24 Sep 2021

ESSENTIAL HISPANIC POETRY READINGS DOSSIER. TOMÁS HARRIS

-03 Abr 2021

 

ESSENTIAL HISPANIC POETRY READINGS DOSSIER

FIRST SERIES

TOMÁS HARRIS

 

 

MARIPOSAS EN LA NOCHE

 

22° grados de calor

dejo la ventana de mi escritorio abierta;

en una de esas entra una mariposa nocturna

buscando la luz de la lámpara,

pensando atravesar esa luz en busca de su hábitat,

la sombra:

y por querer pasar de la luz a la sombra

se calcina,

y el polvo de sus alas se desparrama sobre

los libros que tengo en la mesa;

por piedad y por amor recogeré esas cenizas

con mis dedos y las dejaré entre las páginas

del libro más a mano: ¿cuál?

Están en desorden, entonces no hay uno

más a mano,

la mariposa nocturna negra

que se calcinó buscando la oscuridad,

tendrá su tumba luminosa entre las páginas

del libro que por ahora leo, o quizá solo hojeo;

su tumba será entonces

la buena o la mala costumbre entre leer

y hojear un libro, siempre que esté cercano

a la ventana abierta por el calor,

a la ventana abierta donde, mágicas, entran

a mi escritorio, algunas mariposas nocturnas

atraídas por la luz de mi lámpara fatal.

Inédito

 

---

 

La vida a veces toma la forma de los muros.

EFRAÍN BARQUERO

 

 

BAJO LA SOMBRA DE UN MURO ENCALADO

 

Bajo la sombra de un muro encalado,

entre las consignas eróticas, apenas nos

rozábamos los cuerpos. No sé si previo a todo

ya estábamos condenados.  Había más cuerpos

entre nosotros, no sé si muchedumbres,

Pero no estábamos solos. (Yo entonces recordé

que Genet quería que la representación teatral

de Las sirvientas fuera personificada por

adolescentes pero en un cartel que permanecería

clavado en algún vértice del escenario se le

advertiría al público la investidura y la ficción)

pero no estábamos en el teatro: yo quise tomarte

el cuerpo en la oscuridad; había más cuerpos

entre nosotros, no sé si muchedumbres; los cuerpos

tenían ojos los cuerpos no tenían ojos: jamás sabré

si había ventanas o si estábamos a la intemperie;

es una barraca como las de Treblinka dijo alguien,

pero yo escuchaba como en onda corta los sonidos

de la ciudad. Nunca sabré si hubo una ventana,

pero se filtraba sobre el muro blanco el fulgor

verde de un aviso luminoso y en el delirio que

acompaña al amor, en el delirio impune en que

terminábamos todos, comenzamos a imaginarnos cosas:

yo, en la penumbra, te abrazaba el cuerpo pensando

que te abrazaba el cuerpo en la claridad: el letrero

luminoso verde del Hotel King sobre el muro

era el único sol.

 

 

FRENTE A UN ESCENARIO VACÍO

 

Estábamos en el teatro. No estábamos en el teatro.

El teatro era la ciudad y la ciudad era el Mundo.

Pero el mundo era una barraca como las de Treblinka.

Esas sirvientas que nos traen la comida

son adolescentes rubios

disfrazados de carceleras dijo alguien, entre la muchedumbre,

porque estábamos en el teatro; pero no estábamos en el teatro:

estábamos en la ciudad y

el letrero luminoso verde del hotel King

era el único sol.  Igual yo escuchaba los sonidos de la ciudad

como en onda corta, en la lejanía, tras los

muros blancos. La vida tomaba la forma de los muros

y el letrero luminoso verde refractaba

sobre la forma de los muros, como único sol.

A veces, por las noches, desaparecían aquellas refracciones

enrarecidas, porque llovía. Pero siempre llueve

en Concepción. Entonces todos somos prisioneros lívidos, empapados,

porque Chacabuco 70 está llena de goteras

y todo el edificio se llena de agua, tanta agua.

Pero no estábamos en Chacabuco 70.

Nuestro Mundo es una barraca, como las de Treblinka

dijo alguien entre la muchedumbre empapada;

pero no estábamos en Treblinka. Estábamos en el teatro:

en Chacabuco 70:

un cartel que permanecería clavado

en un vértice del escenario vacío

se lo advertía al público.

