05 Mar 2021

63. POESÍA VENEZOLANA. EDDA ARMAS

-19 Sep 2020

 

VENTANA AL JARDÍN DE PEONÍAS

 

a CCRM, entre sueños.

 

Conmoverme el jardín y su disfraz
de flores dibujado […]
LUZ MACHADO

 

I

esta mujer está aquí de este lado del mundo

          aclimatada y ansiosa

y no quiere más demoras en el devenir de las olas

          que saben a lugar con luz peninsular

pero la hora

comprime los espantos a los ojos del que aún no llega

a la habitación

rota y solitaria

          donde hincaría su uña a las uvas del desierto

llamándole prisma o

          ventana desde la cual mirar lo prisionero,

preguntándose sí vendrán acaso arcángeles con antifaz

a la cama abierta donde sobreviven algunas historias

          en algunos de los escondites del cuerpo.

 

II

pero,                                                                               

 

algunos miedos nadan sin anclajes

en el laberinto del jardín de peonías.

 

III 

y déjame estar entre ellas, distraerme

          oler a ellas

          sufrir su interior ahuecado

          sus dobles tonos de esfera vegetal

ir del rojo al negro y devolverme azul en el viento

          cruzada de otros ardores

imaginar irregularidades del hemangioma

que oculta alguna vértebra en mi columna

cavar la tierra y sedienta tragármela

como si fuese el calostro

con perfilada geometría dibujada de emociones

aspavientos en nuestra habitación con ventana

sin alcanzar todos los vértices de las medialunas

ni la entrelínea del tiempo de encierro

cuando la ausencia absorbe rumores soslayados.

 

IV 

y déjame procurar serenidad y equilibrio

          con el amargo de chocolate

para ser simple peonía con deseos sobre la cama

con punta de estrellas que brillen lejos en el cielo

acaso nocturnidad solitaria en el mapa del amor

recordando cómo espiaban tus ojos mi alteridad

y entre surcos de las manos procurabas esparcir

fortuna o designios o presagios con tus labios

mientras ideamos enfrentarlos y destornillarlos

moviéndoles la cola ensartada en signos de color

sobre los surcos que en cada vida y cada alma

vienen tallándose en cada una de nosotras

          hace siglos en el jardín de peonías.

 

Inédito

 

 

ELLA, AVE

 

El añil se cuece al fondo de mis ojos

cuando tocarte quiero a la distancia

en el espacio donde te haces fértil cuerpo

sin mandamientos ni pactos;

arraigado azogue del inquieto día

en esa isla del resonar y del reflejo

donde alcanzarás a verme en la trampa de luz

con el satén helado que no oculta los pezones

con los nervios aliterados por la espera

y por el tiempo demorado de la música;

y no voy a reclamar si sueltas las aves prisioneras

y el satén sobre el sillón queda como recuerdo;

porque escrito estaba y está el otro día, el quieto,

en el que verás, veremos con ojos propios

la quebrada vuelta de esa imagen al espejo.

 

 

ÉL, PIANO

 

Mirarlo interpretar la partitura

acariciada cada tecla del piano

al oprimir sus dedos la corchea

es estímulo que entra en la médula

y empequeñecemos otra vez como

siluetas apiladas a medio tiempo

en la fotografía que miramos

al fondo del cedazo siendo apenas

esqueleto de lo nombrado

lo que iba a ser y siendo no fue;

donde ahora tecla y tecla suenan

alternando lo suave y lo estridente

en la encrucijada de lo huérfano

mientras afuera arde la ciudad

y sobre el afinado piano

late aún la tecla

imagen-vena:

corazón

del pianista.

 

a Ansel Adams, pianista antes que fotógrafo

 

 

EL SILENCIO ES VACÍO

 

Tan vacío es o tan vacía me deja

por más que atenta lo escudriñe

lo ande ajena a sus laberintos

él se abre inmenso frente a mí

tienta con tan amargas fauces

al preguntar lo que quiero saber

y al hurgar su interior rojizo

da con el cascabel el grito

 

el silencio es un vacío sin faunos

distancia con sentidos cruzados

más abajo o más arriba

así es.

