24 Sep 2021

226. POESÍA COLOMBIANA. LAUREN MENDINUETA

-09 May 2021

 

DESEO DE NADA

 

Todavía es temprano.

Mil noches han caído sobre la tierra,

y otras mil cayeron antes,

pero aún no es tarde.

El viento arropa con tanta fuerza la casa

que se diría una madre enloquecida de amor.

Pero el viento no puede amar.

Tengo miedo.

El mar no está lejos de aquí,

y yo soy esa misma arena sobre la que caen

furiosas, incontenibles y enajenadas las olas.

Más allá, en el centro mismo de la tormenta,

mi ojo busca las razones de tanta rabia.

Tengo ganas de azotar a la noche

hasta verla sangrar.

Deseo hasta el infinito

poseer algo que jamás se entregue.

 

 

LOS CIRCOS DE PUEBLO

 

                        Para Armando Romero

 

Un payaso gordo y mutilado,

otros a los que no les faltaba nada, salvo la gracia,

varios enanos, un gigante, el hombre bala,

un mago torpe y una joven funámbula.

Yo me acercaba a los once años

cuando aquel circo de maravillosa tristeza

llegó a mi pueblo.

La niña que caminaba sobre la cuerda debía tener mi edad.

Sí, era mujer aquella niña del circo,

su pecho era plano como el de un buitre desnutrido,

pero en su mirada afloraba un ave exuberante.

Era menudita aquella cría de buitre

y casi parecía natural verla caminar sobre la cuerda floja.

Era un circo pobre, para los hijos de los pobres,

y con descaro feliz los payasos pregonaban:

“¡Esta noche a las siete

no se pueden perder el mayor espectáculo del planeta!”

“¡El circo más famoso del mundo,

los invita a una única función!”

Así lo anunciaron noche tras noche,

y los niños y las niñas noche tras noche creímos que era cierto.

En esto consistía el milagro:

en los payasos que mentían y amaban su mentira descaradamente.

Y en aquella avecilla salvaje disfrazada de bailarina,

la pequeña funámbula que caminó en nuestro pueblo

sin llegar a pisar tierra,

y sobre todo

en las boletas mágicas de pague uno y entren dos

y en esas funciones únicas

repetidas noche tras noche.

Ha pasado un cuarto de siglo desde aquella visita del circo

y sin embargo pocas cosas han cambiado,

la niñez sigue siendo un sueño enamorado de sus mentiras

y la vida con sus personajes de inexplicable extrañeza

continúa pareciéndose al milagro triste

de los circos de pueblo.

 

 

EL REGRESO

 

Mi madre a los treinta

era una joven de ojos grandes,

agobiados,

cargados de urgencias que yo no comprendía.

Entonces nada me asustaba tanto

como la posible tiniebla de su abandono.

Por eso iba tras ella a todos lados,

como un bicho perseguía su luz.

El pueblo,

su campanario y las solteronas arcaicas,

danzarinas de las hogueras de San Juan,

nos parecían tan tristes

que ansiábamos irnos a otra parte.

Claro que todo estaba dispuesto

para obligarnos a permanecer allí.

Por eso mamá

leía para mí historias de otros mundos,

de ciudades lejanas pobladas de héroes y villanos

o de animales que hablaban en nombre de la virtud y el vicio.

Pero cuando llegaba la hora de la cena

ella volvía resignada a la cocina para preparar la mesa,

dejándome casi siempre con el libro en las manos.

Cómo podía saber ella,

pobrecita mamá,

que regresar de aquellos mundos

a mí me llevaría una vida.

 

 

PANDORA

          Esperanza esa cosa con plumas—
que se posa en el alma—
y canta una melodía sin palabras—
y nunca se detiene—totalmente—
EMILY DICKINSON

 

Hoy que todo parece escaso,

y los motivos para seguir se elevan

como una nube de moscas,

me siento a la mesa junto al papel,

los lápices,

las tijeras,

el ordenador.

Y las manos,

flores recién cortadas,

altivas en un jarrón,

son incapaces de no decorar,

sólo decorar pueden,

qué más que decorar.

En el paso hacia lo irremediable

el lodo de mis errores me sepulta.

Sé que hasta el color resiste rebelde bajo tierra,

pero no la luz.

¿Y si ahora mismo

después de cavar el foso

me clavo las tijeras?

Me atrae este rayo de luz

que resbala seductor sobre el filo de sus hojas.

En la mesa

el papel, los lápices, el ordenador,

y un poema que antes no existía.

Los motivos siguen elevándose

como una nube de moscas,

pero algo ha cambiado:

otra cosa con alas,

no mucho más grande que un insecto,

desciende a mi alma.

 

 

UNA VISITA AL MUSEO DE HISTORIA NATURAL

 

Un esqueleto. Un dinosaurio. Un fósil.

Una piedra también me interesa.

