24 Sep 2021

17. JAVIER ALVARADO. ANIVERSARIO LUCTUOSO DE ABIGAEL BOHÓRQUEZ

-21 Nov 2020

 

Abigael Bohórquez, el abierto, el florecido, el restallando, el que se veranidece y llueve

 por Javier Alvarado

 

Sonora. Sonora de la aurora.  Sonora de la hora.  Sonora de la flora.  Sonora de la sonoridad. Sonora de los grandes valles. Sonora de los desiertos. Sonora de los cactus y de las manos que se elevan al cielo para la plegaria. Sonora de los vientos calientes. Caborca de la luz y también de la sombra. Caborca del nacimiento. Caborca de los descubrimientos sexuales. “Caborca la mordaza del silencio”. Caborca y las otras geografías de lo homoerótico. Allí el gran desierto, pero también el gran río poético llamado Abigael Bohórquez. 

Existirán y seguirán existiendo en las historias de las literaturas poetas soterrados que por diversos factores, permanecen fuera del canon, de las antologías, compilaciones, estudios académicos y que crean o crearon una obra a partir de pequeñas ediciones, autoediciones y que solo el tiempo o el afortunado interés de uno o de pocos van logrando que la obra emerja a flote como una enorme trajinera sobre las aguas de Xochimilco como el Paricutín en medio de un campo de maíz y que se establece en esa geografía fascinante de nuestra lengua. He conocido muchos casos como el de Billy Saenz Patterson en Costa Rica que siempre publicó en ediciones pequeñas y gracias a esfuerzos de poetas jóvenes se reeditó una muestra donde ha podido ser leído por poetas fuera de su país natal, otro libro en la editorial Amargord con sede en España y otras filiales y donde sigue latente el proyecto de sus obras completas; el caso por muchos años de Delfín Pratts el formidable poeta cubano que ahora es conocido en varias partes pero que sigue ahí con su gran humildad en su casa de Holguín, viendo los ascensos y descensos de Ícaro; lo relativo al tremendo poeta de El Salvador, Rolando Costa, que con un único e icónico libro llamado Helechos se sitúa como uno de los escritores magníficos de nuestra Centroamérica y que ojalá surja el interés de editores por reeditarlo. Tal es el caso de Abigael Bohórquez. Llegó a mi cuando Luis Armenta Malpica me regaló una antología bilingüe con algunos de los poemas cantos-amatorios y lo mismo hizo con otra antología el poeta Moisés Ortega. Años después el poeta Víctor Leytón me obsequia una hermosa edición de Digo lo que amo y, años después, recibo de manos del poeta Francisco Trejo la poesía completa del enorme poeta sonorense. Es decir, hay una gran iniciativa desde los creadores mexicanos para que la poesía de Abigael Bohórquez se conozca y sea celebrada fuera del mítico México de las pirámides, de los ceremoniosos altares de muertos, de los mercados bulliciosos, de las plazas y parques concurridos, de las vastas geografías con flores de cempasúchil, de sus migrantes, de sus desaparecidos, de su historia literaria exuberante.

En la poética de Abigael Bohórquez subyacen varios tópicos. El del Eros es uno de los más arraigados y descarnados. Sus amores, desamores, fantasías sexuales tan abiertamente y bellamente expresadas no dejan de sorprender. Leyendo su biografía nos remitimos a aquel pasaje donde tras encontrársele una carta de amor a un compañero, fue ridiculizado y estigmatizado en su tierra natal; al punto que su madre y él tuvieron que exiliarse en otro pueblo. Ese es el resultado del machismo y de las intolerancias y también del desconocimiento y aceptación de la naturalidad sexual. Cierta vez, cuando felicité a la poeta cubana residente en Chile, Damaris Calderón por sus poemas y su “valentía”; ella resaltó que no se trataba de valentía, sino de naturalidad.  