 

 

EL LUGAR DE LA TRAGEDIA

 

Inscribíamos en los muros, como primitivos cristianos

mensajes de dolor, peces agónicos como éramos en la lluvia

que se filtraba por los techos agrietados de Chacabuco 70

como los desgarrones de cada desgarradura abierta en

cada cuerpo que deseaba y no podría saciar

esos deseos, porque el tiempo, porque la lluvia, porque los muros, porque la amenaza, pan ácimo

de cada día, líbranos señor de los subsuelos te rogamos

de los subsuelos de los hoteles clandestinos,

líbranos por un día una noche o un instante

como el del orgasmo tan ansiado y que se demora,

como la libertad como un hilo de luz;

líbranos de estos muchachos rubios rapados  investidos

de carceleras que nos conducen como en Treblinka

no sabemos bien adónde, porque los murmullos de las muchedumbres

no nos dejan dar con la verdad si hay verdad si hay

piedad, si existes, señor de los subsuelos de nuestras mentes

ya tan ateridas y los sueños, sobre todo los sueños

o no son sueños,

son representaciones teatrales donde San Genet

es el Dios y las carceleras esos muchachos rubios rapados

investidos de Las sirvientas que sirven al poder indecoroso

de las luces, las tablas y la representación,

aunque nos lo hayan advertido 7 veces 7

que son solo impostura y representación: porque estamos en Tebas

porque estamos en el teatro de la ciudad de la Tragedia y sus márgenes anegadas

aunque la ciudad y sus márgenes y la lluvia

sea nuestra única realidad, solo representación:

arte y más arte, pero un arte fétido,

el arte de estos años crucificados, el arte

de este tiempo de comediantes y mártires

bajo la lluvia inclemente que no cesa de empaparnos

esa cosa inexacta que algunos por acá, en la barraca, susurran

dicen, alma.

 

 

BALDÍO

 

Son siempre cargados de imágenes reiteradas

los crepúsculos en los baldíos. Sin forma humana

en pura tierra modelados, en pura lluvia desmoronados,

extendidos en puro barro  y en desechos vegetales

desprendiéndose de las laderas donde no baña esta

porción de mundo el sol, donde refracta la pura

agonía del sol, la pura fala de forma humana

en los lugares señalados.

La Historia termina en los baldíos. Nuestras pupilas

ensanchaban la agrimensura del espacio y la boca

balbucía un deseo entrecortado, a lo más la mente

imaginaba un cuerpo imposible en la disociación

roja del sol y la tierra.

Son siempre cargados de imágenes repetidas

los crepúsculos sobre los baldíos. Nuestros cuerpos

se densificaban con la sombra advenida, se hacían

vegetal con los vegetales podridos, se mineralizaban

en el instante vacío de la noche, adherían a la

dispersión del humus en guedejas blancas hacia el

agujero de la noche; o aguardaban, como si de los

zócalos de la noche se derramaría esa agua final

de la que no hablaban las imágenes, esa agua final de los

mitos y de los sueños que restañaba con la limpidez

de una nueva forma humana los lamparones morados

de nuestros cuerpos.

 

De Muros blancos.

 

 

Tomás Harris (La Serena, Chile, 1956). Su obra podría caracterizarse a partir de tres rasgos fundamentales: su marcada visualidad, su carácter intertextual y el ser una indagación literaria en el horror cotidiano. Considerado como uno de los autores más destacados de la generación de poetas de los años ochenta, ha desarrollado una obra abundante y coherente, reconocible en su propia concepción de la poesía. Desde sus inicios, la obra poética de Harris abordó la ciudad como tema principal. Por ello su primera obra se ha vinculado con Concepción, donde en 1981. Fundó la revista literaria universitaria Postdata. En 1982, publicó su primer poemario La vida a veces toma la forma de los muros y tres años más tarde comenzó a concitar la atención de la crítica por la publicación de su obra Zonas de peligro, que la especialista Soledad Bianchi ha considerado como "una de las construcciones poéticas más interesantes y novedosas de la literatura producida con posterioridad al golpe de estado" (Bianchi, Soledad. "Tomás Harris: Abordar la Forma de lo inasible", Mapocho, (41):224-228, primer semestre 1997). La positiva recepción de la crítica para la obra de Tomás Harris se consolidó en 1992, cuando recibió el Premio Municipal de Poesía de Santiago por su trabajo Cipango. A partir de este título, su poesía continuó desarrollando el tema del viaje e inició un diálogo textual con las crónicas de Indias y otros relatos, construyendo así una "antiépica" latinoamericana, marcada por su carácter narrativo y por el uso de monólogos dramáticos. En 1998 obtuvo en Premio Casa de las Américas de Cuba por su libro “Crónicas Maravillosas”.

 



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