05 Mar 2021

43. POESÍA COSTARRICENSE. ALFONSO CHASE

-22 Ago 2020

 

GIVE ME THE SPLENDID SILENT SUN*

 

Regálame esta espléndida tarde en Belvedere

con el sol ante mis pies,

cuando la primavera gozosa,

se tiende a dormir bajo las piedras.

 

Regálame, oh amor, una pequeña rama de hiedra,

para coronar la altiva cabeza de las estatuas solitarias

dialogando eternamente en su lenguaje  de mármol,

esperando, hacia los siglas, un posible milagro.

 

Regálame el espacio azul tendido ante los ojos

y los pasos de todos los amantes

que han venido a cruzar sus manos temblorosas,

olvidados del calor del guante por sus dedos.

 

Regálame, oh amor, el deseo de sentirte

como la sombra  de un amable pasado

que viniera, hacia los años, no con rostro de muerte,

sino en la airosa juventud que un día tuvimos.

 

Regálame un crepúsculo. Un trozo de sol. Aquella nube

creciendo y decreciendo sobre !os rascacielos,

para  saber que existes, en algún lugar del universo,

pensando en un cálido y antiguo amar de camaradas.

New York, 1987

 

________________

*Walt Whitman, 1887, sobre Manhattan.

 

 

CENTRAL PARK

 

Alguien se tiende sobre Ia hierba

para sentir el peso del mundo

sobre el pecho descubierto.

 

Alguien a quien asombra

el latido del mundo

y la expansión violenta de las estrellas

en lo infinito del cielo.

 

Siempre existen dos seres

que se toman de las manos

para sostener la vida

en el palpito de su sangre.

 

Siempre hay algún solitario

que aspira el olor de la tierra

y puede sentir el instantáneo

crecer de las hojas en los desnudos arbustos.

 

Siempre existe alguien que puede,

inmerso en sí, mismo,

aspirar eternamente un paisaje cualquiera.

 

New York, 1990

 

 

AQUILES Y HÉRCULES

 

A Bob Paris

 

Se le miraba en el andén

como si esperara a un previsible dragón

para estrangularlo con las manos.

Cincuenta pulgadas de tórax,

veintinueve biceps,

treinta y uno de cintura,

piernas masivamente descubiertas

y una mirada tibia bajo las cejas,

arqueadas hasta volverse dulce el rostro.

Su belleza contrastaba con el medio.

Ia arremolinada muchedumbre, el griterío

que apenas le rozaba el lóbulo,

sin perturbarlo en Ia espera.

Como a Aquiles o a Hércules, en lontananza,

el tren se le acercaba y no le huía,

vomitando al gentío presuroso,

anónimo en su perfecta pertenencia.

Una mirada, una sala, bastó para volverlo

la imagen más clara de Narciso. Sobre la pupila

ajena, sin pensarla, se despeñó,

como si el ojo fuera aquel antigua estanque

que se tragara, para siempre, un mito,

un gesto, un cuerpo: nunca a un hombre.

 

New York, 1987

 

 

LOS ÁLAMOS

 

Al honor del Gran Hongo opongo Ia manos extendidas.

A Ia muchedumbre, el silencio  de un labio hermoso

Al desenfoque del tiempo, el ojo avisor de un niño.

A la desintegración de Ia materia, el silencio de la piedra.

A la locura del hombre, la cordura del insecto.

Al desorden interno del átomo, la silente levedad del alma.

A Ia necesidad de un dios cualquiera, la sequedad del Dios

                                                                        único.

A la soberbia del laboratorio, Ia excelsa virtud de las

                                                                        probetas.

Al desorden organizado del átomo, el vuelo de una

                                                                        mariposa

A Ia maldad del universo el poder de caminar sobre las aguas.

Al horror colocado sobre el cielo Ia inmensidad de las

                                                                        galaxias.

¡Oh, Padre, perdónalos porque saben Io que hacen y son

                                                                        testigos

de 4.000 millones de años de hacer siempre Io mismo!

 

Los Álamos, New México,1987

 

 

Alfonso Chase nació en Cartago, Costa Rica, en 1944. Es uno de los escritores e intelectuales más influyentes de su país. Durante la segunda mitad del siglo XX ha tenido una sobresaliente participación en diversas instituciones culturales y educativas. Su labor de investigación sobre autores clásicos costarricenses, es de las más importantes. Se ha destacado como profesor universitario en Estados Unidos, México, Cuba, Venezuela y Guatemala, y como jurado en los más importantes premios literarios del continente americano. Cuentos y poemas suyos se han traducidos al inglés, alemán, francés, polaco, portugués, ucraniano, italiano, griego y ruso. Ganó el Premio Nacional de Poesía en dos ocasiones (1967 y 1995), el de cuento (1975), el de novela (1968 y 1995), el de ensayo en (1986), el premio de Periodismo Cultural (1987) y el Premio de Literatura Juvenil (1978). En 1999 recibió el Premio Nacional de Cultura por su trayectoria: máximo premio cultural del país.

 



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