11 Abr 2021

30. JAVIER ALVARADO. LUIS BORJA

-04 Mar 2021

 

La violencia - partera de poemarios - sobre el disparo de Luis Borja

por Javier Alvarado

 

 

En El Salvador la violencia no será tan sólo

la partera de la Historia.

Será también la mamá del niño-pueblo,

para decirlo con una figura

apartada por completo de todo paternalismo.

ROQUE DALTON 

 

Las palabras pueden ser contradicciones. El Salvador es un pequeño país centroamericano con un nombre que remite a la redención (ya sea espiritual o la del cuerpo).   Se acordó llevar a El salvador del mundo a muchas tierras, a edificar iglesias, a revestir viejos caminos con el asfalto de ese nombre, avenidas y hasta nombrar así, a un país con loroco y con volcanes.   Un paisito que te llama “vení vení vení y tú sudando amor amor” o un valle donde se pueden colgar hamacas, donde se puede vivir un día en la vida o donde puedes encontrar a caperucita en la zona roja como esas tres grandes novelas de Manlio Argueta.  Allí un pueblo salió a caminar la muerte de uno de sus guías espirituales y fue baleado; los zapatos de la multitud quedaron en la calle para caminar otras historias y para contar el asesinato de Monseñor Romero.

 

En los viajes que he realizado al país de Doña Ana o cuando los poetas de ese jardín de dulces canas verdes del maíz, salen de las milpas enjundiosas del territorio salvadoreño, el discurso oral y en muchos casos, el poético, está acentuado en la desesperanza y desde la violencia, que es el yugo de la cintura de América.  Roberto Sosa dijo de Tegucigalpa que por las noches es una ratonera; Roque Dalton dijo que la violencia es la partera de la historia y Diana Morán dijo que Panamá ardía como un maizal en llamas con los asesinatos estudiantiles del nueve de enero.  Las palabras siempre tienden a revelar la historia personal y colectiva y también suelen plagiarse en su creador. Tuve conocimiento de que hay un poeta llamado Luis Borja tras haber recibido en España un accésit del Premio Jaime Gil de Biedma.  Me sentí regocijado por el hecho de que una voz latinoamericana, centroamericana, desconocida hasta entonces, se reconociese en ese ámbito y sobre todo con un poemario que es el espejo crudo de las vivencias de todos y digo de todos, pues somos testigos de lo que sucede en las crónicas rojas y que esa materia prima tan abrumadora, haya alcanzado a través del testimonio poético ese valioso premio, donde se contaba entre el jurado, las grandes poéticas de Antonio Colinas y Pere Gimferrer, poetas que nos hablan del dolor también, de la nieve, de los rubíes y los reyes, de los ojos de las muchachas y de los caballos que se liberan desde los sepulcros de Tarquinia, me parece algo digno de mencionarse.  Arte y un premio para reflexionar. 

 

Sorprende como la temática, el tono coloquial, las metáforas crudas, las imágenes escarlatas y negras, el matiz desesperanzador como la muerte del niño en la noche (remontando un verso del sureño Gonzalo Rojas) hagan de esta poesía heredera de los malditos franceses y latinoamericanos, un disparo al aire -no en vano- sino también a la sensibilidad de lo que vivimos y tenemos que, de alguna forma, detener; pues el libro de Luis Borja, es una crónica de una violencia pasada y anunciada.

 

En mi más reciente viaje, peregrinando con varios poetas jóvenes del continente en un Festival de poetas, pude conocer de casualidad al poeta, bajo el calor telúrico de Santa Ana, en las múltiples caminatas por los parajes salvadoreños.  Nos reconocimos y me contó como el Disparo fue irónicamente una salvación para su vida entera y es que la poesía, nos rescata y nos redime, es una balsa en el magma.  Se escapó luego a la bohemia de la noche y allí me contó algunas anécdotas sobre su escritura.   Creció mi avidez por conocer el poemario y leerlo y así me lo hizo llegar, revestido por el negro de las portadas de Visor.  Su lectura fue rápida como un zarpazo.   En sus poemas, Luis Borja, se propone la velocidad y la crudeza, una enumeración caótica de nuestras realidades:

