03 Dic 2021

39. SEBASTIÁN MIRANDA. MARIO MELÉNDEZ

-13 Jun 2021

 

PARA QUIENES LLEGAMOS TARDE AL ENTIERRO DE LA MUERTE:

RESEÑA DEL LIBRO LA MUERTE TIENE LOS DÍAS CONTADOS,

DE MARIO MELÉNDEZ.

 

Por Sebastián Miranda Brenes

 

¿A quién se le ocurre hacer una bitácora sobre el final de un Ser que nos parecía inmortal? De alguien que siempre nos ha puesto contra las cuerdas del dolor, pues es quien tiene la dura tarea de conducirnos hasta el barco de Caronte para hacernos cruzar el río que nos conduce a ese otro sitio tan desolado, tan misterioso, que nos ha ocupado intelectual, emocional y espiritualmente desde los inicios de todas nuestras civilizaciones.

¿Quién ha tenido el coraje de hurgar en la vida privada de este Ser responsable de abrazarnos en los últimos respiros, y que siempre nos han infundado miedo sobre su figura y nos han dibujado como alguien desalmado, que ha tenido la difícil tarea de ver desaparecer a los más nobles, y el placer, sin duda, de ver acabarse a los más déspotas y criminales?

¿Quién se hubiera atrevido, como otro ser inmortal y mítico, a recorrer por el álbum de vida, como el más paparazzi, de la figura pública más odiado de cualquier era, pero igual de omnipresente que el mismísimo Dios? 

Por último, quién hubiese osado a poner a esta figura que carga siempre con su guadaña y harapos, una fecha de caducidad, como si fuera un alimento enlatado, y cruzarse de brazos, para mirarla frente a frente, y decirle con un tono diplomático, pero irónico: Estimada Muerte, tenés los días contados.

El Ser al que me refiero, que, en sus fotografías de internet, refleja cierto aire fantasmal, pero benevolente, se llama Mario Meléndez, quien ejerce su labor periodística para contarnos sobre el más ínfimo detalle de la vida de la señora Parca.

Así, al inicio de un libro de poesía, de corte documental, que serviría de guion para hacer una película muda de cine negro, nos presenta el nacimiento de una niña, fea, que al mirarla la envolvía una luz endiablada, y te dejaba con la sensación de un dulce escalofrío de eternidad.

—¿Cuál fue su sensación al verla después del parto?— le preguntó Mario a la MadreMuerte durante su labor investigativa.

A lo que ella respondió:

—Recuerdo que era tan fea como las gordas de Botero. Y me dije: No durará mucho. Pero ya ve como son las cosas, con los días se hizo una bebé robusta, y hasta Dios terminó cambiándole los pañales. Y en contra de todos los pronósticos, fíjese usted, ya ha vivido una eternidad.

Pero a la Muerte, siempre violenta, no le gustó la intromisión de este periodista que husmeaba en las cuestiones de la eternidad, así que un día de tantos, ella lo siguió hasta que, en una calle solitaria, tomó a Mario por la espalda y le apuntó con su revolver a la cabeza, y en un intento de asalto lo insultó, y le pidió todo lo que traía. La Parca al percatarse que Mario no era más que un poeta, lo golpeó con la culata del arma, y lo dejó tirado en la acera, advirtiéndole que dejará de entrometerse, o si no le saldría caro.

Las amenazas al parecer fueron en vano, pues Mario siguió su labor, y su libro ya tiene cuatro ediciones distintas, la última con la editorial New York Poetry Press, donde su propietaria al parecer ya no duerme por las noches, por temor a que la Muerte tome represalias contra ella, por la osadía de volver a publicar un libro que la Parca tacha de difamatorio.

Pero no voy a caer en chismorreos literarios, mejor vuelvo al trabajo del señor Meléndez, quien pasó su niñez viendo pasar ataúdes y sepelios, y jugaba con muñecas de manos fría que le señalaron que la Muerte envejecía debajo de su cama. Durante las noches ella les contó que, al igual que María, lloró a los pies de Jesús cuando estaba en la cruz. 