 

 

LUNA CORNATA

 

                        Hay dos personas en toda fotografía:
                                    el fotógrafo y el espectador.
ANSEL ADAMS

 

Lo fácil no. No lo es. Ni leve ni dócil.

Crecemos en el brote nudoso de las hojas

leaves conflicts

conflicts leaves

 

Sorbo a sorbo

lo sufrimos o bebemos

 

sorbo a sorbo

digo:  —entra,

cascada de tornillos sin treguas ni luna llena

 

y dejo que vuelvas

anillado en la montura del día

con la bandana amarrando tu cabeza

y digo: —descansa,

en este ahogo.

 

Quedarte en silencio

absoluto

penetrado,

 

o mirar al otro lado

y arrancarle sonidos

a lo oscuro,

 

calar en la palabra.

 

Se mira a sí mismo

más allá

hace de sí

un sonido inquietante,

 

quedarse volteado

en des-concierto

engastado, tal vez,

 

aquel puente

que intentas a pie

sea arco tendido

a la esperanza.

 

 

POEMAS DE LA SED

 

oh sed
inextinguible sed
desierto sin salida
GEORGE BATAILLE

 

0

el tiempo azul ciega

dijiste al volver

recogido algún trozo

ciega el desierto azul

que nadie nombra

 

1

ala sin la huella

aún de lo arbitrario

cómo saciarse

 

2

fingías la sed

y no podía complacerte ni complacerme

 

3

pero la arena es más blanca que el áspero arenal

que me esconde de ti

 

4

brinca y bríncame

de boca he tomado el aire que alimenta este ardor único

  

5

no va a ocurrir lo que temes: el olvido igual llega

 

6 

si desnudarte era lo temido ¿qué haré ahora con el resto?

 

7

quedo a solas con la palabra: un deseo

que también se deshace de nosotros

 

8

vértigo del que vuelve y no reconoce al que deja

cree interrogar los detalles que algo le dicen

pero allí sólo crece la maleza del asombro suyo

una palabra bastaría ¿pero de qué labios saldrá?

 

9

amurallada en la habitación que se ha ido vaciando

la sombra dice que el eco de arena repite las mentiras

y no le creo, aún no le creo

  

10

tendida es la sensación repetida y

olorosa, impertinentemente posible

 

 

PASO DE NUBES

 

Cuerpo de viaje cuya mejor señal
es una cicatriz de nube.
JOSÉ CARLOS BECERRA

 

I

Las nubes sobrias pasan

por encima de nuestras cabezas

y al alejarnos catamos

los separados placeres,

hallando en ellas

nuestra cábala y

la descifrada energía

que nos clava el aguijón.

 

Sin recoger la huella

el que todo lo ve

las ajusta,

y escondite las hace,

ante la incertidumbre

que nos bate en sus alas.

 

Que las nubes arropen

los ojos

pero no la alta vista.

La ineludible,

que precisamos

en los tiempos nublados.

 

Las nubes nos apilan.

En ellas solemos estar.

En ellas te intuyo

flor transitoria del día. 

  

II

En este paso entre nubes rescato

las líneas de una carta que a mis

padres escribí en aquel primer viaje

a Nueva York, al reverso de una

postal de Fanny Brennan, titulada

Birthday- © Artists´ Postcards:

 

La cinta roja anuda todas las nubes

que nosotros sobrevolando somos en

la ciudad-manzana donde Ricardo

estudia fotografía, y ahora que le visito

juntos la hemos andado deprisa

en estos siete días de julio, sintiendo

como si el suelo, en vez de cemento y

tierra, fuese de escaleras mecánicas.

Algo más real tengo ahora de ellas y

de él, y del armar las imágenes con

el lente fotográfico a la manera aguda

al catar cada tarde como las nubes

se desatan en la corriente del río Hudson

mientras él y yo conversamos, con café.

Este río nace en el lago Tear of the Clouds,

literalmente: ‘lágrima de las nubes’.

