24 Sep 2021

3. IXCHEL D. PACHECO

-20 Jun 2020

 

Entre la rabia y la risa: poesía circunstancial de Efraín Huerta 

 

     

          Me habría gustado conocer a Efraín Huerta, pasar una tarde con él hablando de todo lo que la vida y la escritura son, ver a Sophia Loren con sus ojos, escuchar los poemínimos y los poemáximos, tal vez incluso, ver un partido de fútbol. Aunque es poco probable que todo esto hubiera pasado, me gusta pensar que habría podido ser; porque Efraín Huerta es el poeta que logró quedarse cerca de los jóvenes, de los académicos, las mujeres, los obreros y los profesionales de las palabras y los premios. Este escritor guanajuatense, se construyó un nicho dentro del campo literario de su época a fuerza de versos y prosa; pues no sólo se dedicó a la poesía, sino también al periodismo, la crítica cinematográfica y el ensayo.

 

          Así, Efraín Huerta es uno de los pocos poetas mexicanos que se han mantenido entre la consagración y el desconocimiento, permitiéndole transitar libremente entre diferentes registros, círculos poéticos e institucionalidades, sin desacreditar, en ningún momento, la integridad de su voz poética. Una voz construida a lo largo de casi 50 años de producción escritural, en la que se reconoce el humor característico del poeta, la veta erótica y el ineludible compromiso, más que político, social que confluyen en una de las obras más extensas de la poesía mexicana. Sin embargo, ésta ha sido poco explorada críticamente y debido a algunos de sus textos más circunstanciales –comprometidos con el socialismo y la coyuntura histórica– ha sido frecuentemente clasificado como un poeta político.  No obstante, es importante señalar que entre dichos poemas se deben incluir también los que han sido considerados como poesía urbana, de los que se hablará más adelante.

 

          Ahora bien, la acepción general del poema de circunstancias le define como un texto poético cuyo tema es concreto y accidental; generalmente escrito con modo más bien narrativo, haciendo uso de recursos retóricos entre los que sobresalen la imagen, la descripción y el símil. En este tipo de poemas la intención predominante es la comunicación de un suceso, por lo cual suele ser considerado como un texto menor, sujeto a un compromiso extraliterario. Si bien, en la poesía más clásica de nuestro idioma –pensemos en el Siglo de Oro español– el ejercicio del poema de circunstancias era no sólo común, sino necesario. Ya fuera como agradecimiento, elegía o apología, e incluso mera descripción de algún hecho; este tipo de poemas fueron fundamentales en la constitución de la Historia de la poesía. Por otra parte, la dimensión historiográfica de tales textos hace imprescindible comprender el contexto histórico, el campo literario –en términos de Bordieu– en el que fueron producidos; así como el horizonte de recepción de los mismos. Y, por lo tanto, el autor es de suma relevancia, ya que no hay forma de separar el poema circunstancial de sus circunstancias.

 

          Así pues, para el presente ensayo, debe considerarse que Efraín Huerta no sólo fue socialista stalinista, sino también la importancia que tuvieron los movimientos revolucionarios en su propia formación. De esta forma, la Revolución Mexicana estuvo presente durante su infancia –pues su padre era un partidario villista–, y más tarde vivió de cerca el movimiento estudiantil de 1968, ya que su hijo formaba parte de éste. Así mismo, los viajes realizados por la URSS, Estados Unidos de América y su labor periodística le inclinaron a escribir poemas en honor a la resistencia contra el creciente fascismo, como la “Oración por Tania”, “¡Stalingrado en pie!” o la “Elegía de Lídice”, entre otros poemas elegíacos, como el “Responso por un poeta descuartizado”, sobre la muerte de Rubén Darío o su “Cantata para el Che Guevara”.

