28 Nov 2020

14. PEGGY VON MAYER CHAVES. TERRITORIOS DE VOCES DE FUEGO

-18 Oct 2020

 

Este 18 de octubre se cumplieron 101 años del natalicio de Eunice Odio, poeta costarricense, quien murió en México en 1974. Con mucho aprecio por su obra, Nueva York Poetry Review ha querido recordarla con este homanaje de Peggy von Mayer Chaves y Monthia Sancho, ambas escritoras costarricenses. Estos textos, originalmente fueron incluidos en el libro Territorios de voces y fuego. Homenaje a Eunice Odio, publicado el año pasado, y presentado en el Palacio de Bellas Artes en Ciudad de México, por el centenario de la destacada poeta. 

 

Prefacio

por Peggy von Mayer Chaves

 

 

Todos conocerán su nombre

y se dirá por todas partes.

E.O.

 

A cien años del nacimiento y cuarenta y cinco de la muerte de Eunice Odio, su obra literaria se ha mantenido firme y vigente a través del tiempo. La causa de esta persistencia se fundamenta en su extraordinaria calidad estética, que ha sido cada vez más apreciada y valorada sobre todo después del fallecimiento de la autora, tal vez porque, según Jacques Sagot: “la única verdadera crítica literaria de que el mundo tiene memoria” es la Muerte, –aunque Mía Gallegos replica:

 

Si tú no has muerto,

tan solo permaneces en reposo,

en tu catedral de cuerpos

que ofician la danza

con el dios del alba.

 

Eunice Odio vivió para la poesía, que asume como un “destino implacable”, a tal punto que las palabras siguientes se cumplieron indefectiblemente, tanto en la consecución y perfección de los grandes poemas, como en el precio que tuvo que pagar, experimentando la miseria extrema:

    

¿Para qué quiero ser rica si puedo ser poeta?  Dios sabe que preferiría pedir limosna, si fuera preciso, antes que me fuera negado el gran “don carismático”.  Si me dieran a elegir, entre formar parte de los poderosos de la Tierra y ser parte de los que pueden dar vida nueva a las palabras, ni un momento vacilaría.  Y si me dijeran que me dan un gran poema a cambio de la miseria extrema, y que sólo un poema grande, elijo el poema grande, aunque sólo sea Uno.  Así ha sido desde que descubrí que la poesía no era en mí una “afición” sino un “destino implacable".

 

Por esa forma apasionada de concebir la vida en función de la poesía, complementada con una inteligencia excepcional, en ella se cumplen los elementos esenciales que definen el verdadero talento literario, según considera Georg Lukács: 

 

… Sin amor artístico a la asombrosa riqueza y multiplicidad de la vida es apenas imaginable un verdadero talento literario.  Naturalmente, es una cuestión biográfica descubrir hasta qué punto tal sentimiento hacia la vida es compatible con una disciplina estética, pero es seguro que estas dos emociones opuestas entre sí, que se complementan a la vez dialécticamente, constituyen al menos uno de los elementos fundamentales del desarrollo de cada estilo individual.

 

El resultado inevitable es una poesía que se caracteriza por ser, en palabras de Vicente Aleixandre: “Fuente de amor, fuente de conocimiento; fuente de descubrimiento; fuente de verdad, fuente de consuelo; fuente de esperanza, fuente de sed, fuente de vida.  Si alguna vez la Poesía no es eso, no es nada”. De ahí que su verbo elocuente sea causa de descubrimiento, iluminación, conocimiento de las grandes verdades del ser y búsqueda de una manera personal y única de apropiarse de la belleza. 

 

Ahora bien, todo acto de creación se completa en el acto de percepción estética del sujeto que aprehende, contempla, lee, comparte el objeto de arte:

 

La estética presupone el objeto bello, lo mismo que el acto de aprehensión, junto con el tipo peculiar de visión, la experiencia de los valores y la entrega interior; es más, presupone el acto –mucho más asombroso– de la producción artística, y a ambos sin la pretensión de preparar sus leyes ni siquiera en forma remotamente parecida a como la lógica prepara las leyes del pensar coherente.

