24 Sep 2021

ESSENTIAL HISPANIC POETRY READINGS DOSSIER. CARMEN OLLÉ

-03 Abr 2021

 

ESSENTIAL HISPANIC POETRY READINGS DOSSIER

FIRST SERIES

CARMEN OLLÉ

 

 

EN PRAGA

 

a Giovanna Pollarolo

 

El viento corta el rostro en la estación de Schönfeld,

he podido olvidar que estoy acá, camino a Praga

para pensar en ti desde el Este...

 

Bésame mucho, canta una voz en una radio lejana,

como si fuera esta

la última vez...

 

La música en español nos persigue inútilmente

como si en realidad fuera la última vez.

Mi compañera de viaje duerme sin conocer el peligro.

El tren se separa de Occidente hacia un oscuro

campo, hacia un oscuro destino.

Sólo los vietnamitas

saben a dónde van y para qué.

Nosotras, apenas, a divisar a lo lejos algún

puente sobre el Moldau

o una apacible plaza de rostros lánguidos

y blancos

que no se parecen a Kafka.

Sólo nosotras podíamos caer en un hotel

con ese nombre, Kafka,

habitación número 5

y el Moldau fluye sin flotantes...

 

Ella abre los ojos y mira

melancólica el paisaje.

También huye, pienso, de algún mal de amor...

 

Los gendarmes, duros y verdes, nos detienen,

¿viajeras? Sí, obsesas, como si fuera

la última vez.

Vacío mi mochila, un frasco de crema Revlon

cae, sospechoso, como el color de los ojos asesinos. 

 

Dos solitarias y

el aire parece lleno de fantasmas

una buhardilla alta,  en un viejo edificio

nos tienta

los escritores y los artistas

somos gatos agazapados en los tejados

soñolientos gatos y sabios...

Bravo, has sonreído después de mucho tiempo

en la calle MaláStrana, vieja y barroca,

seguramente Kafka conoció a Felicia en ella

y las delicias de Felicia

el mejor remedio contra el mal de amor

es sobre todo el vino, entonces vamos

paseemos por todas las tabernas

de noche y de día...

No preguntes por Auschwitz, que

está en Polonia...

en Bohemia corta el viento

con lujuria

...el café Mozart tiene sillones de terciopelo púrpura

Y el Moldau fluye pérfido, olvidadizo...

 

 

QUIÉN TE AMA, MISHIMA? 

 

La rutina, esa enemiga si tú y yo

caminamos de la mano

o si tú y yo nos sentamos en un café

a filosofar

filosofía de viejos harapientos

marido y mujer al fin y al cabo,

 

en la Martinica vivió Juan del Diablo

pasé mis años adolescentes en una embarcación de vela

como la de él

la oreja pegada a la radio,

has bajado los párpados cansada de oírme

el mismo tema,

 

fue Morita –entonces digo- el discípulo, quien le

asestó el golpe de gracia ¿sabes? Fue un mal golpe,

 

voces extranjeras se confunden con los

rugidos de las olas

ninguna es como tú, ninguna alcanza

tu pequeñez, querida... y

cómo odio ese sol

a las tres de la tarde

tus ojos vuelven a caer

son los de un dios tibetano.

 

¿Fue sólo el vino lo de aquella vez? ¿Lo crees?

¿Sólo el vino? Acaso fuera el vino

y sólo eso...

pero cada botón de tu blusa era uno menos y uno más

como me gusta

una tanga negra entre tus piernas

un poco así

como me gusta

 

y ya no era yo sino otra

en la goleta de Juan

en la mismísima isla de mi infancia

el sol ya se había ocultado como ahora

las brujas bajaban a mi dormitorio

a recoger los papeles regados

el diablo duende escondido en el empotrado

detrás de la cortina

de noche

mi desidia ha de arrancarte mil dudas

cualquier elipsis por la que mi entendimiento

huye hacia la nada oscura

te hace daño a ti que has vuelto

de la traición al mar,

cruzas el mar con el jeep y cada ola

te hace soltar una carcajada purpúrea

los cabellos llenos de arena

la ropa pegada al cuerpo,

pendes de la absoluta ilusión.

Otra ola más, gritas, llena de dicha

me acerco desde la orilla y trepo

olvidada.

 

¿Qué viajeros, qué poetas se perdieron

en el tiempo, los océanos, los médanos

las hogueras encendidas

el sable en alto,

Morita?

 

 

EL ÁNGEL DORADO

 

Goethe en Leipzig

en el cómic de mis quince años

cruza la esgrima una noche

con su viejo maestro.

Cuántos años después

en Schwabing

mujeres vestidas de leopardo

y en Berlín leopardos del Este.

Entonces

por la Kudam los obreros turcos me hacían adiós

Wohin gehst du, bambino?

 

Ya no eres una muchacha, pensé,

las cejas altas

la boca redonda

el amarillo marchito en la frente

de este prado

y las viejas grúas.

 

Wolfgang de estudiante era un pillo

simpático

yo lo amaba.

 

 

POEMA PARISINO

 

Era el número trece en mi habitación de rue La Pompe, a dos estaciones de George Mandel, en el elegante distrito XVI, donde los bohemios, los negros, los sin tierra habitan los techos de París.