La cinta roja me anuda a todas las nubes.

 

Edda Eligia
NY 17/07/1979

a Jimena Ríos

 

 

TREYOLÍ

 

El ángel insistía en tocar los pechos

cubriéndome

decía que la madrugada reúne a los espíritus

y volvíamos a untar los cuerpos

en la arena más cobriza

 

Acaso el sol surca los huesos

la boca de la cueva más minúscula me llama

no acepta nombres

no puedo entrar con sueños

esta realidad exige flores de coraje

 

 

DOS MIRADAS EN UNA REALIDAD AUTÓNOMA

 

En una sala de enormes proporciones del Metropolitan

Museum fijé mi vista en el óleo Woman With Parrot,

de Courbet. No tengo noción del tiempo que permanecí

de pie, inmóvil, cautiva, observando como el cuerpo de 

mujer con cabellera leonina yacía relajadamente sobre

una manta de arabescos y flores, con un águila posado

en su mano izquierda erguida muy en alto.

 

Fijando los límites de este mapa, establecía un punto

de partida para no extraviarme. Me interrogaba a mí

misma frente a la aparente fragilidad de lo femenino.

Candor y fiereza del alma. Reveses de la moneda.

 

Contemplar. Respirar cómplice la bocanada de aire

fresco que expande el campo del Sheep Meadows

del Central Park. Estirarnos. Aliviar las más profundas

tensiones de nuestro ser contemporáneo.

 

Dualidad. Seres andróginos. Cortezas. Aguafuerte.

Cables de alta tensión. Corriente subterránea. Converger.

Accionar el disparador de la cámara para guardar

la imagen en ambas cámaras secretas. Voces encontradas.

Vigilia del ser. Alcanzas la serenidad en el encuentro.

 

Enlazas la cúspide de los árboles en el mirar melancólico.

Pactas con el ave de rapiña la reencarnación del alma.

Ganas el vuelo animal. La plenitud del sexo.

 

La soledad nos alcanza al acabar el placer compartido.

El dolor aflige a la mujer por voluntad divina. Batallas.

Ella victoria. Ella sangre. Ella coraje. Ella pasión.

Ella libre. Ella amante. Ella soledad. Ella guerrera.

Ella ahora aquí infinita, eternizando su mirada

en el ave de rapiña. Nefertiti. Eva. María. Safo.

María Magdalena. Juana de Arco. Ofelia. Julieta.

Lucrecia Borgia. Dulcinea. Isabel la Católica.

Sor Juana de La Cruz. Teresita de Ávila.George Sand.

Rosa Luxemburgo. Greta Garbo. Virginia Wolf.

Clara Schumann. Emily Dickinson. Isadora Duncan.

Justine. Janis Joplin. Marilyn Monroe. Madonna.

Ella Fitzgerald. María Bethânia. Remedios Varo.

Clarice Lispector. Chantal Maillard. Clara Janés.

Teresa Carreño. Teresa de la Parra. Ida Gramcko.

Alejandra Pizarnik. Frida Kahlo. Lady Di. Yoko Ono.

 

 

CESTRUM NOCTURNUM

 

Es el árbol quien ve.

RENÉ CHAR

 

Cómo puedes, árbol, plenarme sin que tenga

aprendido tu nombre o el de tu especie, y siendo así,

sepa por demás de tu fragancia, semejante a la del

azahar o el jazmín, con tu flor de pequeña trompetilla,

con su elixir dulce que igual atrae avispas y colibríes.

 

Presencia noble la tuya a un rincón del doméstico

jardín, compañía a la precaria hora en la que dudas y

preguntas: ¿cómo puede la vida regalar la esperanza

del renacer entre verdores sin espinas, en el tejido

nido que la avecilla arma sobre tan débiles ramas?

 

Una se apega. Cela el lento crecimiento de sus tallos,

el brote rabioso de sus nuevas hojas, las que igual

verás caer, pues el inclemente sol las reseca,

o las abusa el gusano que brinca del árbol vecino, o

los bachacos que ascendiendo la enramada le llegan

a su más tierno núcleo.