En Memoria de la Alta Milpa, poemario del año 1975, el poeta canta a Emmanuel:

Emmanuel,

cuando tú tengas treinta o cincuenta años de edad

y busques en tu memoria al que, en su piel de perro,

tuvo para tus sobresaltos el amor;

cuando ya hayas crecido

y te puedas permitir el llegar y ver tu corazón,

mira que si en tu vida

quedó algo de este pedazo crepuscular

de hombre triste que soy,

encuéntrale todo lo hermoso que entonces no entendiste

y ten, si puedes, una lágrima para él

Pierre de Ronsard escribió sonetos memorables en lengua francesa a su amor Elena:

Cuando seas anciana, de noche, junto a la vela

hilando y devanando, sentada junto al fuego,

dirás maravillada, mientras cantas mis versos:

«Ronsard me celebraba, cuando yo era hermosa»

Abigael Bohórquez también hace ese reclamo al amante y al tiempo; este pasa y solo la ancianidad con su madurez podrá hacer notar los cantos amatorios con belleza, con deleite; la unión espiritual o corporal a través de los deseos que no fue posible. “Encuéntrale todo lo hermoso que entonces no entendiste”, apela a esa significancia de lo bello desde los actos, los poemas, las palabras.

Hay reminiscencias del poeta griego Constantino Kavafis “cuando los labios y la piel recuerdan”; el poeta sonorense es más descarnado al hablar “de en su piel de perro”; la piel interactúa como un hilo conductor de las saudades, de la sensualidad y de lo extrasensorial por así decirlo. Emmanuel y Helena, hombre y mujer, distantes en sus épocas, en los hombres que los cantaron se postergan en el papel y en los labios y en las tradiciones de la poesía de dos continentes y que llegan a otras partes y que toman otros nombres, pues la figura del amante que desdeña es repetitiva:

Emmanuel,

cuando ya esplendas fruto

y haya, tal vez en ese tiempo tuyo que reconocer

que fue el poema

En el amplio mosaico de la poesía latinoamericana; la poesía escrita por hombres hacia hombres contiene referentes de diversa índole desde el erotismo refinado de Roy Siguenza en Ecuador. Cito fragmentos de su poema "Hallazgo en Nubia":

Lo dijeron sin sospechar la fecha en que el bello efebo fue esculpido, tal vez el año II del Siglo IV antes de Cristo, cuando era común el amor entre los hombres y la pasión discriminaban los sexos; solo ardía.

El caso de Jorge Eduardo Eielsson de Perú en "Ceremonia solitaria en compañía de tu cuerpo":

Con mis huesos con mi glande

Entro y salgo de tu cuerpo

Como si fuera un espejo

Atravieso pelos y quejidos

El cubano Severo Sarduy en uno de sus sonetos:

Aunque ungiste el umbral y ensalivaste

no pudo penetrar, lamida y suave,

ni siquiera calar tan vasta nave,

por su volumen como por su lastre.

Néstor Perlongher, el artífice de lo Neobarroso nos dice:

Por qué seremos tan gozosas, tan gustosas

que no nos bastará el gesto airado del muchacho,

su curvada muñeca:

pretenderemos desollar su cuerpo

y extraer las secretas esponjas de la axila

tan denostadas, tan groseras

Raúl Gómez Jattin que nos habla de sus experiencias de zoofilia y el ritual de la penetración con otro hombre:

Todo ese sexo limpio y puro como el amor

entre el mundo y sí mismo   Ese culear con

todo lo hermosamente penetrable   Ese metérselo

Hasta que termina uno por dárselo a otro varón

Por amor   Uno que lo tiene más chiquito que el palomo

En su poema "Finale", Abigael Bohórquez acota: 

pero voy a partir,

acércate de nuevo,

búscame y estremécete,

desnúdate y traspásame,

gime y hazme gemir,

no me des tregua,

asuélame,

para bien, para mal, para cualquiera suerte,

di palabras que no entienda, pero que necesito,

y en un estruendo líquido y profundo:

Son explícitos los deseos homocarnales, homoeróticos, las fantasías sexuales, los fetiches, las conductas que se dan en el campo como en el caso de la zoofilia.  En este aspecto, Reinaldo Arenas confiesa en "Antes que anochezca":

Es falsa esa teoría sostenida por algunos acerca de la inocencia sexual de los campesinos; en los medios campesinos hay una fuerza erótica que, generalmente, supera todos los prejuicios, represiones y castigos. Esa fuerza, la fuerza de la naturaleza, se impone. Creo que en el campo son pocos los hombres que no han tenido relaciones con otros hombres; e ellos los deseos del cuerpo están por encima de todos los sentimientos machistas que nuestros padres se encargaron de inculcarnos.

Toda esta poesía homoerótica debe estudiarse, repasarse y contemplarse desde el arte y la belleza sin tabúes y con naturalidad. Desde Centroamérica, desde El Salvador, la voz de Ricardo Lindo nos dice:

Toda forma de amor si con amor se ejerce

está en Dios y es en Dios.

Violencia, violación y abuso de la infancia

son injusticia,

pero no lo es ser gay.

Y se puede ser gay

y vivir una vida espiritual

sin que haya en ello contradicción alguna.

El amor viene de Dios y es Dios en todas sus formas; se puede asumir la condición gay desde la espiritualidad.

En esta antología, hay otro libro en el cual deseo detenerme en algunos de sus textos. Digo lo que amo, partiendo de unos versos del poeta español y exiliado en México, Luis Cernuda:

Si el hombre pudiera decir lo que ama,

Si él pudiera levantar su voz por el cielo

Como una nube en la luz;

Si el hombre pudiera decir lo que ama, si el hombre homosexual no fuese perseguido, discriminado, lacerado, agredido, señalado, incomprendido. En los epígrafes iniciales también se cita un episodio de Maurice Rostand llamada "El proceso de Wilde":

Frank- El único amor legítimo, Òscar, es el que une a un hombre y a una mujer.

Oscar-Te concedo que para ti no exista más amor que ese, pero no me lo digas a mí, que me he ofrecido en holocausto.

Y así han continuado los holocaustos y las represiones y las negativas ante los derechos de las personas homosexuales. Pero sigue el arte y la poesía y sus posibilidades de crear nuevos vocablos para cantar:

primaverizo yaces,

deleital y ternùrico,

y nadie es como tù, cervatillo matutinal,

dilvestrecido y leve.

dparentas dormer

y una sonrisa esplende tus pupilas;

duedo sin mí.

tú veranideces,

El genio creado de Abigael Bohórquez demuestra su gran plasticidad con la lengua en la que habla y escribe. La seducciòn en ese pórtico a la entrega corporal donde se pierden los reparos:

Tómame.

deshónrate, sométeme, contrístate, obedéceme,

enloquece, avergüénzate, desúnete, arrodíllate,

violéntame, vuelve otra vez, apártate, regresa,

miserable, amor mío, lagarto, imbécil, maravilla,

precipítate, aúlla.

Es una incitación a la pérdida del pudor, que se pierde ante una entrega total, sin ataduras; las amarras terrestres se sueltan y los barcos se van al centro del mar, chocándose, succionándose, atracándose, encallándose.

El poema germina-termina con la fabulosa eyaculación:

de pronto, tú, el relámpago,

abierto, florecido, restallante,

arriba, abajo, encima, ¿dónde?,

hiendes la oscuridad

y adentro:

 

llueves.

 

La propuesta de Bohórquez va al despertar del atrevimiento:

En esta cama fueron

las tentaciones.

 

Yo tenté.

 

Tú tentaste.

 

Ustedes, qué?!!!