Al parecer estas pequeñas de ojos de vidrio, le dieron a Mario la información suficiente para escribir textos apócrifos, que sin duda, en un futuro cercano, serán incluidos en un nuevo testamento. Y escucharemos durante los evangelios algo así como: …y la Muerte le dijo a Jesús:

Acuérdate de mí cuando estés en tu reino/…/y al instante quitaré la lanza de tu costado/ y esos clavos que desangran tus manos desaparecerán/ y esa corona de espinas se hará polvo/…/ esos turistas japones con sus cámaras infernales/ el centurión con cara de gay…/ todos se irán al más allá sin boleto de vuelta.

Y Cristo vio a la muerte colgada junto a él/…/entonces pidió a su madre que le cerrara los ojos.

(Palabra del señor, te alabamos señor Jesús).

Y está más que claro que en estos evangelios, el señor Meléndez no desaprovechó la oportunidad para poner en evidencia a esos comecuentos que no dejan pasar una triste escena para lucrarse con ella, esos malditos paparazzis, o esos personeros de la televisión satelital o esos chupasangre del CNN, que utilizaron el evento para tachar a Jesús y a la Parca de cerdos comunistas, que atentan contra las bendiciones del libre mercado.

Fue cuando indignada la Parca decidió resucitar al hijo de Dios, para callarles la boca, mientras ella aprovechó la conmoción para subir ante la presencia del Padre, y se olvidó de sus amigos, quienes le reclamaron por dejar sus nichos vacíos, y la señalaron de facilona por irse con un extraño que terminó por engañarle. Ante los señalamientos y la infidelidad del Señor, la Muerte decidió retornar, no sin antes vengarse de Dios, por lo que le robó sus zapatos, el mismo día que los medios sensacionalistas publicaban en los diarios:

“TERMITAS SALVAN A CRISTO/DE MORIR CRUCIFICADO”

“EL EXAMEN DE ADN RESULTÓ NEGATIVO/CRISTO NO ES HIJO DE DIOS”

[El Señor esté con ustedes - y con tu espíritu].

 

Es en este punto donde Mario Meléndez se percata que la Muerte tiene los días contados, que pronto le llegará su fin, y se entera de que Ella es también consciente de esto, pues durante la minuciosa investigación siguió algunas pistas hasta que la descubrió borracha en un bar de la periferia de Santiago, con la casaca de su equipo de fútbol desgarrada por la violenta celebración del campeonato. Bajo su vaso Meléndez encontró su testamento y un autorretrato a modo de poema que pudo leer con detenimiento.

Luego la vio salir del bar, se arrastraba inconsciente con las rodillas rotas. Al igual que Chuang Tse se soñaba mariposa, aunque avanzaba como una oruga mal estripada, hasta la casa de Benedetti, hasta tocarle la puerta a Michael Jackson al que le ofreció una tremenda oferta de despigmentación, mientras sacaba de uno de sus bolsillos la oreja de Vincent y le decía al oído que vendiera a su maestro.

—Me confundes con Judas querida— le dijo Michael apartándola pues no se soportaba su olor a licor añejo—.

—Lo siento señor Jackson, es que estoy preñada de Dios. Intenté convencer a mi ángel guardián que era de él, pero no me creyó. Mis disculpas de nuevo señor Jackson, me voy a mi funeral.

Esta conversación quedó registrada en una grabación que el señor Meléndez consiguió gracias a un micrófono oculto que pudo poner en la túnica ajada de la Parca. Increíble premisa consiguió Mario para su reportaje.

Una vez que la Muerte terminó con su muerte, Mario se coló a las honras fúnebres. Ahí escuchó a la madre decir a una de las tías:

—Recuerdo que de pequeña ella quiso ser Rimbaud.

