06 Ago 2021

246. POESÍA ECUATORIANA. ANA CECILIA BLUM

-13 Jun 2021

 

ACTO DE RESISTENCIA

 

Los otros que me habitan, con sus historias,

lamen la tierra pegada a mis huesos,

bebo de sus gritos

voces nacen del rescoldo

insisten en perpetuar con tinta 

aquella realidad que me interroga

hacen olas con la cruda luz de sus cavilaciones,

entre mis labios no hay olvido

mientras recibo los azotes del sol en la mirada.

 

Existo por las líneas que brotan de la mano

albergue en la gruta de las evocaciones

aullido que colgado de mi lengua salta hacia el oyente

invitación a crear en una dicción mojada de infinitos.

 

 

ESCONDERSE A LA PALABRA LEVANTADA

no es opción de transitares

piedra insobornable la memoria

la voz se dobla ante su amo

envía en la postal del viento aquel itinerario 

de urdimbres esenciales

polvo del que se hace la legión de una protesta.

 

 

CONCEBIR UN ESCRIBA  

con los pétalos del viento

entre una tierra dividida 

y la entera vía láctea

se hacen las sombras del andante.

 

Vientos sumados al ahínco de mis voces 

para revelar, para resistir,

no solo lamentarme.

 

Porque hay un río bravo en la garganta.

Porque hay un hueco de muerto en la garganta.

Porque hay un desierto enfermo en la garganta.

 

 

TUVE UNA CASA QUE LATÍA EN UNA ISLA,

la isla era mi ojo, la casa era mi vientre,

los pájaros llegaban, las buganvilias crecían, 

las piedras del patio eran piedras que yo conocía

y me hablaban.

 

Una palabra fuimos frente al mar la isla, la casa y yo. 

Yo, la otra isla.

 

A esta hora, de país quebrado en el bolsillo, 

solo pesan los vestigios vencidos por el aire

y la utopía que uno se inventa 

para no desfallecer.

 

 

VIDA QUEMADA EN LA COSTUMBRE DE LA BOCA,

brújulas que fueron las mismas fiebres,

ceremonias repetidas como jaulas.

 

El trecho que se anduvo siempre nos anda,

se junta cada ruta en la telaraña de las venas,

son sílabas gritando bajo la partitura de los pliegues.

 

 

ATRÁS QUEDÓ EL POLVO QUE REGISTRÓ LOS PASOS,

la escuela encalada entre las lomas,

el beso bajo el ceibo acomedido,

la tarde conocida en la única placita.

 

Llené la maleta de mano con la vida,

escondí billetes adentro del zapato,

perseguí a la muerte por el sueño  

y con los ojos humedeciendo el aire

sin voltear a ver al que se queda,

se hizo el ritual de la distancia,

se hizo la ruta incurable de la huida.

 

 

LA AUSENCIA ES UN LABIO SECO,

quejas en las huellas,

manos mordidas por olvidos,

lunas encendidas sobre el pecho.

 

De este lado el invierno va cayendo,

el invierno es vengativo

y tu espectro se viste de los hielos.

 

 

TODO SABE A MAR, BAMBOLEO DE SAL  

en el paladar del horizonte

invita a subir el futuro en un navío, 

con la humana certidumbre

tan necia como imperturbable.

 

Mar, agua de engaños, 

agitación perversa que resuelve hundir

las convicciones.

 

 

TODO SABE A AIRE,  

anhelos invisibles sostienen las alas

trámite agarrado de un hilo, 

moneda debajo de la mesa,

debajo de la lengua.

 

El amigo del amigo sabe de alguien, 

la cita en las oficinas del Imperio,

un trajecito prestado o el mejor que tienes,

las respuestas ensayadas, la larga espera,

el silencio tiene ojos azules.

 

Te traspasa un sello como una puerta de entrada.

 

Feliz vuelo.

 

 

TODO SABE A POLVO,  

dios que da vida y también mata.

 

Cuando es de día el calor del desierto quema.

Cuando es de noche el frío del desierto quema.

 

El cansancio se lleva la cordura y 

el caído desespera, 

confunde la tierra por el agua.

 

Nadie para limpiar 

las piedrecillas incrustadas en la lengua

para bajar 

el hueso del índice apuntando el norte,

para registrar 

las letras nueve meses pensadas por la madre,

 

Nadie para anotar en la pupila 

las últimas palabras.

 

El desierto se hace de soledades,

soplo de llama quemando

soplo de hielo quemando 

en alba o en crepúsculo.

 

 

CORREN RÍOS ENTRE LAS SIENES,

visión de sed calando el juicio,

afuera la tierra estéril, 

el sol pariendo su fuego,

la gota de la vida evaporada

 

y tú adentro el pasto verde

y tú adentro la cascada.

 

 

TE DIJERON NO VAYAS,

la muerte salió antes que vos, ladina,

con su disfraz de abuela buena.

 

 

Ana Cecilia Blum (Ecuador, 1972). Poeta, ensayista y narradora. Licenciada en Ciencias Políticas y Sociales, Universidad Laica de Guayaquil. Post-Grado en Lengua Española, Universidad Estatal de Colorado, USA. Maestría en Escritura Creativa (Universidad de Salamanca, España). Es autora de seis libros de poesía, compiladora de varias antologías, profesora de español y editora de la gaceta literaria Metaforología. Sus libros de poesía son: Descanso sobre mi sombra (1995); Donde duerme el sueño (2005); La que se fue (2008); La voz habitada (Co-autora, 2008); Libre de espanto (Poesía y Prosa, 2012) y Todos los éxodos (Antología Personal, 2012). También Poetas de la Mitad del Mundo. Antología de Poesía escrita por Mujeres Ecuatorianas (Co-Antóloga, 2013).

 



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