En el corpus poético de Abigael Bohórquez nos encontramos con un poemario impactante: Poesida. El testimonio vivencial y literario de un escritor convaleciente y muerto por esta enfermedad, la cual asume:

Cuando ya hube salido

de cárceles, burdeles, montepíos, deliquios,

confesionarios, trueques, bonanzas, altibajos,

elíxires, destierros, desprestigios, miseria,

extorsiones, poesía, encumbramientos, gracia,

me conformo, me he dicho:

Dios asiste. Y acato.

 

Por eso, ahora lejos

de lo que fue mi casa,

mi solar por treinta años,

mi heredad amantísima,

mis palomas, mis libros,

mis árboles, mi niño,

mis perras, mis volcanes,

mis quehaceres, la chofi,

sólo escribo a pesares:

Dios me asiste.

Y confío.

 

Y de repente, el Sida.

Abigael Bohórquez afianza su fe, afianza su creencia, el sostén en la asistencia divina. En el texto Retratos, pone de manifiesto las vidas de algunos homosexuales con sus condiciones de vida, de incomprensiones, de discriminaciones:

Este era Lesbia Roberto.

Quería ser estrella como Lola Beltrán.

Era muy jovencito cuando le revelaron

que estaba muerto de

“qué vergüenza de la familia”;

fue cuando vivió para ya no contarlo

y se hizo rico sintiéndose Mae West

en su bar de Los Ángeles,

Oh trasvestis casi perfectos de los carnavalitos,

oh vedettes culimpinados de los gimnasios,

oh locorronas de las sacristías,

oh pobrecitos de aldea

apedreados por el vecindario,

cercados por los perros,

ahorcados y quemados en la noche sin tregua;

Las historias sin importar el lugar de origen, se repiten.  Vida que parecen clichés. Aunado al afán de documentar las biografías de homosexuales también está el hablante lírico como crítico social; la doble vida, la doble moral, la sociedad que margina, la que persigue, la que lapida y la que sin asumir la naturalidad, guiar y aceptar: termina por colocar entre el deseo, el desenfreno y el abismo.

El poeta en su última etapa sigue deseando, sigue siendo el hacedor de nuevos vocablos:

De mis brazos te viajas,

te sustentas, te ahíjas, te lecheces,

te compartes, te mamas, te acaudalas

arpa de madrugancias,

casa nutricia, guarida del perfume,

hospedaje de piel,

hirviente breva, penca de mar y azur,

oxígeno, renovada poesía:

Poesida podría incorporarse perfectamente en la familia de libros relativos a testimonios sobre enfermedades.  Recordemos el Diario de vida y muerte de Enrique Lihn. Poesida es la vivencia de lo corporal, del sufrimiento, de lo purgatorio, de las saudades, de los recuerdos, de los amores, de las noches infinitas, de los días clandestinos y de lo celebratorio. Un libro entre la vehemencia, el dolor y la salvación del yo ante la permanencia. Valorar la excelentísima obra de Bohórquez y la de otros tantos poetas en sus propuestas homoeróticas y lésbicas debe ser un horizonte sin tapujos, sin tabúes, sin reservas, sin restricciones.  

Abigael Bohórquez es un poeta para ser admirado, reeditado, valorado e insertado en las historias de la literatura y poesía latinoamericanas. Su decir y su comunicar van más allá de los simples encasillamientos y sobre la sexualidad, asumir la naturalidad, la belleza y la crudeza sin ser antípodas ante la comunión de los deseos, la simbiosis de los cuerpos, el magma, el lecho del río, lo desbordado en medio de sus desiertos de su tierra natal, ahí está Abigael, el abierto, el florecido, el restallante, el que veranidece y llueve, el sonoro de Sonora, el sonoro de la sonoridad:  

Acompáñame, polen, anís, guirnalda,

árbolo mío, suma de panales,

vamos a caminar errabundeces,

ser el acto caníbal, comernos

con los ojos,

La poesía es contigo,

qué bueno que naciste y que te quiero.

Y así ha sido y será la madrugada.

Ala

vibórola

vívida

del amar.

 



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