Largos corredores,

lámparas de luz fosforescente y fría.

Un meteorito. Un cuarzo gigante.

Otro fósil.

Una sala detrás de otra.

Todo antiguo y novedad.

Y sin esperarlo

mi propio rostro me sorprende.

¿Ya tengo edad

para encontrarme en una vitrina?

Fosilizada, pero no sola.

Gentes que me fueron familiares,

amores que no volverán,

todo grabado en piedra.

Como de otro planeta,

todo.

El amor como un dinosaurio,

fosilizado.

El amor como un animal extinto:

familiar y extraño a un tiempo.

Todo tan doméstico y lejano,

tan de otros ámbitos y, sin embargo,

como si perteneciera al museo.

El reflejo de mi rostro en la vitrina iluminada,

su gesto sorprendido,

y en mí,

los deseables estragos del tiempo.

 

 

HABITACIÓN JUNTO AL MAR

(Edward Hopper)

 

El cielo no tiene otra ocupación

que la de llenar mi ventana.

A pesar de la estrechez de mi visión

reconozco la omnipotencia

                que todo lo baña:

                El tiempo.

¿Cuando pienso en el pasado me parece una enfermedad?

Lo cierto es que mi cuerpo

                                            va a lo irremediable

y el mundo se arrastra

                                     con sorprendente descuido.

Acepto la muerte indesterrable,

la mañana conmemora el regreso de su reino.

Disfruto la blancura manchada de las sábanas

que ondean sobre el aire

sin pretender eternidad.

En los cuartos vacíos el tiempo transcurre

                                               sin reproches;

es un cuadro perfecto:

carece de imágenes.

 

 

MÁS EXTRAÑO QUE EL PARAÍSO

 

¿Qué se me dio en propiedad?

Ni siquiera el cuerpo

que brotará generoso de la tierra.

 

De la niebla de la nada

a la adquisición del universo

¿dónde estabas, Dios mío?

Estoy entregada

a la más despiadada indiferencia.

 

Bebo un vaso de agua que anticipa

mi futuro verdor.

Seré perfección

cuando nada quede en mi lugar.

 

 

UNA MUJER QUE CONOZCO VUELVE A SU PATRIA

 

Ella, después de muchos años,

vuelve a su patria.  

Regresa a lo que ya no conoce.

Y en seguida,

al ver aquello que la recibe

siente, en alguna parte de lo que aún es suyo,

que lo amado mudó de lugar.

Detrás de la artificial frontera,

tras el muro hace poco caído,

no ve campos arrasados ni cadáveres,

sólo odio en las copas levantadas

para festejar el regreso de los valientes. 

 

 

ANTIGUA MORADA

 

La infancia viene de muy lejos,

de un lugar muy antiguo,

de una casa abandonada en el mundo.

Lo cumplido en aquellos años no demora.

Demasiado vieja el alma,

milenaria en su forma,

termina por imponer

su voluntad de retiro.

El resto de la vida nos queda

para fijar su extrañeza,

la severa distancia impuesta

por su crueldad inabarcable.

 

 

ALGUNOS RECUERDOS DE LA CASA

 

Recuerdo la ventana verde espiando al mundo,

muy discreta y silenciosa

abierta o cerrada como un corazón.

Recuerdo la cocina y sus ritos crueles,

el pescuezo de una gallina en las manos de mi madre,

los cuchillos custodiando la mesa.

Recuerdo que entonces nada me unía a la casa

ni un golpe demoledor

ni una alegría memorable,

nada.

¿Será por eso que hoy no puedo abandonarla?

En las fotos de esa época parezco muy joven y lo soy,

no sabía que la mano del mundo ya me había alcanzado

—sólo se es joven mientras podemos ignorarlo—.

Recuerdo la ventana verde

discreta y silenciosa.

El resto de la casa

habitaciones blancas repletas de gritos.

 

 

Lauren Mendinueta (Barranquilla, Colombia, 1977). Poeta, ensayista y traductora del portugués. Ha publicado ocho libros de poesía editados en Colombia, México, España y Portugal. Premio Departamental de Poesía del Ministerio de Cultura de Colombia (1998); Premio del Festival de Poesía de Medellín (2000); y Premio Nacional de Ensayo y Crítica de Arte del Ministerio de Cultura de Colombia (2011). Además, ganó en España los premios internacionales: Martín García Ramos por la Vocación suspendida (2007) y el Premio César Simón de la Universidad de Valencia por Del tiempo, un paso (2011).  En el 2013 ganó el premio de poesía Barranquilla Capital Americana de la Cultura. Su libro Una visita al museo de historia natural y otros poemas fue publicado en Barcelona en 2021. Ha sido incluida en más de una veintena de antologías europeas y americanas. Vive en Lisboa, donde desarrolla una intensa labor de difusión de la poesía colombiana.



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