 

Soy un país moribundo

Me nació el hijo entre la pólvora

 

Un país muerto en medio de una constelación de países muertos, invocando a Raúl Zurita, un hijo en medio de la pólvora que ha de seguir contemplando la violencia.  En ese introito hay todo un registro existencial de aquellos que huyen, que se plantean un sueño americano por llegar a Estados Unidos, como si eso fuera el oro de los días.  También hay drogas, prostitución y tráfico humano.  La ciudad en una gota de sangre.   Impactante el poema de Luis Borja que nos remonta a los textos escritos por los beats en estados alucinógenos, donde nos hace inhalar la cocaína de las imágenes:

 

Inhale

Absorba el mundo con su nariz

 

El poeta contempla quizás la cima de algún volcán la derrota del mundo, la derrota de la humanidad, los países que se ofrecen a las guerras, al olvido, a los políticos corruptos.  La poesía social que entona su reclamo, como lo hizo Leonel Rugama en su antológico poema La tierra en su satélite de la luna:

 

Los hijos de la gente de Acahualinca no nacen por hambre,

y tienen hambre de nacer, para morirse de hambre.

Bienaventurados los pobres porque de ellos será la luna.

 

La luna tan determinada por los artistas y artesanos de la palabra, bienaventurando esa condición de ser pobres, de padecer el hambre, pero un hambre de justicia y de equidad que ya se vuelven lugares comunes y aún así por esa repetición de la repetición, parece ser que nos curamos de esa herida que es el testimonio más cercano a lo que somos, a lo que nos hemos convertido.    Hay un país, el país de Luis Borja donde él nos dice:

 

Vivo en un país donde la bala sale

como un beso que te manda la muerte

 

Es lo cotidiano. Es el pan. Es la pupusa dolorosamente muerta. Ni la vieja Francisca del cuento del cubano Onelio Jorge Cardoso parece que saldría aireada de la violencia en El Salvador. Terrenos y migrantes, siguen allí. Y sigue la interrogante, parodiando el cuento de Salarrué “¿Será que semos malos?”. Ojalá que no.  Recordemos que el poemario se subtitula Cuentos de Barr (i) o. La poesía sigue siendo la partera de la historia y partera de poemarios, Roque. La humanidad ha de volver al amor y ha de nacer de nuevo entre unas piernas.  Así lo quiero imaginar y quiero ser testigo de ello en una volcánica letanía:

 

POESÍA:

por la gente de Ahuachapán                          RUEGA POR ELLOS

por la gente de Santa Ana                             RUEGA POR ELLOS

por la gente de Sonsonate                              RUEGA POR ELLOS

por la gente de Usulután                                RUEGA POR ELLOS

por la gente de San Miguel                             RUEGA POR ELLOS

por la gente de Morazán                                RUEGA POR ELLOS

por la gente de La Unión                                RUEGA POR ELLOS

por la gente de La Libertad                             RUEGA POR ELLOS

por la gente de Chalatenango                         RUEGA POR ELLOS

por la gente de Cuscatlán                               RUEGA POR ELLOS

por la gente de San Salvador                          RUEGA POR ELLOS

por la gente de La Paz                                    RUEGA POR ELLOS

por la gente de Cabañas                                 RUEGA POR ELLOS

por la gente de San Vicente                            RUEGA POR ELLOS

por la gente de El Salvador                             RUEGA POR ELLOS

 

por la gente de Centroamérica                        RUEGA POR NOSOTROS

 

Hay una tendencia a creer muchas veces que en España no se apuesta al riesgo. El libro de Luis Borja se arriesga en su fondo y su forma.  Riesgo en lo que se dice y Cómo se dice.  Un libro crudo.  Poesía desnuda y cruda para la sobrevivencia.   Jorge Debravo de Costa Rica dijo que “A pesar de la muerte y de la guerra, el amor bajo el hombre está creciendo”.    Quiero imaginar que El Disparo ha de quedarse allí, disparando poesía, para que el amor en línea paralela siga creciendo y para que este poeta se convierta también a través de la palabra y del trabajo de sus manos y brazos, en uno de los muchos carpinteros y albañiles que han de levantar, en medio de la paz, las nuevas casas.

