05 Mar 2021

24. AGENOR PRIETO MACHADO. PREMIO NACIONAL DE LITERATURA RICARDO MIRÓ 2020

-01 Nov 2020

Nueva York, a 02 de noviembre de 2020.

El equipo de Nueva York Poetry Review felicita Agenor Prieto Machado, poeta panameño, radicado en España, por ser el ganador del Premio Nacional de Literatura Ricardo Miró, en el rubro de poesía, por su libro Hacia el tú invocable. Según el fallo del jurado, conformado por Lil Picado (Costa Rica), Vasco Franco (Panamá) y Karla Olvera (México), obtuvo el premio “Por tratarse de un libro de escritura contemplativa, bucólica y de fina sensibilidad, capaz de gran plasticidad, así como el justo equilibrio entre sensibilidad e intelecto.”

Para celebrar su galardón, presentamos una selección de El silencio creador (Polibea 2015, Madrid), uno de sus libros anteriores. 

 

 

HABITACIÓN JUNTO AL MAR

 

De blanca tela la cortina

bailaba. Su vestido alado

de un pliegue a otro sucedía.

Umbral de mar precipitado

 

con la noche en mi estancia. Transparencias

y sombras como olas a mis pies.

La cortina era a un tiempo su cara y su reverso

como en El Abanico de Mme. Mallarmé.

 

Qué ser, qué grito mudo colma el aire,

hermano del cristal. Mensaje

del mar con sus dobleces.

Y en el momento de existir negarse.

 

La blanca ensoñación plegaba

la noche llena de presencias.

Y vi que era tu signo, poesía

estar en todo como está la ausencia.

 

 

JARDÍN PARA BILL EVANS

 

Hay un brocado vegetal que oculta

el espejo del agua

desnudo como el cielo.

Aquella desnudez tiene retales

de un silencio caído

como aroma de ausencia.

Para abrir los arcanos

fue de espejos su arte,

una memoria

de la luz demorada en los esmaltes.

Qué hermoso balanceo

como pensiles tienen sus manos de olor a espliego.

Se ha visto el ejercicio de sus dedos

en el gorrión al pellizcar la piel del agua.

Un desperezo ávido si pulsan

las notas de marfil a las nieves de enero.

La memoria desnuda de la luz en el agua

es silencio pulsado en su desnudo teclado.

La claridad lunar es una perla

ahogada entre las manos de Bill Evans.

Y vemos afinar al ruiseñor

cuando irrumpe la luz y derrama en el día

su deambular febril en los objetos,

el canto en las clavijas ocultas del piano.

 

 

TINCTO EN LETE

 

Tan solo un palpitar me lo revela:

tu sueño es la floresta de una fuente.

Tan cercana a mis labios, tanto anhela

desbordar de sus flores por tu frente.

 

Y alberga el universo, y paralela

y al compás de tu pecho va mi mente.

Ni su origen, no alcanzo ni la estela,

tan sólo un respirar, amor, se siente.

 

Siento ante mi el fanal donde se enrola

tu ritmo creativo. Caracola

trazada sobre un lienzo inaccesible.

 

Leve, absorto, disfruto en este lecho

de ser tanto, o tan sólo un invisible

turista por la playa de tu pecho.

 

 

INTERMITENCIAS

 

Hay una noche absorta.

Hay un minuto a la deriva

en el abismo de la quinta hora.

Abrupta sima del instante, ola,

así me llega la unidad perdida.

 

Hay momentos sin duda decisivos

en que se reconcilian los opuestos.

Se escucha al ruiseñor y es con su canto ameno

un lírico reencuentro con lo vivo.

 

Inclinación del tiempo, suspendido

sobre la eternidad.

Un hondo palpitar en la presencia

se ofrece por los bordes al sentido.

 

Y cuánta claridad, cuán cerca y lejos

se mece la mirada: transparencia.

Así como una seda se me ha dicho al oído

- es un pañuelo desdoblado el tiempo -.

 

Casi llegan los labios a besar lo que dicen

- proximidad de alas y rumor de follaje -,

a tientas va la mano y en la sombra describe

el seno de una fruta por el margen del aire.

 

Y vuelve tu unidad a ser fragmentos,

 a ser tacto y color, fuga y sonido.

En este mismo instante, cotidiano, se inclina

sobre el mundo un olvido como tumba de encajes.

Sólo el trino del ave testimonia en el día

al ángel que velaba por la noche en el parque.

 

 

SECRETO DE AMANTES

(NOCTURNO)

 

No le digas a nadie si termina

un sollozo de luz por los rieles,

si entre tú y yo, en ocultos cascabeles

se presiente su arista sibilina.

 

De día en su redil de aguamarina

baja a arrullar, la noche, nuestras pieles,

y a escribir la sentencia a sus claveles.

Escrituras del viento en la cortina.