                                                                        Nicolaï Hartmann

 

Precisamente, en un acto de aprehensión estética, esa potencialidad de la poesía euniciana de incitar a una suerte de disposición de índole cognoscitiva para plasmar nuevas imágenes, se ha volcado sobre un grupo selecto de poetas que han convenido en re-crear el talante humano y poético de esta poeta-fuente. Así es como ha surgido esta obra singular, como un canto de amor que ha nacido al conjuro de las propiedades secretas de las palabras eunicianas, en el intento de lograr una visión conjunta del universo estético y personal de tan bella, talentosa y trágica mujer, para descubrir el sentido esencial y también la visión de esa realidad de fronteras movedizas que fue su existencia, o explorar los enigmas de su vida y de su muerte. La disposición para mirar, describir y suscitar imágenes, supone también un conocimiento previo de estos poetas quienes crean con el entendimiento aguzado para poder contrastar esos dos planos adscritos a la instancia de donde emergen, a partir de la intuición de un fino entendimiento a nivel espiritual y estético.

 

En su relación dialógica con la obra euniciana o su persona, cada uno va conformando una faceta diferente pero complementaria, que alumbra diversas situaciones vitales o estéticas de la autora, así como de su trágica muerte.  Su aportación contribuye a otorgarle al poemario la naturaleza de un testimonio personalísimo, suscrito desde un yo donde el hablante lírico explora desde su particular visión de mundo determinadas circunstancias, definiendo o delimitando un espacio poético o histórico, íntimo, a veces doloroso. Así, cuando Javier Alvarado define a la poeta como “un pájaro negado a sus alturas” parece resumir la vida de Eunice, tan desprovista de reconocimiento o gloria.  Carlos Martínez Rivas describe su belleza como un obstáculo para mostrar a la auténtica Eunice y su talento extraordinario “y no advertimos cómo sobrellevabas/ ese penoso y duro oficio de las cosas bellas”. Julia Hernández también insiste en esa incomprensión y mezquindad de la que fue objeto Eunice: “Sola y solo tu verbo Eunice,/con su herida abstracta, incalificable,/enciende el fuego/ frente a esas voces de escasa altura/que espantan/ y todavía te critican”. Lil Picado, en su sentido y profundo poemario, puntualiza en esta aseveración diciendo que “Inflexibles patriarcas matriarcales/ y apropiadas matronas patronímicas/ te volvieron apócrifa e inédita”. Quizás porque ella no calzaba en los moldes convencionales, pues su universo era demasiado vasto: “Eunice apunta a los cambios/ de mentalidad y en todo/ lo que convive con ella,/ lo que marcha en su cosmos” (Ramiro Lagos).  O tal vez porque Eunice era Eunice, según todos los epítetos con que Lil la describe: “Arcángela incendiaria”, “Taumaturga guerrera”, “Exégeta de asombros”:

 

Aguda, pertinaz, apabullante.

Imperiosa, sutil, epigramática,

perturbadora incólume.

Insobornable, prístina, doliente.

Pasional, discrepada, abarcadora.

Eunice.

 

Por esa complejidad ontológica y estética, se cuela entre los resquicios del alma, como una presencia viva y consustancial:

 

Eres un sentimiento inexplicable diminuto

que me da fuerza a seguir aquí

un descubrimiento tuyo,

de mujer a destiempo en mi tiempo

un chispazo de vida amándote desde aquí.

Desde mi soledad hirviente.

                        Fernando Saavedra Palma

 

Mía Gallegos intima, dialoga con Eunice desde su corazón, experimentando una identidad espiritual serena y profunda: “Por eso sigo y camino/ buscándote como una hermana,/ tan apátrida y altiva,/ tan numeral y estéril,/ que solo pareciera nacer y renacer/ al contacto del fuego y de la llama,/ o del aire/ quemado en el oficio de la creación”:

 

Tú estás en el eco interior que jamás pierdo.

Íntimo eslabón de lo materno.

Sigo con avidez cada pisada tuya,

como si presintiera,

como si buscando entre estas

altas y templadas torres

fuera al encuentro

de algo que perdimos,

que nos fue negado a ambas.

 

Otra unidad temática importante y recurrente de este poemario se refiere a la extraña muerte de Eunice ––“Dicen que murió de luz” (Alfredo González):

 

Dichosos son aquellos

que no son encontrados

diez días después de su deceso

y tienen que ser enterrados de emergencia,

sin decoro alguno,

en una fosa prestada

y en un país ajeno. 