 

4 de octubre de 2015

 

El texto anterior fue escrito a raíz del merecido accésit de Luis Borja en el Premio Internacional de Poesía Jaime Gil de Biedma y no ha sido publicado hasta entonces.  Ayer, miércoles 3 de marzo de 2020 nos llegó la abrupta noticia de la muerte de este gran poeta salvadoreño, perteneciente a nuestra generación.   Nuestra Centroamérica pierde a un creador entregado a su oficio.   Rendimos homenaje a su persona, a su humildad, a su palabra.

 

 

Selección de textos de diversos libros de Luis Borja

 

 

HIJOS, TENGO UN GUSANO EN EL CORAZÓN

 

                                                                  Para Anne Sexton

 

He pensado en pronunciar toda palabra

Sangre

                     Ceniza 

                                            Y humo

Pronunciarla como una madrugada tortuosa

Pero hijos

Hoy por la tarde he arrugado todas las caricias de mis años

Le he cantado a mi almohada todos los versos fúnebres

Como se le canta a la sangre cuando conoce la agonía

Cariños

Cariñitos de melancolía

Pájaros del viento y de la piedra

Sangre de la herida y la plegaria

Huesos del vientre y de las penas

Al final he querido decirles lo mucho que los quiero pero no he terminado el poema

Sin embargo ustedes sabrán entender que

“Los suicidas poseen un lenguaje especial”

 

 

MI CUARTO ESTA LLENO DE MOSCAS…

 

A Leopoldo María Panero

 

Leopoldo, mi cuarto está lleno de moscas

Se posan sobre los libros que están en ella

Se comen los muertos que yacen en esas páginas

Derriban esos muros de tinta y vuelan gloriosas sobre los sueños muertos de los poemas

Leopoldo, veo a mis amigos crucificados por las moscas

Pero, adiós Leopoldo

te vas a donde perteneces a ese país atascado de gusanos

el festín de las moscas se ha hecho en tus ojos

te vas donde los orines te dan ese baño que deseabas

¿Leopoldo te ahogarás en la desnudez de tu madre?

¿seguirá siendo el mismo sapo al que odiabas por su crueldad ante la locura?

Las moscas hacen el festín Leopoldo

Las moscas se regocijan cagando tus sesos poeta maldito

¿Leopoldo es tu poema muerto al que cantan?

 

 

PÁJARO Y ARENA

 

Sé que es muy difícil pensarte con las manos heridas por la nostalgia 

aun así me imagino cómo cantan tus palabras a la ternura

La regocijada voz sangrada con que imitas a los pájaros

Los latidos de tus dedos desgranando la distancia

—Creo que en ese arpegio resumes toda tu tristeza—

A veces creo que sos una melancólica palabra que se le pierde a las tardes 

¿Te parece extraño pensarte así? 

Y es que en vos a veces también es fácil percibir la soledad moderna con que maldices

las calles

El terrible golpe con el que rompes los vacíos. 

Quizá te preocupe la mediación que existe en el muerto y el arma 

Quizá te preocupe la cariada sonrisa de los niños perdidos 

Quizá te preocupe la delineada frontera apilada de muertos 

Por eso me encuentro en vos 

Porque es fácil ver en tus ojos la desbordada ternura de la que hablamos 

Y eso es lo único que nos salva de la muerte

Tengo que terminar diciéndote 

Que a veces cuando te pienso 

Te imagino pájaro y arena

Y vieras qué tierno me imagino en tus manos.