 

          Algunos de estos poemas fueron compilados en poemarios cuyo eje central era justamente la protesta, tal es el caso de Poemas de guerra y esperanza, donde se reúnen los primeros tres mencionados. En el libro se encuentra también una dedicatoria “al heroico pueblo chino, veterano en esta guerra contra los enemigos de la libertad” (Poesía Completa 57). De igual manera, el “Responso por un poeta descuartizado” y la “Cantata para el Che Guevara”, formaron parte de la sección “Otros poemas” de Poesía 1935 -1968, que más tarde fueron incluidos en otros libros, como el último publicado en vida por Huerta: Transa poética. La migración de los poemas –operación llevada a cabo repetidas veces– para conformar nuevos libros, debe entenderse como una manifestación más de la voluntad poética del autor. Y, por lo tanto, es relevante porque pone en relieve que algunos de los poemas circunstanciales continuaron vigentes a pesar del tiempo transcurrido.

 

          Por otra parte, también hay poemas de circunstancias con características similares a los ejemplos clásicos del Siglo de Oro español: poemas dedicados a momentos o personajes concretos. Entre ellos se encuentran “Para que aprenda (Hildebrando Pérez) a tomar un caballito de tequila”, “Lake Charles, LA” o el memorable “Juárez–Loreto”. En ellos puede observarse cierta inclinación a utilizar un tono directo, muchas veces hilarante, y temas mucho más amenos que sus poemas comprometidos política e históricamente –si bien “Lake Charles, LA” es un punto medio entre la seriedad y la irreverencia–. De este modo es posible identificar, en la obra de Efraín Huerta, dos registros de poesía circunstancial: los poemas de tendencia política y los poemas de temas más bien coloquiales. En el primer registro se encuentran especialmente textos producidos durante la Guerra Civil Española y la Segunda Guerra Mundial, mientras que, en el segundo, son poemas anecdóticos propios del poeta bohemio y citadino.

 

          En cuanto a los primeros –poemas de circunstancias inscritos en un contexto convulso y bélico– es importante clarificar que a pesar de ser poemas de circunstancias en un horizonte de producción alejado –geográficamente– de estos sucesos, son precisos al plasmar la rabia e indignación del autor, pues lejos de glorificar la batalla, Huerta pretende mostrar la crudeza de ellas. Por ello, el poema “Oración por Tania” es paradigmático. En él se narra la ejecución de la partisana Tania, nombre con el que se conocía a Zoya Kosmodemiánskaya, que sirvió a la Unión Soviética contra los nazis. Estos la capturaron en la aldea de Petrischevo y decidieron hacer una ejecución ejemplar, por lo que fue torturada y ahorcada públicamente; mutilaron su cuerpo congelado y lo mantuvieron así durante un mes, antes de abandonar la aldea. Las fotografías de la ejecución fueron encontradas más tarde en el cuerpo de un soldado nazi, muerto durante un ataque a Rzhev. Así pues, Huerta pretende homenajear a la joven comunista y, a su vez, mostrar los horrores de la ejecución. Por lo tanto, posee un tono sobrio, salpicado de adjetivos y comparaciones que permiten crear imágenes vívidas, como en el siguiente fragmento:

 

Bajo el cielo de invierno, una mañana,

fuiste un árbol,

un árbol de tortura y de martirio,

árbol de los incendios,

árbol puro, árbol de la venganza.

[…]

Venían por ti los lobos. Te encontraron,

te mutilaron y arrancaron la voz,

te azotaron, los nazis.

Y luego, por el frío, por las calles,

tus pies abrieron surcos.

(¡Tus pies desnudos, Tania!

¡Tus dieciocho años, Tania!) (70)

 

 

          Por otra parte, a demás de las imágenes creadas, el texto gana intensidad y claridad –en cuanto a la intención de comunicar– al utilizar elementos retóricos propios del ritmo, como la anáfora con la que construye la última estrofa del mismo:

 

¡Odio, odio fiel!

¡Odio perfecto! Respiración, sacudimiento.

Odio a la terrible mentira y al saqueo,

odio al devastador y al incendiario,

odio petrificado, odio purificado,

odio por centenares de razones y sangre.