Juan Carlos Olivas

 

A la realidad sombría de las circunstancias de su muerte, José Ricardo Chaves, opone un estadio pleno de luz con la presencia de “un ángel rosacruz” que viene a buscarla en el momento del desprendimiento y en ese contraste circunstancial se hace tangible el sentimiento de trascendencia que Fajardo también describe como el “lejano sueño de una noche apátrida” en que su alma vuela hacia “el poema infinito”, a ese mundo prístino y virginal del Logos. El mismo tránsito que describe Monthia Sancho como el “rastro imperceptible de alas que revoloteaban risueñas a la espera del alba”.

 

Ciertamente, la muerte es una liberación de los sufrimientos de índole compleja y del desencanto amoroso que tuvo la genial creadora en la última etapa de su vida: “Con tu amado ya no padeces/ la deriva del pan/crucificado ni palpita/ la pesantez de los advenedizos”, afirma Pérez Alencart, recordando ese testimonio desgarrador que son las “Cartas a Rodolfo”. También Jorge Chen Sham, el compilador de tan valioso material, señala la innoble actitud del ingrato, a quien denuncia de forma directa y franca: “te hizo víctima de su indolencia/ de su egoísmo trocado por el amor/ de su mezquindad recóndita”. En la misma tónica disfórica de estos poetas se pronuncia Magda Zavala, ahondando en el carácter mezquino y egoísta del destinatario:

 

(un ser de paleta utilitaria

uno que jamás respondió a sus cartas

y la sometió a abandono, a celibato ritual,

a pérdida sin fin,

a viudez anticipada de un muerto vivo)

 

Efectivamente, es muy posible que esta terrible decepción haya sido la causa principal de la autoaniquilación etílica en que Eunice cayó, después de haberlo dado todo con generosidad extrema a una persona que no fue digna de su amor, lo que la llevó a la muerte dos años después.

 

No cabe duda que desde las páginas de este libro-homenaje, la exploración aguda, lúcida y apasionada que establecen estos poetas con las alusiones estéticas y biográficas de Eunice Odio, aportan una clave de exégesis para sus propias incidencias históricas y poéticas.  Existe entre los poetas y Eunice una sustancialidad ontológica que cada quien hace suya a su medida.  Este cauce que va abriendo su poesía se reclama como una forma muy accesible de comunión, de identificación, en el encuentro entre el yo lírico y esa otra forma de conocimiento trascendente que se establece en el acto de fusión con la poeta-fuente: “…en este poder de comunicación está el secreto de la poesía, que, cada vez estamos más seguros de ello, no consiste tanto en ofrecer belleza, cuanto en alcanzar propagación, comunicación profunda del alma con los hombres”.  (Vicente Aleixandre).

 

Mediante los pocos ejemplos señalados, la relación polifónica nos permite contemplar cómo la palabra poética contagia con su belleza expresiva estos poemas en que aún se siente vibrar un aura de presencia corpórea, cercana, íntima, con el poder dialógico y evocador de la palabra euniciana, incitándonos a gozar de su lectura.

 

 

 

Atisbo

por Monthia Sancho

 

Para conmemorar los cien años del natalicio de Eunice Odio, se suma a este manifiesto, el fruto del trabajo de más de 30 traductores y estudiantes universitarios, de diferentes partes del mundo, que se abocaron incondicionales a trabajar con dilección, en este designio, sin duda, tocados todos por la péndola insumisa de la creación de ésta notable poeta.

 

El entusiasmo e iniciativa del poeta Javier Alvarado, en conjunto con Estucurú Editorial, hace que este libro cuente con una segunda parte Estrella que estás en mi lengua. Traducciones- versiones, compuesta por la traducción de tres poemas de la obra poética de Eunice Odio.

 

El primer poema, Si pudiera abrir mi gruesa flor… del libro Territorio del Alba y otros poemas, está traducido a la lengua regional costarricense cabecar y a los idiomas, chino mandarín, hebreo y hindi.

 

El segundo, Poema primero (Posesión en el sueño) del libro Los elementos terrestres, está traducido al albanés, alemán, árabe, catalán, chino mandarín, dulegaya, estonio, francés, gallego, griego, guaraní, inglés, italiano, japonés, maltés, mapuche, maya kaqchikel, mixteco, náhuatl, otomí, polaco, portugués, quichua, rumano, ruso y zapoteco.