 

 

MAQUILA

 

Soy la mujer con el pulmón agujereado

Con mis manos hilvano los cuatro puntos cardinales

Soy la madre sosteniendo el humo con la angustia

Soy la artritis gastada en la madrugada

soy yo

la madre de la maquila

la madre de todos los trapos

con mis ojos gastados voy buscando la luz en este camino

encadenada sobre la banca soy el despojo de mi carne

Soy todas las mujeres con los vientres rotos

Soy todas las mujeres podridas que adornan las maquilas

Clotilde ha quebrado sus brazos a la hora del fastidio

Sus dedos son hebras para tejerles pupilas a los niños

A todos los niños muertos que se van acumulando en este paisaje

A los niños que desprenden la sangre de nuestras faldas

Angélica fue una

Con el rencor mascado vomitó toda la sangre

Abrió sus piernas como una flor marchita

Y rodó el niño alborotando todos los violines

¡Ay! el retrato estremecido de todos los días

¡Ay! la emoción amarga del descanso

¡Ay! la angustia a la hora del receso

soy yo

¡la madre de la maquila!

¡la madre de todos los trapos!

Con mis manos sangradas estoy tejiéndole a la luna todo el silencio

 

 

EL BELLO LEGADO

 

Soy un país moribundo

Me nació el hijo entre la pólvora

me nació en la trinchera escondida en el beso de la muerte

Me nació el hijo en el escondite

en la alambrada inerte que tejimos como barricadas

Me nacieron los hijos muertos

estrellados

mutilados

Corriendo hacia el abismo que les ofrece el nuevo siglo

Me nacieron los hijos sueltos

volátiles como el suspiro de un disparo

Me nacieron los hijos desaparecidos como el pulso de un latido tuerto

Como la práctica onanista de un país que se pudre

De un país que se queda mudo

con la garganta cercenada de disparos

Me nacieron los hijos ciegos

Me nacieron los hijos mudos

Agonizantes

cabizbajos

cohibidos

Me nació el eructo de un beso prohibido en la frontera de  los sueños

Los hijos junto a los sueños se me pudrieron

Me nacieron inmigrantes con la plegaria del sueño americano

Con la agonizante ceguera de convertirse en lavaplatos

en constructores

En mendigos colectores de sueños

En limpia mierda sin temblarle el pulso ante la injuria del yanqui

en venado escapista de trenes

en alma nostálgica ante el himno nacional

Y sin embargo la plegaria insiste en convertirlos

en prostitutas en plena frontera

en el alma del coyote

ese mismo coyote que ahoga los sueños entre sus colmillos

dicen que el mar se ha vuelto más violento

dicen que el mar está a punto de vomitarlos

dicen que el mar esconde la palpitación imbécil de sus sueños

dicen, a mí no me lo crean

ni a este país que parió los hijos desaparecidos

prostituidos

secuestrados

abandonados en el desierto con la frente sudorosa

con la boca muda sin pronunciar su nombre

con la garganta agónica en busca del sueño

con la adeudada caricia de las madres invocando su angustia

rogándole a los santos que intercedan en su ascenso a los infiernos

me nacieron los hijos hambrientos del sueño americano

me nacieron analfabetos

caóticos

delincuentes

me nacieron roedores habitantes de una ciudad testaruda

me nació la ciudad agobiada transpirando el olor de las cloacas

las calles y su aturdida manera de mostrar el sarro de los orines

me nacieron los somnolientos bostezos de un niño huele-pega

del niño habitante mudo abstraído en su sueño urbano

del niño adorado rey de alcantarillas

me nació la suplicada nariz llena de coca

me nacieron los niños dibujando los sangrados círculos de sus vidas

me nacieron aspirando la inclinada línea de los años

me nacieron galopantes los gritos por el crack

por la temblorosa agonía de escaparse un rato

por la temblorosa sonrisa perdida

por la temblorosa mirada que cicatrizan las heridas

temblorosas también las piernas líquidas de una niña en las calles

de la niña vendiéndose ante la fría liturgia del sexo