Odio maravilloso cuando hay, en el lodo y la nieve,

una lágrima fresca y un niño degollado,

y cuando de una horca de sombrío destino,

como campana victoriosa pende

el cuerpo de una joven guerrillera. (71)

 

          Lo mismo ocurre con otros de los poemas mencionados anteriormente cuyo tema –y circunstancia– es la guerra. Ejemplo de ello es “Elegía de Lídice”, poema dedicado a la pequeña aldea en la República Checa que fue arrasada por los nazis, dejándola completamente destruida y sin población el 10 de junio de 1942. Ello, como represalia por ser conocido refugio para la resistencia. Ahora bien, este poema podría dividirse en tres secciones, la primera de ellas constituida por una estrofa de 12 versos en los que Efraín Huerta construye la imagen de la ciudad asesinada al dirigirse a Lídice con el recurso de la prosopopeya, dándole cualidad de oyente:

 

Pequeña mártir, tú, Lídice desgarrada,

llanto de fiebre y pólvora, de espanto desangrado,

diezmada flor de luto.

Lídice de sollozos y penetrante angustia,

calosfrío del paisaje de cenizas y cruces.

¿Qué pueden ser tu cielo y el meridiano

donde la sangre es una llama y la muerte es una estela?

Eres pura y severa, Lídice solitaria,

Lídice de mineros, parientes fidedignos del metal;

eras tendido abrigo para el recio antinazi

que en la noche, en el día, desde sus mismas venas

disparaba y mataba. (64)

 

          Por su parte, en la segunda sección, formada por las siguientes tres estrofas, Huerta hace uso de elementos orgánicos, en específico nombres de flores, para crear el contraste entre lo destruido y lo que continuará creciendo:

 

Pequeño pueblo muerto, orquídea mutilada,

arrasada por sorda fusilería de crimen,

hermana de las dulces aldeas de Yugoslavia

que han caído incendiadas.

                       

Lídice: diez de junio es tu gloria y tu símbolo,

Diez de junio de rabia, de rencor sin remedio,

de odio y furia infernales.

¡Cómo suena tu nombre de flor maravillosa,

de geranio y clavel, de violeta marchita,

de alto y débil desnudo frente al paisaje roto!

                       

Pero cierra los ojos y escucha, cercenada,

Cómo hay en todo el mundo un aliento de vida,

Una voz de esperanza,

Un grito de terrible y concreta victoria. (64)

 

          Y finalmente en las últimas estrofas, incluye el homenaje histórico que otras naciones hicieron a la ciudad al nombrar comunidades de sus países con el nombre de Lídice:

 

Mira que tu substancia, tu esencia derrotada,

se alza en los Grandes Lagos,

junto al Mississipi,

donde una aldea hermana ha tomado tu nombre,

tu perfil de muchacha, tu cuerpo atravesado.

Y mira, en otro valle de inhumana belleza,

al pie de las montañas también, Lídice mártir,

tu sangre encuentra cauce para soñar sus frutos.

Estás en nuestro seno, Lídice americana,

Lídice mexicana. (65)

 

          De esta manera, el poema esclarece por completo la circunstancia que comunica y a su vez logra el acento comprometido y doloroso que significó escribirlo en la coyuntura que vivió el autor: el poema fue fechado el 22 de agosto de 1942.

 

          Ahora bien, el segundo registro tiene un tono más bien jocoso, en el que retrata momentos específicos de su vida, que a su vez muestran la vida de la Ciudad de México, como en el poema “Juárez–Loreto”, donde cuenta cómo una mujer se le acerca sin pudor durante un traslado en la ruta de transporte urbano, que precisamente va de la avenida Juárez a la calle Loreto en la Ciudad de México:

 

La del piernón bruto me rebasó por la derecha:

rozóme las regiones sagradas, me vio de arriba abajo

y se detuvo en el aire viciado: cielo sucio

de la Ruta 85, donde los ladrones

me conocen porque me roban, me pisotean

y me humillan: seguramente saben

que escribo versos: ¿Pero ella? ¿Por qué me rebasa en esa forma tan desleal?

