24 Sep 2021

3. POESÍA CUBANA. LILLIAM MORO

-26 Jun 2020

 

EL MONJE COPISTA 

 

Tengo el vicio secreto de conversarme adentro 

con un lenguaje exento de figuras retóricas. No importa en qué momento, sola o

acompañada, 

con tanta perfección que nadie se da cuenta pues me hablo con naturalidad 

pero sin emitir aquello que me sé. Incluso a veces escribo con el dedo 

cualquier palabra clave sobre una piel desnuda en medio de la noche entre frases de

amor. 

Es que me dan alergia los sensatos de buena voluntad, 

los prácticos consejos que siempre llegan tarde, el aprecio y la mirada comprensiva 

del que pretende que me le parezca. Estoy acostumbrada a disfrutar 

del vértigo de andar sobre la cuerda floja pero sin patetismo ni ridículas frases 

o cursis conclusiones. Prefiero vomitar mis resacas sin palabras, sin ruido. 

Escribo frases invisibles que solo yo puedo leer. Grito, pero nada se escucha. 

Me voy perfeccionando en el silencio. 

 

 

EN MEMORIA DE ELLOS 

 

Los poetas poetas 

mueren en vida o se suicidan 

o se entregan al virus de las tres iniciales 

o abren las puertas al cangrejo que camina de lado 

y los devora internamente como si fuera un gran amor. 

Los poetas poetas, 

los que desprecian las certezas, 

los aguafiestas, los que visten tan mal, 

son los que eligen arder como en la alquimia 

para crear los mundos imposibles 

que sustituyan la sonrisa forzada, 

la mediocre metáfora, 

el premiecito que los compra, 

la otra mejilla puesta para la bofetada 

del que administra las medallas y el hambre. 

Los poetas poetas se arriesgan al olvido, 

la peor de las muertes. 

 

 

ANA MAGDALENA BACH 

 

                                                               Para Marinieves Alonso 

 

Ella sube despacio la escalera, 

peldaño tras peldaño con sigilo 

para evitar que la madera cruja. 

Él trabaja en el cuarto de arriba, componiendo. 

Ella le lleva la modesta cena 

pero no quiere distraerlo, que no se sobresalte, 

no vaya a ser que huya desconcertada 

la celestial inspiración. 

Por el espacio debajo de la puerta 

ve filtrarse la luz y la armonía: 

no sabe si es la vela que alumbra débilmente la estancia 

o la iluminación divina que lo envuelve. 

Lo imagina llenando el pentagrama 

dirigido por la mano de un ángel. 

No se atreve a llamar. 

Coloca, silenciosa, la bandeja en el suelo. 

Ignora, en su inocencia, 

que a veces Dios en la sopa caliente ofrece al otro lado de una puerta. 

 

 

LA ÚLTIMA CENA 

 

tú me mueves, Señor, muéveme el verte 

SANTA TERESA DE ÁVILA

 

Arde el corazón 

como un trozo de hielo entre las manos 

que va quemando la piel hasta llegar al hueso 

donde la médula del alma, lentamente, 

se consume de un frío abrasador 

duele como el Dolor que aún lo llevas contigo 

el de todos nosotros 

que seguimos compartiendo el escarnio 

quién golpea los clavos 

y solidificó el agua de la Vida 

en el espanto de la desesperanza 

la amplia noche tembló sobre Tu cuerpo 

en la cruz en lo alto de la desolación 

quién los sigue golpeando 

dentro del corazón de cada uno 

y la ceniza ardiente cayó sobre la historia 

dejada a la intemperie sin el punto final 

que hemos sido incapaces de escribir 

por aquellos de entonces y nosotros ahora 

porque arden las palabras en los labios 

las manos ateridas por el hielo y el fuego 

no pueden sostener el lápiz de la Vida 

ni soportar la imagen 

del mendrugo de pan sobre la mesa 

pues es lo que ha quedado 

tras la cena abundante del Amor. 

 

 

RESQUICIOS 

 

Esas ranuras intermedias 

entre los espacios de la mañana y de la tarde, 

los de la extensa franja horaria de la noche 

no se toman en cuenta 

como si los sucesos que realmente importan 

no ocurrieran en esos estrechos pasadizos 

donde se escurre 

esto que somos o que creemos ser 

con cierta ingenua certidumbre. 

Nos perdemos innumerables veces 

por los resquicios que apenas se perciben 

en veinticuatro horas, 

donde un relámpago de luz 

deshace de pronto los espacios 

y nos quedamos atrapados en una curva de la vida. 

 

 

DESAFÍO DEL LUGAR COMÚN 

 

Por fin no tengo que preparar la cena 

ni recordarte las más mínimas cosas 

que tenías el vicio de olvidar; 

ya no te doy esos inútiles consejos, 

tanta palabrería 

para que luego hicieras tu realísima gana; 

tampoco tengo que aguantar 

tus expresiones de angustia o de rabieta: 

lo insoportable que a veces resultabas. 

Pero no logro sacarte de mi alma, 

te llevo impregnada entre mis vísceras 

aunque las sábanas ya no tienen tu olor 

pero yo sí lo guardo entre mi piel 

y abrazo tu sudor y tu melancolía 

tu entrega de película 

el dulce acento de ese norte asturiano 

donde nunca viviste. 

Qué le vamos a hacer, 

al corazón hay que llamarlo corazón, 

no hay un sinónimo, aunque sí una metáfora: 

esa casa hecha ruinas que se mantiene en pie 

porque la habita tu rostro en las paredes; 

y al dolor hay que buscarle un símil: 

como una espina en la planta del pie 

que se me clava más cuando camino 

desde que te marchaste. 

 

 

TRES SONETOS PARA JULIA

 

A Julia Peña, por el milagro

 

EL PRIMER DÍA

 

Dame tu mano para hallar la mía,

dame tu luz para aclarar mi sombra,

dame el vocablo con el que se nombra

lo que disuelve la melancolía.

Inauguras mi vida cada día

con un nuevo milagro que me asombra;

tu amor es una fuerza que renombra

lo que no tiene nombre todavía.

Me acojo a tu esperanza, agradeciendo

el don que ha permitido reencontrarte

para tratar de ir reconstruyendo

una totalidad para entregarte,

un sentido, un presente, convirtiendo

el caos en un orden para amarte.

 

 

EL DÍA SIGUIENTE

 

Tu cuerpo yace exhausto, humedecido

tras la dulce batalla terminada:

estás ahora como entresacada

del contexto en el que habías vivido.

Tu pasado ha quedado diluido,

entremezclado en la difusa nada;

tu biografía ha sido reiniciada

a partir del presente compartido.

Pero es mi necesidad tan perentoria

que imagino que siempre has sido mía,

que tu vida comienza en esta historia

como si fueras nueva cada día,

y yo te guardo así en la memoria

envolviéndote en mi melancolía.

 

 

DON DE CONTINUIDAD

 

Pasan suaves los días y persiste

la paz en forma de continuidad,

añadiendo la buena voluntad

de que exista por siempre lo que existe.

No más en el pasado en el que fuiste

un tú sin mí en otra realidad:

el presente se vuelve eternidad

y de ahora continuo se reviste.

Un tiempo detenido, este momento

que simplemente se halla prolongado,

un relámpago fuerte pero lento

suspendido en el cielo, recortado

en todo su fulgor, detenimiento

de un futuro en presente conjugado.



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