 

El tercero es un poema que Eunice dedicó y título Al poeta William Carlos Williams. La traducción al inglés fue realizada por el mismo poeta norteamericano Williams, la cual se encuentra en Eunice Odio, “Poemas publicados en Zona Franca, recopilados por el humanista venezolano Juan Liscano en su libro Eunice Odio. Antología” y en Eunice Odio. Obras Completas Tomo I (San José: Editorial UCR, 2017).

 

Nótese entonces que los dos primeros poemas cuentan con traducciones inéditas y realizadas en exclusiva para esta publicación.

Es nuestra intención que este libro consiga proyectar extramuros una pequeña muestra de la obra de Eunice, y despertar en cada lector el interés por descubrir su legado.

 

  

Peggy von Mayer. Catedrática universitaria, investigadora, crítica literaria y promotora cultural. Es Licenciada en Filología Española y Magister Litterarum en Literatura Española por la Universidad de Costa Rica. Doctora en Literatura del Doctorado Interdisciplinario en Literatura y Artes en América Central (DILAAC) de la Universidad Nacional. Es autora de una vasta producción académica. Editora de la primera edición de las “Obras Completas” de Eunice Odio y de Basileo Acuña, entre otras publicaciones.

 

 

Monthia Sancho Cubero San José, Costa Rica. Periodista y educadora. Laboró en el diario nacional La República como redactora y editora donde publicó artículos, columnas y editoriales sobre múltiples temas. Colaboró con artículos en el suplemento cultural de dicho periódico. También trabajó en diferentes periódicos alternativos y revistas. Fue Directora de la revista internacional de a bordo Join us. Ha publicado los libros de poesía: Palomas de grafito (2015), Trance (2017), El rastro de la grulla (2019). Es presidenta de la Academia Norteamericana de la Lengua Moderna Internacional, Capítulo Costa Rica, Directora de Estucurú Editorial, miembro y expresente de la Asociación Costarricense de Escritoras.

 

 

Poemas de Eunice Odio

 

AL POETA WILLIAM CARLOS WILLIAMS

 

En él estaba contenida

la enramada.

 
Era su voluntad,
 

una entrada

en los claros designios

de las aguas.
 

Los sonidos del cielo

se oían con su oído.
 

(Cuando Dios hizo un ruido

que no probó la luna,

ni se aclaró en el viento,
 

él creyó que llegaban

los rumores del alba,
 

y es que oyó que el silencio

de Dios se sosegaba).
 

Cuando lo vi

rodeado de la tarde,
 

-rostro de isla,

longitud de aire-,
 

 

cuando llegué hasta él

desde mí misma,
 

la espiga que era niña

vertió su corazón:
 

lo dio al agua de abril,

a la sombra de mayo,

lo dio al ardiente paso del verano.
 

El ruiseñor yacente

soñó con el laurel,
 

y el laurel

con el ciervo transparente.
 

Y el mundo que era un ojo

cerrado a la cadencia

del ala, de la piedra, del torrente,
 

se abrió, miró su forma,

amó su imagen viva para siempre.
 

Vio que era bueno

porque en si tenía,

el ámbito del vuelo.
 

 

POEMA PRIMERO (POSESIÓN EN EL SUEÑO)

 

Ven

Amado

 

Te probaré con alegría.

Te soñaré conmigo esta noche.

 

Tu cuerpo acabará

donde comience para mí

la hora de tu fertilidad y tu agonía;

y porque somos llenos de congoja

mi amor por ti ha nacido con tu pecho,

es que te amo en principio por tu boca.

 

Ven

Comeremos en el sitio de mi alma.

 

Antes que yo se te abrirá mi cuerpo

como mar despeñado y lleno

hasta el crepúsculo de peces.

Porque tú eres bello,

hermano mío, eterno mío dulcísimo.

 

Tu cintura en que el día parpadea

llenando con su olor todas las cosas,

tu decisión de amar, de súbito,

desembocando inesperado a mi alma,

 

Tu sexo matinal

en que descansa el borde del mundo

y se dilata.

 

Ven

 

Te probaré con alegría.

 

Manojo de lámparas será a mis pies tu voz.

