03 Mar 2021

151. POESÍA COLOMBIANA. ADRIÁN CADAVID. NUEVA YORK POETRY PRESS. COLECCIÓN MUSEO SALVAJE. VOL 1

-23 Ene 2021

 

 

Selecciones de Nueva York Poetry Press 

 

Hoy recordamos el lanzamiento del primer poemario de la Colección Museo Salvaje (Homenaje a Olga Orozco) de nuestro sello editorial Nueva York Poetry Press. Nos alegra compartir una selección de La imperfección del deseo del poeta colombiano Adrian Cadavid, que obtuvo el primer lugar del Internacional Latino Book Awards 2019 en la categoría de "Best Poetry Book".

 

 

NUEVA YORK, 7 DE NOVIEMBRE DE 2016



Querida Hungría, 

 

Ahí estamos de nuevo a la espera por el invierno, aunque el frío ya no es como el de antes, como cuando recién llegué. 

Hay elecciones presidenciales. La política no es de mi agrado, es una trivialidad para mí; y bien lo sabes que hasta las hormigas que se comen las migajas me gobiernan.

Ya han transcurrido dos semanas desde que mamá regreso a casa.

Volviendo a las hormigas recuerdo el jardín de la casa de los abuelos, yo con mi maldad infantil inundaba sus hormigueros. Te confieso algo, en mi curiosidad un día me comí un par de estas y sabían a mentol. Se me ha dibujado una imagen de tu rostro burlándote de mí.

El abuelo en la pesadez de los años ya cuenta con ochenta y tres, muy erguido el hombre es un estandarte, ahora escucha lento.

De mi padre te puedo contar que manejamos una distancia que hace daño; de los tres yo soy el más cercano a él. Lo han devastado los cincuenta y pico.

He heredado una promesa solícita del arte y mi hijo tiene todo ese entendimiento. Anda todo amoroso precipitado a la carne debe ser la edad por la que todos pasamos y de mayores indultamos.

Mucho que decir en tan pocas palabras. Todo ha sido algo somero, espero escribirte pronto.

 

Aquí sucede tanto que nada sucede.

 

Siempre tuyo,                                                    

 

Anónimo

 

 

NUEVA YORK, 10 DE NOVIEMBRE DE 2016



Por demás, Hungría:

 

Hoy llueve. Llevo un cuervo gris en el pecho.

No he dejado de pedirme auxilio. La indiferencia suscita una muralla.

Extracción de sangre en cuatro tubos. La chica del laboratorio era de una pálida simpatía. 

Hungría, ¿qué es el miedo? Decime vos que llevas garras bajo las faldas.

De vuelta del laboratorio, hallé un narciso que me recordó el ave que escuchamos aquella mañana.

Intenté comer unos arándanos sin fortuna alguna. El café fue lo único que dio fin al ayuno. 

No todo era gris, de camino a casa por la avenida 

Woodside encontré el manzano desnudo con dos frutos tardíos. Fotografié unas rosas blancas y un par de ardillas. 

Hungría, deseaba hacer de esta lluvia un motivo, aunque Nueva York no fuese Paris.

 

Siempre tuyo,                                           

 

Anónimo.

 

 

NUEVA YORK, 14 DE NOVIEMBRE DE 2016

 

Extensa Hungría,

 

Te ofrezco mis palabras, porque a tu edad el murmullo del río no es mal presagio.

La ausencia de cafeína la definiremos como jaqueca por defecto o costumbre.

Los sábados descanso de vos y me aterra hablar solo con este otoño infantil.

Sirena que emerges de los mares de Siberia en los veranos largos de mi deshielo.

Hablo de ti conmigo y el desvelo me golpea los riñones. 

¡Cuánta música hay olvidada en tus ojos!

 

Siempre tuyo,

 

Anónimo.

 

 

NUEVA YORK, 18 DE NOVIEMBRE DE 2016



Inmersa Hungría,

 

Turista de mi propia alma.

Hay una chica con la cual no deseo ser prudente y la barca se encuentra lejos del puerto.

Qué complicidad, querida mía, sin la necesidad de ser. 

Me falta el fornicio.

 

Siempre tuyo,

 

Anónimo.

 

 

NUEVA YORK, 21 DE NOVIEMBRE DE 2016



Hungría, 

 

Sos la presencia estéril de una necesidad inerte.

 

Anónimo.

 

 

NUEVA YORK, 23 DE NOVIEMBRE DE 2016



Incrédula Hungría,

 

Mi imagen.

En un rostro, en un cuadro.

En una edad, en un sexo.

En la ciudad, en el campo.

En el día, en la noche.

En los ríos, en los mares.

En lo limpio, en lo nublado.

En el glamour, en los harapos.

En lo real, en lo imaginario

En la belleza, en la melancolía.

 

Aquí no hay invierno ni verano:

Solo ojos que sienten palabras.

 

Siempre tuyo,

 

Anónimo

 

 

NUEVA YORK, 24 DE NOVIEMBRE DE 2016



Blanca Hungría,

 

Somos ángeles inconclusos. 

Mi hijo me necesita, mi madre lo calla, mi padre lo disimula, mis hermanas no son ajenas.

       Necesito creer en Dios, que salga de mí y que vuelva a mí.

 

Siempre tuyo,

 

Anónimo.

 

 

NUEVA YORK, 2 DE DICIEMBRE DE 2016



Anónima Hungría,

 

Tenía una promesa con una amiga, que si llegábamos a los cuarenta solos nos iríamos a vivir juntos. Ahora mismo ella se encuentra embarazada y te repito: yo estoy casi en los cuarenta.

Hungría, cada vez más tu reflejo en el espejo se parece a mí.

Y nos es casualidad que estemos aquí sino por invención.

No deseo el heroísmo, para mí la realidad es trasmutable.

Anoche el cansancio me absorbió la sangre. Está pendiente soñarte.

 

Siempre tuyo,

 

Anónimo.

 

 

NUEVA YORK, 7 DE DICIEMBRE DE 2016



Extraviada Hungría,

 

Ensimismado.

Las cartas sobre la mesa, un sobretodo en el perchero.

Todos me dicen que afuera puedo encontrarte, que aquí no llegarás.

¿Acaso mis indicaciones no te han sido suficientes?

      Respiro, te inhalo.

Humedezco mis manos con el deseo de saber que existes.

Queridísima de la cuarentena amorosa, despertemos el celo.

Hay un animal afuera que ni se compara con el que llevamos dentro.

En la flexibilidad del ser. En la rigidez del ego.

Te encuentro. Me encuentro.

 

Siempre tuyo,

 

Anónimo.

 

 

NUEVA YORK, 11 DE DICIEMBRE DE 2016



Doble Hungría,

 

La zozobra es un terreno ondulante lleno de preguntas. 

Las noches de los sábados confunden y en los trasfondos se oyen las risas de los que fingen.

Sería mejor escuchar los gemidos, pero ocultan su idioma.

Me refugio tras una cortina de baño, en el hervor del agua y la tina donde una vez perduré en la suavidad de unas manos.

Estoy entre dos ciudades: una me ignora, la otra ya no me conoce.

Hungría, no sé si me estas salvando y me rehúso. 

 

Siempre tuyo,

 

Anónimo.

 



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