¿Por qué me faulea, madriga, tumba, habita, bebe? (300 -301)

 

          En el poema, como puede observarse, las imágenes rotundas y dolorosas se dejan aparte para introducir otras más claras y con menor cantidad de adjetivos; al mismo tiempo, incluye neologismos y coloquialismos que permiten describir con prosa poética la situación. Ejemplo de ello es el siguiente fragmento:

 

Vuelve al roce, al foul, al descaro;

se alisa la dorada cabellera

(¡Coño, carajo, caballero, qué cabellera de oro!)

se marea, se hegeliza, se newtoniza,

[…]

Malditilla, malditita, putilla camionera. (301)

 

          Así mismo, Huerta incluye referentes reales que concretizan el momento del poema, como las calles por las que van pasando:

 

¡y pone todavía más cara de estúpida

cuando Alejandro Dumas, Poe y Moliére y los cines cercanos!

[…]

vergüenza seas para las anchas avenidas

que son Horacio, Homero y, caray (aguas, aguas), Ejército Nacional. (301)

 

          Por otro lado, “Lake Charles, LA”, describe una pequeña escena en la ciudad que titula el poema, de tono sobrio, mas no solemne, irónico en tanto que pretende mostrar lo que está sucediendo al mismo tiempo que hace una velada crítica al racismo imperante en Estados Unidos de América –el poema pertenece al ciclo de Los poemas del viaje–:

 

El blues salió de los rincones.

El negro seguía sudando a chorros.

Sudaba sangre negra, sudor negro.

Waiting Room Colored…White

This is the Amazing America.

En realidad, el sur de Norteamérica.

El blues, oh Dixieland

oh soberanos pelícanos,

seguía corriendo por los rincones.

Noche a noche, un blues se ahoga

en las orillas del Mississippi. (156)

 

          Como es posible observar, la brevedad es necesaria para conseguir el efecto deseado: un momento concreto, comunicable. Aquí es necesario detenerse, pues la relevancia de los poemas de circunstancias, especialmente en los textos modernos –más allá de la importancia en tanto su historicidad– radica en mostrar el criterio del autor ¿qué le resulta trascendente? ¿por qué es necesario contarlo? De ahí que los poemas de circunstancias de Huerta no sólo sean didácticos o elegíacos, sino que son de una vigencia imprescindible. Y ello plantea otro problema que seguramente podrá ser abordado en otro trabajo: ¿puede considerarse poema de circunstancias un texto que ha sido llevado a diferentes momentos históricos, aun cuando ese texto sin duda alguna responde a una situación específica?

La respuesta de Efraín Huerta, sin duda, sería un rotundo sí. Pues la recuperación de sus textos para conformar nuevos poemarios es un ejercicio constante, sin por ello ser anacrónicos –ni siquiera en la “Elegía a Blanca Estela Pavón”–. Ello se debe a que la intencionalidad comunicativa del poema no disminuye la intención poética. De este modo, Efraín Huerta parece pretender, a través de sus textos, el devenir absoluto de la Historia.

 

Bibliografía

Agulló Vives, Carmen. “Poesía de circunstancias. La seducción de Córdoba. De Góngora a nuestros días: historia de dos sonetos”. Centro Virtual Cervantes. Web

Huerta, Efraín. Poesía Completa. Ed. Martí Soler. FCE. México: 2004. Impreso

Paz, Octavio. “Poesía de circunstancias, conversación con César Salgado”. Letras Libres. Web.

 

Ixchel D. Pacheco nació en Baja California en 1991. Ha publicado prosa y poesía en publicaciones periódicas como Círculo de Poesía, Siempre! y el desaparecido suplemento Catedral del periódico Síntesis; así mismo, ha colaborado en algunas revistas universitarias como Opción del ITAM, Mosaico y Contratiempo de la UIA. Es coautora del libro Narrativa vitral contemporánea: relatos integrados en la literatura hispanoamericana 1990-2013. Actualmente es catedrática de Lectura y expresión académica en la UIA y estudiante investigador del Doctorado en Literatura Hispanoamericana de la BUAP. Sus líneas de trabajo son la poesía, la crítica genética, la filosofía política y los estudios culturales. 

 



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