 

No le digas a nadie dónde muere

la luz que el filo de cristales hiere,

dónde encuentra el mecer su varadero.

 

Si no la noche albergará, siniestras

memorias de abandono. Y sólo quiero

rescatar de sus páginas las nuestras.

 

 

DESAHUCIO

 

Serán muda presencia de cristales

los pliegues de tus sábanas ya frías.

Yo, huella de un guijarro y tú… reías

concéntrica en tu piel. Fue de alquinales

 

de enamorada miel, de manantiales

el tacto que en tu cuerpo me ofrecías.

Mi abrazo es ya de olvido; y tú, deslías

un rosario de quejas minerales.

 

Abrazo del que brota, sucesiva

de polvo, ora de lirio un alma esquiva,

un secreto que al beso está sellado.

 

Hallaré tal vez, mudo de colores

donde ostenta una lápida sus flores

el espejo de Venus agrietado.

 

 

ELEGÍA

 

En memoria de un amigo

cuyas cenizas guarda el Mar Caribe.

 

¿Es vano todo esfuerzo ante el olvido?

Desdibujar pisadas es un arte

es la expresión del tiempo. Tú te has ido

 

ante el afán de nadie por buscarte.

Acaso oí un crujir que recordaba

el mimbre de tu hamaca al reclinarte

 

por las tardes. Y al fondo navegaba

el buque transatlántico. Balizas

son tus ojos amigo, lo olvidaba.

 

Ya el mar, ya rompen olas. Te deslizas

tú, tiempo sin contorno, es tu solera,

ser cofre en que se albergan las cenizas.

 

Morir no es el final, es la primera,

mirada hacia el origen. Ya te guarda

un pez multicolor la calavera.

 

Contemplo junto al mar la nube parda

y al silencio en la tarde se me olvida

que el agua tiene brillos de alabarda.

 

Como la selva en fuga de una herida

se visten el tucán y el guacamayo

tu blanca guayabera en despedida.

 

Ahora cada tarde es un ensayo

de luz que se reclina en tu aposento

la luz que sólo asiste a tu desmayo.

 

Como un arco en tensión, la muerte, siento

crujir en el silencio, abrir la entraña:

dos alas herrumbrosas por el viento.

 

La vida es un cristal que no se empaña

al pulmón sin aliento de los días.

La vida es ese mar en donde baña

 

un dios indiferente sus baldías

miradas sin objeto, sus jirones

de eternidad sin voz ni melodías,

 

de tarde que murió en los malecones.

Y es que hemos sido un brillo en la pupila

de nadie, un rumor, cavilaciones

 

ese caldo herrumbroso que destila

el tiempo. Ha sido un hondo balbuceo

en los labios sin voz de una sibila.

Contemplo junto al mar el devaneo

de la luz que atesora interminable

los ecos de tu voz mas no el deseo.

 

Es por tu estancia un rostro lamentable

el mío, que de muerte siente acaso

el crujir de tu hamaca reclinable.

 

Y queda en la retina un brillo escaso

si al desatar la luna su marea

se abren celosías de tu paso.

 

Y queda cerca de mi voz qué sea

allá por los manglares. Si es tu nombre

lo que una flor de agua deletrea.

 

Algún día tal vez la luz se asombre

al hallarte en la tarde (ensueños parcos).

Yo no me olvidaré que ha sido un hombre

el óxido en el casco de los barcos.

 

 

MEDITACIÓN FINAL SOBRE LA POESÍA

 

El día se desdobla en el estanque.

Abre la flor su corazón de niebla

al disiparse.

¿Seré real? Hay un palacio. Siglos.

En las salas el suelo cruje. Espejos

colocan miembros truncos a una estatua,

y son manos de polvo que rozamos como borlas.

 

Iré yo descubriendo al merodearte

esta ficción de mí que tú alimentas.

Porque el alma es alinde, galerías de ecos

del que fui al que seré.

Tus dorados apliques, poesía, me dejan

reflejado en el agua. Un engarce de letras

en las arpas del día.

 

Del día desdoblado en el estanque

que finge flores, luz en los postigos

Y vencer a la muerte como el miembro fantasma

de una estatua en el espejo. Soy yo

real, tu repetido.

 

 

Agenor Prieto Machado nació en 1989 en la República de Panamá y reside desde la adolescencia en España, donde se ha licenciado en filosofía. La inquietud por la poesía le nace a los diecisiete años cuando empieza a frecuentar a los modernistas hispanoamericanos, así como a la poesía de vanguardia. Tras estos, los clásicos españoles, los románticos ingleses y demás autores de diverso carácter sacian su curiosidad lectora. En 2015 gana en Madrid el premio Javier Lostalé de Poesía Joven con la obra El Silencio Creador (ed. Polibea). Es asimismo el reciente ganador del premio Ricardo Miró (2020), máximo galardón de las letras panameñas, con el poemario titulado Hacia el tú invocable.



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