     Aún veo ondear mi toalla taurina en el balcón del séptimo piso y al policía francés que hacía de portero inclinarse sobre la estufa prestada –solo por la niña– aclara.

     La bombona de gas se enciende, contemplo como los hermosos trozos de asado que tomamos sin pagar penden del balcón de mi buhardilla, una botella de vino abierta/ libros / más libros y una máquina de escribir.

     Mi viejo, mi Pessoa, esa edición fabril amarillenta me devuelve el cálido olor de los años estudiantiles cuando supe ser tan ingenua, me envuelvo en el remolino carbónico por las calles de Lima después de cuatro años, el aliento de las flores que ahora se marchitan detrás del Hospital del Empleado y los enfermos, nuevo es el veneno a pesar de la continuidad, mi espíritu ha quedado allá, en un rincón de mi cuarto, acurrucada, leyendo, escuchando el golpeteo de la lluvia porque cuando menor era el espacio podía prescindir del resto y éramos tres batallando a zapatazos, desesperados de besos y caricias en el humo de los gauloises, mi tristeza no era mi tristeza sino el júbilo de una soledad on partage, para decirlo así, con términos igualmente jurídicos, igualmente comerciales, ya que nada estaba dividido en nuestro mundo, los amigos venían, ¡rápido, rápido! Un té, una lata de sardinas, tallarines con atún y pan baguette. Ah, y la teoría, nadie bostezaba, solo el vecino o la portera.

     La puerta de vidrio de mi balcón se vistió de rosado, se calzó botas impermeables color caqui, sacudió largas horas los visillos para otear mejor el tiempo abajo, cuántas veces tu cabeza apoyada en mi hombro durmió agotada, pero quién nos perseguía, quién publicaba cuchillos y rosas con espinas, ¿quién?

Llamaré a este capítulo remembranza, hastío, el pálido sueño.

 

 

ENCUENTRO EN PARÍS CON ALLEN GINSBERG

 

El otoño nos sorprendió en la ciudad de los tejados grises

Un poema que empieza era el día con pie quebrado

Y nuestras imágenes inmóviles como el rostro de una Botticelli

En un verano sin detergentes parecían envases acordonados

En la estación de Austerlitz.

 

El pan había subido de precio en esa atmósfera lúdica

Y Renoir era atrevido y moderno enjuagándose las axilas

En lavatorios de plástico al final del pasillo…

7 pisos sin tazas de mayólica para ahogar la intimidad.

La noche era opaca sin el brillo agresivo de los automovilistas.

 

Por el barrio destartalado suben las muchachas vestidas de negro

Hacia el final del verano,

El prado en Portugal arde y tiene sed…

 

Estación de Austerlitz, nadie limpia las claraboyas en los pasillos,

Verano de deudas,

La risa de una muchacha portuguesa se marchita,

Tiene la mejilla pegada a los radios transistores,

Multiplica sus granos y pecas en la oscuridad

Y el Sena le es perfectamente ajeno…

Pobres les bonnes de Genet, siempre de luto.

 

II

Estoy contigo Ginsberg

Ni en Lima con mi librito de Sandwich

Ni en París sin barba

Ni con tu esbelto Peter Orlovsky

Al estilo de un cheroqui en su noche de bodas

Y el águila va alcanzando la altura deseada,

He podido olvidar tus manos sonrosadas,

                     Y tu vientre combado

                     Y tu nariz curva

                     Y tu calva cabeza soñadora

                     Y tu poema sobre el Plutonio

 

Te abrías dulcemente paso y para escucharte entonar

Baladas gay

Yo te di el paso y una sonrisa que nadie vio

 

Ahora aquí

Bajo distintas presiones

Que no son las de limpiar casas y escaleras ajenas

Cuando salía y me cruzaba a la misma hora con

La niña argelina

 

Frère Jacques

Frère Jacques

 

Aquí

Bajo el influjo de un verso nítido y sencillo

 

La poesía es una cura de la mente

 

De dónde adónde la realidad impertérrita

 

Buenas noches buenas noches

Hoy tienes lengua frita para saborear detrás

De la cerradura

La mujer del llavero desaparece en el retrete sin

Volver la cabeza

 

Noche opaca sin el brillo agresivo de los automóviles

 Y el amor bajo los castaños.

 

El reglamento del inmueble impide morirse

Después de las diez, si eso implica hacer ruido.

 

 

Carmen Ollé (Lima, 1947). Estudió Educación en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Ha publicado los libros de poesía Noches de adrenalina (1981) y Todo orgullo humea la noche (1988); los libros de relatos ¿Por qué hacen tanto ruido? (1992) y Monólogos de Lima (2015); y las novelas Las dos caras del deseo (1994), Pista falsa (1999), Una muchacha bajo su paraguas (2002), Retrato de una mujer sin familia ante una copa (2007), Halcones en el parque (2012), Halo de la Luna (2017) y Amores líquidos (2019). Profesora de talleres de escritura creativa y conferencista en centros y universidades culturales nacionales e internacionales.

 



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