 

Hablaremos de tu cuerpo

con alegría purísima,

como niños desvelados a cuyo salto

fue descubierto apenas, otro niño,

y desnudado su incipiente arribo,

y conocido en su futura edad, total, sin diámetro,

en su corriente genital más próxima,

sin cauce, en apretada soledad.

 

Ven

te probaré con alegría.

 

Tú soñarás conmigo esta noche,

y anudarás aromas caídos nuestras bocas.

 

Te poblaré de alondras y semanas

eternamente oscuras y desnudas.

 

 

SI PUDIERA ABRIR MI GRUESA FLOR…

 

Yo no me dejaré humillar por las cosas irracionales:

penetraré lo que haya en ellas de sarcasmo hacia mí;

haré que las ciudades y civilizaciones se me rindan.

W. WHITMAN

 

 

En un lugar de la Mancha de cuyo nombre

no quiero acordarme…

CERVANTES

 

 

Eunice andaba en el sueño

con zapatos de vigilia,

¡ay, Eunice, por tus pies

te van a negar el día!

E.O.

 

Si pudiera abrir mi gruesa flor

para ver su geografía íntima,

 

su dulce orografía de gruesa flor:

si pudiera saltar desde los ojos

 

para verme, abierta al sol,

si no me golpeara de pronto, en la mejilla,

 

esta reunida sombra,

esta orilla de silencio

 

que es lo que ciertos pañuelos a la lágrima,

un aposento blanco, descubierto.

 

Si pudiera quedarme abierta al sol

como el sencillo mar

 

y alta, recién nacida hija del agua,

creciera mi color al pie del agua.

 

Por qué no he de poder desnudarme los pies

en una casa en que los alfabetos ascienden

 

por el labio a la palabra, y en que duendes de menta,

sirven té verde y florecida sombra.

 

Por qué no he de poder

desnudarme los pies en una casa

 

en que todos los días

un año desviste su estatura melancólica,

 

y en que la costa azul de un relicario

guarda el retrato de un vecino de mayo que se ha ido.

 

Sin embargo

 

no puedo desnudarme los pies en esta casa

ni poner sobre la mesa el corazón.

 

Pero puedo abrirme como una flor

y saltar desde los ojos para verme,

 

abierta al sol.

 

 

Eunice Odio Infante, es considerada como una de las poetas más notables, del siglo veinte, de Costa Rica. Nació en San José, capital de dicho país en 1919. De 1945 a 1947, publica algunos de sus poemas en el Repertorio Americano, en el periódico La Tribuna y en el periódico Mujer y Hogar. En 1947, viaja a Guatemala para recoger un premio de  poesía y dar charlas y conferencias y decide quedarse a vivir en ese país. Allí trabaja en el Ministerio de Educación, escribe en revistas y periódicos. Después de una larga permanencia, en 1948 adquiere la nacionalidad guatemalteca. Luego, por problemas personales, se ve obligada a salir de Guatemala y decide ir a vivir a México, donde reside hasta su muerte, con excepción de dos años y medio que vive en Estados Unidos. En México trabaja en periodismo cultural y como crítica de arte; además, realiza traducciones en inglés y escribe y publica cuentos, ensayos, reseñas y narraciones en periódicos especializados de arte y literatura. En 1962, se nacionaliza como mexicana. En 1963, publica una serie de artículos donde se manifiesta en contra del comunismo y de Fidel Castro. Esto le trae el repudio de la izquierda mexicana, lo que constituye un obstáculo en su carrera periodística. En 1964, comienza a colaborar con la revista venezolana Zona Franca. Fallece en la Ciudad de México el 23 de marzo de 1974. Entre sus publicaciones destacan Los elementos terrestres (Premio centroamericano 15 de septiembre de 1947), Guatemala, Editorial El libro de Guatemala, 1948; Zona en territorio del alba, Argentina, Brigadas Líricas, 1953; El tránsito de fuego, El Salvador, Departamento Editorial del Ministerio de Cultura, Col. Poesía, Núm. 5, 1957; El rastro de la mariposa, México, Finisterre, s.f.; Territorio del alba y otros poemas, 1974; Eunice Odio Antología, 1975; Obras completas en tres tomos. Edición de Peggy von Mayer, Costa Rica, Editorial de la Universidad de Costa Rica-Editorial de la Universidad Nacional, 1996.

  



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