y las almas suben y bajan en la escalera del tiempo.

Vivirá en las rocas más altas, como las águilas de su linaje.

Tendrá pies y tendrá garras,

Tendrá pico y tendrá labios,

Cambiará de formas como la nieve y como el huracán,

Arderá sin quemarse en el centro del fuego madre

Su grito será el rugido

Del fuego que no muere.

 

 

SAID LOOKS FARTHER AWAY (CIRCA 1800-1890), RANQUEL SHAMAN

 

            What the wincas call “Heaven” is no great thing.

            They speak of a tranquil green place,

            Where men will grow wings but not use them to fly

            Through the dominions of the condor.

            They speak of a place where they will sing glory to their God

            In a language that does not resemble the wind’s or the birds’.

 

            But Looks Farther Away, one of the land’s people, will travel to volcanoes,

            to the crossroads where all worlds communicate with each other

            and souls climb and descend on time’s stairway.

            He will live in the highest rocks like the eagles of his lineage.

            He will have feet and will have talons,

            He will have beak and will have lips,

            He will change forms like the snow and like the cyclone,

            He will blaze without being burnt in the center of the mother fire.

            His shout will be the roar

            Of the fire that does not die.

 

Winca: Araucanian Indian word for foreigner; or, in context, white person or Christian. The Ranqueles were an Argentine pampean branch of the Araucanians, who were centered in the Chilean mountains.

 

 

DIOS ES UN CARRO VIEJO

 

Sentada a la mesa, cuando todos se han ido o no han llegado todavía, veo venir a Dios. Dios es un carro viejo, roto, que tambalea por momentos. Tiene una rueda más gastada que las otras y si la tierra de Buenos Aires no fuera desesperadamente llana, se habría despedazado en cualquier curva. Llega de todos modos, facilitado por la llanura, empujado por el viento que sopla de noche, y se detiene junto a la puerta del jardín del fondo para que bajen mis muertos.

 

Bajan cansados, indiferentes, como si no estuvieran aquí, como si no me viesen. Su castigo es no verme. Mi castigo es verlos. Les tiendo las manos y es inútil, no me tocan ni me huelen, sin embargo el cuarto se llena de su perfume ciego, quebradizo.

 

Esos muertos no hieden.

Son como las hojas que se han puesto a secar entre las páginas de un libro. Dejan una aureola de color ocre, la huella de una sombra que fue cuerpo. Las páginas que los contuvieron no se pueden leer. El sudor y los jugos de la vida trastornaron las letras, las enloquecieron, desvaídas, transversas, no sirven para nada, salvo como testigos, secos también, de aquella pulpa espesa.

Si Dios no fuera un carro viejo, tan viejo, me subiría a él. Me acostaría en el fondo de ese carro para que me llevase a ver la tierra donde parpadean las estrellas secretas, como ojos hundidos.

 

Pero Dios cruje, y golpea, y se partirá por el eje.

 

Me dejará en mitad de la pampa, sin rumbo. Nunca fui baqueana, soy torpe, lenta, miope como un animal insuficiente que cualquier puma liquidaría de un zarpazo. No sé descifrar otros signos que los escritos en los libros.

 

El carro cruje, golpea, se partirá por el eje.

 

Lo abandono en el jardín, arrumbado, que le crezcan enredaderas, que le trepen hormigas,  que le hagan nidos los pájaros. El viento que sopla de noche se ha llevado los muertos, tan livianos son, tan inestables. Eran sólo un sueño –diré mañana—, eran un recuerdo en un sueño. Eran mi sueño de terror, para tenerme miedo. Y si el carro no estuviera aún en el fondo del jardín, si no fuera una ruina, un camino de hormigas,  un racimo de nidales donde los pájaros despiertan, diría que también fue un sueño, una equivocación de la memoria, una prueba patética de la inexistencia divina.

 

 

GOD IS AN OLD CART

 

Seated at the table, when everyone has left or still not arrived, I see God coming.

God is an old cart, worn out, continuously lurching. He has one wheel more exhausted than the others, and if the land of Buenos Aires weren’t hopelessly flat, it would have broken into pieces at the slightest curve. Yet even so He arrives, facilitated by the plain, pushed along by the wind that blows in the night, and stops next to the backyard door so my dead can get out.

When they get out they’re tired, indifferent, as if they weren’t here, as if they didn’t see me. Their anguish is not seeing me. My anguish is seeing them. I stretch out my hands to them and it’s useless, they neither touch nor smell me, although the room fills with their blind, brittle perfume.

           

Those dead do not stink.

They are like leaves that have been placed to dry between a book’s pages. They leave a halo the color of ocher, the trace of a shadow that once was body. The pages that contained them cannot be read. Life’s sweat and juices disarranged the letters and drove them mad; faded, crosswise, they’re no good for anything except as witnesses (also dry) of that thick pulp.

           

If God weren’t an old cart, so very old, I would get into Him. I would lie down in the back of that cart so that maybe He would take me to see the land where, like shrunken eyes, the secret stars flicker.

 

But God rattles, knocks, and will break apart at the axle.

 

He will leave me in the middle of the pampa, my bearings lost. I was never good with directions. I am awkward, slow, nearsighted like an inadequate animal that any puma would tear apart with a swipe of the claw. I only know how to decipher signs that are written in books.

 

The cart rattles, knocks, will break apart at the axle.

 

I abandon it in the yard, forsaken, for plants to grow up around it, ants to climb up on it, birds to make nests in it. The dead are so light, so unstable, that the wind that blows in the night has carried them away. They were just a dream (so I’ll say tomorrow), they were a memory inside a dream. They were my dream of terror, for the sake of being scared. And if the cart weren’t still at the end of the yard, if it weren’t a wreck, a path for ants, a cluster of nests where birds awaken, I would say that it was also a dream, an error of memory, a pathetic proof of divine inexistence.

 

 

Translated by Brett Alan Sanders



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