—A mí me dijo que le hubiera encantado ser Salomé —replicó una de las tías—

—Yo no olvido esa manía de andar repitiendo esos versos de Shakespeare —dijo un primo—

—O cuando se le metió entre ceja y ceja que quería ser Blancanieves —dijo otro—

—Siempre llevaba un gato sobre sus espaldas —mencionó un amigo cercano—

—Un tiempo solo podía andar con camisa de fuerza —se reía su mejor amiga—

—En nuestro último aquelarre se metió de colada —dijo la bruja del pueblo, y todos rieron a carcajadas—

—Ya no hay respeto ni por el cadáver de nadie —dice para sí mismo Mario Meléndez frente a una sinagoga en llamas—

Antes de su fin la Muerte rondó por la Plaza silbando un tema de Piazzolla.

Antes de su fin la Muerte entró a la capilla donde velan los restos de Dios.

Antes de su fin la Muerte diluyó en agua bendita a unos niños que saltaban ese extraño ataúd.

Antes de su fin la Muerte se volvió vegetariana, se sentía gorda y desaliñada.

Antes de su fin la Muerte hizo llorar a Dios al confesarle que Cristo no era su hijo.

 

Todos estos datos antes mencionados pueden leerse de este reportaje elaborado por el periodista Mario Meléndez, que ahora está parado a las puertas de un cementerio vendiendo su libro y paquetes de tour al Patio 29, a Auschwitz, a Grimaldi o a Londres 38, a quienes por alguna razón llegamos tarde al entierro de la Muerte.

Y fue testigo de los últimos suspiros, de los últimos balbuceos que la Parca dio levantando torpemente la mano.

 

 

Mario Meléndez (Linares, Chile, 1971). Estudió Periodismo y Comunicación Social. Entre sus libros figuran: Apuntes para una leyendaVuelo subterráneoEl circo de papelLa muerte tiene los días contados, Esperando a Perec y El mago de la soledad. Parte de su obra se encuentra traducida a diversos idiomas. Durante varios años vivió en Ciudad de México, donde dirigió la serie Poetas Latinoamericanos en Laberinto ediciones y realizó antologías sobre la poesía chilena y latinoamericana. A comienzos del 2012 fija su residencia en Italia. En 2013 recibe la medalla del Presidente de la República Italiana, concedida por la Fundación Internacional don Luigi di Liegro. Durante el periodo 2014-2016, dirige dos colecciones de poesía latinoamericana para Raffaelli editore, en Rímini. Una selección de su obra apareció en la prestigiosa revista Poesia de Nicola Crocetti. Al inicio de 2015 es incluido en la antología El canon abierto. Última poesía en español (Visor, España). En 2017 algunos de sus poemas aparecen traducidos al inglés en la mítica revista Poetry Magazine de Chicago. En 2018 regresa a Chile para asumir como editor general de la Fundación Vicente Huidobro.

 

Sebastián Miranda Brenes. San Pedro de Barva Heredia, Costa Rica (1983) Escritor, gestor ambiental y cultural. Perteneció al Taller Literario Netzahualcóyotl de Heredia. Fue miembro fundador de la Asociación Cultural TanGente, con quien organizó el Encuentro Arte Comunidad, proyecto que formó parte del Corredor Cultural TransPoesía, entre Argentina, México y Costa Rica. Entre el 2010 y el 2015 participó en los Festivales Internacionales de Poesía de: Habana; Cuba, Quezaltenango; Guatemala, Granada; Nicaragua, San Luis Potosí; México, San Cristóbal de las Casas; Chiapas México, Mendoza-Buenos Aires; Argentina. Ha realizado lecturas individuales en Santiago de Chile, Lima; Perú y Ciudad de Panamá. Libros: Antimateria, México, 2013, Sudor de la morfina, Costa Rica, 2020, Postales, 2020, Inéditos: InflexionesMatrices y El mar cabe en tus ojos. Participó en la Antología de Poesía Costarricense, traducida al italiano, publicada en la Revista Proa, Italia, 2012. Poemas suyos han sido traducidos al Kanada; idioma de la India. Además, sus poemas han sido publicados en revistas virtuales de América Latina. Actualmente es colaborador de la revista digital Ni pena ni miedo, del diario Más allá de la cortina.

 



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