05 Mar 2021

102. POESÍA ARGENTINA. PABLO ROMERO

-07 Nov 2020

 

TIRESIAS

 

El lenguaje es el límite de lo humano

y qué importa si estos dedos solo sirven

para mentir.

Cuando escribo voy en contra:

el poema avanza y cae como una piedra cae

como cae la noche.

Cuando escribo estoy tan ciego

que las palabras me leen a mí:

no hay espejo sino puente dinamitado

camino pedregoso, pie descalzo

contra el vidrio.

Toda escritura es una lucha entre el yo

y su ceguera: a veces lo desconocido

se hace carne y arranca sin parar

a veces no sé decir basta

y nombro hasta doler.

No hay oráculos ni ritos.

Cuando escribo le abro los párpados

a la palabra ojo

mi poema mira sin piedad.

 

  

THÉNON FOTOGRAFÍA A SCACCHERI

 

Hay que mirar de cerca la nervadura de las cosas

hacer foco en el deseo para apagar lo que quema.

Te veo como quien escucha con los ojos

como me gustaría ser mirado por los tuyos

y reconstruido después escombro por escombro,

palabra por palabra como quien sabe que la memoria

está cerca y nosotros lejos, que en mi recuerdo

estás cayendo todavía como tantas otras veces

(como siempre)

que la distancia es esto:

escribir la mano sin poder robarle un poco de verdad

al mundo

enjaularte en un flash tan efímero como dios

como las piedras.

Estás cayendo y me violenta la hermosura

porque el mundo acaba donde empiezan las palabras.

Tu belleza hace fuego en mi costado

es el paisaje quien se mueve:

estás cayendo y no quiero salvarme

si eso significa quedar de pie frente a tu cuerpo

 

 

NIÑO Y LUNA

 

Están sentados.

Uno al lado del otro, corazón adentro.

El amor arde porque está vivo y el cuerpo

es el martirio de un cáncer insufrible, precioso.

No hay fuerza para mí

en las palabras incapaces de condenarnos

a la pérdida o al olvido.

Están sentados. 

El niño dirá una palabra para temblar

la noche: su nombre.

Va a escribirlo en una piedra.

Con el tiempo a eso va a llamarle perdurar,

sin percatarse de que todo se borra

incluso este recuerdo.

Sin entender que crecemos

en la medida en que aprendemos

a no morir

y que ninguna palabra basta

para plantarnos de cuajo

en la memoria.  

Un día están sentados.

Al siguiente nunca más.

 

 

ME GUSTA CUANDO EN LAS FOTOS NO ME PAREZCO A MÍ

 

Cada vez que me veo en el espejo uno de los dos

está de más. Detesto mi nariz, mi lado izquierdo

y la forma de mis manos. Soy a veces la casa que habito

y también el escombro que se amontona en la vereda

no sé sacarme a pasear ni acariciarme el lomo

y a veces hasta olvido darme de comer.

Quisiera ser hermoso, que me mires sin piedad:

siempre quise preguntarte

cuántas veces me nombraste frente a otros

qué pensabas cuando me veías venir de lejos.

Nadie nunca me miró como quise ser mirado

nadie nunca trató de curarme con los ojos.

Me gustaría no saber que la poesía

es lo que queda cuando juego a perderme

y el mundo se desarma en mis manos

me gustaría dejar de escribir poemas y empezar

a decir la verdad: no hablar más de esta ventana

de las palabras que no digo ni los días que no pasan

no usar más la palabra ruina

reescribir mi poema sobre la distancia de las cosas

y acortar los kilómetros que me alejan de vos

tachando con fuerza la palabra nunca

me gustaría que al morir alguien diga que mi vida

fue una búsqueda de lo incompleto

que siempre me quedó grande este yo

 

 

DIALÉCTICA

A Claudia Masin

 

Me arranco vivo en el gesto de permanecer.

Yo quedé pensando que quedarse no es persistir

que la historia de la casa comienza cuando se vacía

que el primer recuerdo es siempre después.

No escribo esto como quien se va

sino como quien nunca supo irse

como quien descubre (por las malas)

que la belleza lastima casi tanto como la sed.

¿Construir una casa nos hubiera salvado de nosotros? 

ni vos ni yo quisimos nunca una casa

pero la escribimos

escribimos hasta hacer una casa el llanto

y hasta pareciera que correr la herida basta

para no morir demasiado.

 

Los niños sentimos cuando llega el olvido.

Sabemos el momento exacto

en que la niebla comienza

a partirnos. Esto es también la inocencia

decir la palabra incorrecta

en el momento adecuado:

el niño murió de escribir el fuego

que lo hizo trizas

la luz recuerda el dolor que ocupamos.

 

 

PEQUEÑAS FUGAS

 

Se me escapa de las manos todo aquello

que alcanzo a escribir.

Mis dedos son tuberías rotas

caños herrumbrados por el caudal

de los días.

Ya no lucho contra la pérdida

ni la insistencia del goteo

y quisiera poder enmarcar su abolladura

en estas piedras.

Tendría que nombrar

(por ejemplo) la fuerza del impacto

y la verticalidad de la caída.

Tendría que escribir su ruido

y también su persistencia.

Sería inútil:

todos los poemas son palabras

a mitad de camino.

Escribir la escritura es mi única certeza.

 

De La jaula del hambre (inédito).

 

 

ROMPER UN VASO

 

Estaba al borde. Lo juro. Casi imperceptible,

atento a la ruina como a punto de darse muerte

como sabiendo el lugar exacto dónde hacer fuga.

 

Estaba al borde.

 

Tuve un amor alguna vez. Era como vivir de la sed,

darse contra el mar hasta romper el cuerpo.

 

Pero no era mi cuerpo lo que se fragmentaba

en la caída,

no esta vez. El vaso caía por el peso de su nombre,

dije vidrio y no necesité más para cortarme.

 

 

La poesía hace estas cosas.

 

 

APARTADO SOBRE LA ATROCIDAD

a Lucas

 

El niño dice tiempo y le sangra la boca

 

grita como queriendo arrancar de golpe

el gesto muerto de un dolor

demasiado inútil

la columna torcida de sostener   

el peso de otros años

unas manos donde nadie espera

para la terrible ceremonia de mirarlo caer

 

no debería el miedo caminar descalzo

un paso y otro a la intemperie,

 

descenso transversal al agujero de los días.

 

el niño dice tiempo y le sangra la boca

 

un romperse contra toda luna

 

contra toda intensidad

 

De Los días de Babel (México, 2015).

 

 

Pablo Romero nació en Tucumán, Argentina en 1999. Es poeta y editor. Autor de Los días de Babel (México, 2015) y La jaula del hambre (inédito). Compiló junto a Rosa Berbel la antología Orillas (2015), una muestra de poesía joven argentino-española. Desde el 2019 codirige junto a Enrique Solinas Aguacero Ediciones, editorial de poesía  y traducción con sedes en Buenos Aires y San Miguel de Tucumán. Residió en Eslovaquia como estudiante de intercambio de Rotary International y traduce poesía del eslovaco. Actualmente cursa el Profesorado y la Licenciatura en Letras en la Universidad Nacional de Tucumán, donde reside.

 



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