 

Desde que no permito que poden tus ramas has

desplegado tu vigor con brazos arracimados

de menuda carga blanca, y ahora la casa se alimenta

de tu perfumería, siempre nocturna.  

 

Todo árbol plantado en tierra ajena hace duelo al

costado abierto, sin sospechar que su raíz es la misma

que te sostiene en la vigilia intemperante del sentir,

sujetándote a la realidad áspera en la que vives.

 

 

AL DESCAMPADO

 

¡Dios maldiga las guerras,
todas!

Conversaciones, WALT WHITMAN

 

IV

Golpeo fuerte con los nudillos de los dedos

toda superficie que pueda contener un alma

una llama ardiente

una orilla en cuarto creciente

la arena de los médanos del desierto

hincando los tuétanos

pero están alejados, en ese más allá

con la cabeza abierta, delirantes.

 

V

Crispados por el frío que enfunda la ruleta rusa

un aire desprevenido nos hace arriesgarnos.

 

Como destino llevamos la daga,

la daga en el bolsillo.

 

Mina enterrada en la tierra seca

que han de andar los pies trashumantes

errando, en orfandad.  

                      

Nos hace vulnerables el dolor.

 

¿Dónde un trozo de tierra sin violencia?

 

VI

Sueño la voz y el cuerpo del hombre

en el desierto que nos reúne

al lomo de la bestia.      

  

La ventisca de arena

sobre el rostro quemado

después del resplandor

la ausencia.

 

He querido nombrarte

hachazo del eco

en abrazada soledad.                          

 

La voz castiga al cuerpo

le da nombre a las ausencias.

 

Soy la más paciente de la tribu.

 

VII

La voz amarga

alguien te delata

 

te siembra en la árida tierra

te mina el alma

                             

no entiende tu naturaleza

 

ante la barbarie

quedas

a la intemperie

 

Solo. Desnudo. Cortado

ante la jauría.

 

VIII

después del resplandor la ausencia quema

 

he querido nombrarte pero apenas la soledad

  

acunarse en la orilla asumiendo ser fantasma 

 

 

Edda Armas (Caracas, 1955). Psicóloga, editora y poeta con obra publicada desde 1975, los libros más recientes: Manos (El Taller Blanco, Bogotá, 2019), Fruta hendida (Kalathos, Madrid, 2019), A la hora del grillo (El Ángel Editor, Quito, 2016), Alas de navío (Ed. Caletita, Monterrey, 2016), Roto todo silencio, ilustrado por Daniel Medvedov (Edición especial 40 años de la1era. edición, Oscar Todman, Caracas, 2016); Sin negativo ni estaciones (Kalathos Caracas, 2012), y la antología personal Dagas y otras flores, en Monte Ávila Editores Latinoamericana. Su poesía figura también en diversas antologías internacionales. Ha recibido los siguientes reconocimientos: Premio Municipal de Poesía, Alcaldía de Caracas 1995, Premio XIV Bienal internacional de Poesía J.A. Ramos Sucre 2002; Orden Alejo Zuloaga de la Universidad de Carabobo 2013, por su obra literaria y sus aportes al país como gestora y productora cultural y el Premio de Honor Naji Naaman’s Literary Prizes 2014, en Líbano, por su trayectoria completa. Presidió P.E.N Venezuela (2005-2009). Formó parte del Comité Editor de la Revista de fotografía EXTRACÁMARA (1994-1998) del Consejo Nacional de Cultura (CONAC) y asesoría del Comité Organizador de la Feria del Libro de la Universidad de Carabobo (FILUC). Ha representado a su país en festivales literarios en España, Francia, EEUU, México, República Dominicana, El Salvador, Ecuador, Perú y Colombia. Editó la antología Nubes. Poesía hispanoamericana 2019, publicada en España por la editorial Pre-Textos, investigación temática con 291 poemas de 291 poetas, de 16 países en homenaje a la lengua que somos. 

 

 



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