me nacieron las niñas raptadas

la decapitación incesante de sus senos

la mutilada forma de abotonar las noches

el laberinto carnal de construir los cuerpos

el asolapado misterio del sexo

Me nacieron los cansados días en el mercado

la agobiante tarde en busca de un muerto

la oxidada rutina de verme desnudo y sin cinco

me nació la hipotecada ilusión de una casa

la deuda externa facturada con mi nombre

la cansada tradición de hilvanar los sueños en una maquila

Me nacieron los hijos traficantes

Me nació el lavado de dinero

Me nació la corroída mueca del narco

El diplomático parpadeo de los políticos

La inflamable historia de los corridos

La triste canción de un tiro

La estoica versión de raptarse a los niños

La detonada travesía de traficar con el hambre

Me nacieron las temblorosas manos del sicario

El ajuste de cuentas tiñendo las calles

La bala perdida

Cae

La bala perdida te busca

La bala perdida tiene tu nombre

La adjetivada muerte de los niños

El desaforado destino de la muerte

Me nacieron las pandillas

La pactada muerte entre sus dedos

La tatuada cicatriz de un país sin memoria

La agobiada mutilación de los días

Los cementerios clandestinos

Y la agonía de salir a las calles

Las apiladas caricias de los cráneos sueltos

La decapitada mueca de los muertos

Me nacieron cansados los parpados

Los crucificados brazos del silencio

la agonía de pegarme un tiro y entrar como un dios a los despojos que me dejó la

postguerra

 

 

DE UMIT 

I [SE]

 

Todo comienza amando la madrugada

Amando el canto de los gallos que buscan un nombre de luna

Todo comienza en la ternura de las flores y sus pétalos de sangre

Todo absolutamente comienza amando la saliva

Porque de la saliva y el barro somos

Somos la jícara y el destino de la tierra

Todo absolutamente comienza con la tibieza del día

Con la sonrisa caliente de todos los astros: el nacimiento del padre y el fuego.

 

Yo

Que soy saliva y barro, planta y ternura

Comprendo que somos bebidos por la luz y el día

Pero también, mi hermano, somos de la noche

De la oscuridad y la luna: la madre.

Todo comienza en la sonrisa de la jícara y de la raíz

En la plegaria de sangre que cantamos

Todo comienza en la tierra y el sudor

En la semilla que nace en la palma de la mano

Todo comienza en la nocturna sonrisa del delirio

 

No, no callamos la locura ni la muerte

Ni el disparo que quebró los huesos de la tierra

Y de los huesos que nacieron como piedras

Todo comienza pues, con la ternura entre las manos y con el odio entre los dientes

Todo comienza, mis hermanos, en el sueño de los pájaros y su grito de sangre

 

 

Luis Borja (Ahuachapán, El Salvador, 1985-2021). Poeta y profesor del Departamento de Letras de la Universidad de El Salvador. En 2014 obtuvo el Accésit del XXIV Premio Internacional de Poesía Jaime Gil de Biedma con su obra El Disparo. Cuentos del Barr(i)o, publicado en 2014 por la editorial Visor. Otros poemarios son: Letrosis (2013), Pus (2014), La herida del poema (2015), Mi hombro es una lágrima (2016), Un labial para las muertas (2017) y UMIT (Ediciones Diputación de Salamanca, 2019). También realizó la antología  Subterránea palabra (2016). Miembro fundador del Taller de poesía del Parque (Ahuachapán), en 2006 ganó el Certamen de Poesía Universitaria y, desde entonces, ha participado en diversos festivales celebrados en países centroamericanos. Poemas suyos se han difundido en revistas de España y México, y en las antologías Invisible. Antología de poesía joven salvadoreña (Venezuela); Las puertas de la madrugada. Antología poética Cuba-El Salvador (El Salvador-Cuba) y En el nombre de hoy (Visor, 2015). Con UMIT se alzó con la VI edición del prestigioso Premio Internacional de Poesía Pilar Fernández Labrador.

 



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