05 Mar 2021

99. POESÍA NICARAGÜENSE. FRANCISCO BANS

-31 Oct 2020

 

ANAMNESIS

 

Cada mañana te enfrentas a tu eco

y ensayas tus siete sonrisas solitarias.

Instrumentos afinados, dulcemente agresivos,

tus dientes en hileras ligeramente indisciplinadas,

desde la severa tiniebla intentan sus ardides

una y otra vez y otra y otra

como el suicida que retorna derrotado en cada intento

                                                                                                   [fallido,

más desolado que nunca ante la tarde

de la cual ya no puede despedirse.

El agua muerta del espejo te devuelve

balbuceando la saliva del deseo,

y la semilla perdida de tu canto regresa en tímidos siseos                   

                                                                       aún intraducibles,

pero el iris de tus ojos es una ciega telaraña

transitada por hormigas luminosas

ante la fuente que fundamenta el clandestino rumor

de nuestras voces transitorias. ¿Quién es el perro que nunca calla

con el maldicionario de espumas en la boca?

¿De quién es ese eco

que asciende impasible turbado apenas por fugaces ondas?

Tal vez nadie está soñando con el agua.

Tal vez nadie está mirando a solas.

El ojo de agua sigue en su templo líquido

contemplando tus fallidos gestos de calavera insólita.

Alguien desterró todos los espejos de los monasterios

para asesinar al yo en la tregua de las aguas,

al otro lado de nuestras palabras cenagosas.

Cada mañana te enfrentas a tu rostro, cada vez menos “yo”

y más el “otro”

la navaja desechable arando inofensiva el verdoso vello

para recordar la hierba seca que al atardecer

será cortada entre las sombras.

No te preguntes si has llegado tarde al sepelio del lenguaje.

No preguntes si tu nombre suena o no

a un terco vuelo de ciegas palomas.

Cada mañana oscura emprende alegres funerales

celebrando a mensajeros ahogados en oscuras ceremonias.

 

 

LITORAL

 

El rumor del mar celebra ceremonias solitarias.

El rumor del mar martilla en tus tímpanos

y evoca el desamparo de la infancia.

La espuma crepitando entre rocas,

la espuma acariciando cuerpos de muchachas

viene y se retira

                                se retira y viene

furiosos corceles de salitre galopando hacia la playa.

Los restos de tu vida esparcidos en la costa:

zapatos desgastados, vaqueros rotos, chaqueta hedionda,

poemas podridos en turbulentas páginas:

inútiles piedras tapizadas de madréporas dispersas

y blasfemias en paredes de ciudades derrotadas.

Esta es la llanura a la que ahora perteneces:

un lenguaje renuente que te incendia la boca

o el abrazo de la arena húmeda de escorias,

un desierto que mostrándose lentísimo

entre sinuosas dunas te sostiene.

He aquí tu celda. Margen en blanco y feroz intermitencia

donde no puedes aferrarte a nadie ni a nada

que no sea la tierra, madrastra que te espera,

después de renacer del agua,

para pronunciar por última vez tu primer nombre.

 

 

OBITUARIOS

 

Anotaciones barruntadas bajo signos de agua,

lo que se posee y nos desposee entre barcas

de pescadores pudriéndose a sus anchas.

El humor negro de las mujeres

metidas hasta la cintura en espuma sucia,

sus bocas oráculos de la diosa blanca,

sus lenguas sagrarios de la religión impura

que ávidos muchachos buscaron dando tumbos

en noches absurdas de puertos desolados

entre dormitorios comunitarios y túmulos de

                                                                                 [famosas sepulturas.

¡evohé, evohé!

graznaron las gaviotas mientras abordaban la

                                                                                  [espuma de las olas.

Y nosotros, poseídos por la tristeza de muelles carcomidos,

ignorábamos la voz del mar

cuyo salitre continúa corroyendo nuestros huesos

a pesar del calendario cristiano

y los célebres rostros de nuestros héroes muertos.

 

 

BAILE PARA INVOCAR LA LLUVIA

 

Danzando sin motivos en el charco de estériles nostalgias

empecé a afeminarme como diría mi padre y el padre de su padre

hasta el asombro de los espejos en ruinas

donde se esculpen nítidas escenas del niño duro de matar

atento a la sintaxis de los insultos

o a la inútil pesantez de los nudillos.

Así descubrí, alejándose en los ojos de ese niño,

al hombre de los viernes asido a su sombra,

renuente a viles paraísos,

transitando desnudo, y sin adioses, por el ocre

                                                                       [yermo de los días

hacia lentas noches de silencios insectívoros.

 

 

A UN POETA MENOR

HOSCO A LAS ANTOLOGÍAS

 

Tu voz venía de Eurípides.

Sarnosa epidermis impía.

Odiado de los dioses.

Odiándolos firme.

No cediste guitarra

ni plectro

ni armónica

en ágoras de felices ciudadanos:

sardónicos coros de actores y actrices.

Solo silencio

mala fama

y trago trágico

taladra entrañas:

fuego prófugo en tu delirio.

Tu voz venía de Eurípides.

El infortunio pestífero de los seres diurnos

-arpegiado con asco-

en tu cantar retorcido.

 

De Huésped de tu sombra, 2017.

 

 

Berman Francisco Bans Arce, fraile capuchino, poeta, narrador, ensayista. Ganador del premio  para publicaciones literarias del Centro Nicaragüense de Escritores con el poemario Bitácora de un naufragio, en 2011; autor del libro de Relatos La Fuga, Leteo Ediciones 2013, y del poemario Huésped de tu sombra, Casasola Ediciones 2017. Ha participado activamente en el festival de literatura Centroamérica Cuenta, y es Director de la Revista de literatura Álastor donde suele publicar ensayos y reseñas sobre arte y literatura.



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