24 Sep 2021

41. SILVIA ELENA. CAROLINA CAMPOS

-01 Jul 2021

 

HELECHOS EN LOS POROS

Carolina Campos Solís

 

Colección

Tránsito de fuego

Poesía centroamericana y mexicana

(Homenaje a Eunice Odio)

Vol.15

Nueva York Poetry Press

 

 

 

Prefacio

  

Carolina, escritora y mujer audaz, se asomó hace ya varios años en una ventana de mi computador, con la sensatez que solo es posible cuando la curiosidad es tan sincera que las palabras no saben cómo dormir entre la rutina. Así la conocí, o más bien fue ella, quien me invitó a dar los pasos necesarios para que la poesía, vieja conocida, tuviera aún más amplitud y ecos. Así sensata y atrevida, con todas las interrogantes y las certezas necesarias, escribe Carolina Campos Solís.

Gestar, brotar, nacer, verbos terrenales y femeninos, describen algo que se rompe para dar paso a la vida. Ante el espejo y el recuerdo,Carolina que es magma, se multiplica devenida en partículas como versos. Como la grieta en la pared de donde nace terco y perseverante el helecho silvestre, fractura deseada y sin cura, es el camino al que nos invitan los poemas que habitan este libro. Son una pausa en la cotidianidad para entender desde adentro cómo se transforma la vida mientras la recorremos.  

Este poemario es una casa. La autora se ha visto muchas veces las paredes de la piel, y ahora no las rasga, las convierte en nido, espacio que invita al silencio y la calidez. Origen, familia, sexualidad y justicia social no son tópicos del discurso, o las preguntas existenciales de una poética en construcción, más bien forman la ontología de la Mujer Volcán.

Esta ópera prima que pudo ser llamada de tantas formas, es sencilla, no se ocupa de las pretensiones y nace, se mira a sí misma y toma su lugar naturalmente. Mi invitación a leer el libro es subjetiva y no tan hermosa o exhaustiva como debería, se escribe como Carolina me ha enseñado a transitar: desde la admiración de colega y el amor de amiga.

¡Provecho! estimadas y estimados lectores.

 

Silvia Elena

Pérez Zeledón, 2021

 

 

AUTORRETRATO EN TRES TIEMPOS

 

I.

Soy demasiado humana

ante los abismos más fuertes

mamá es todavía remedio infalible

y maga espanta infiernos

  

II.

Papá me enseñó a querer los abejones

cómo se quieren las lluvias de mayo

por su vocación anual

Así quiero las cosas que me visitan por temporadas

las frutas, las dudas

y mi sangre paralela a la luna

A veces me quiero yo por temporadas

como quien celebra la llegada de los insectos

honrando su ciclo de vida

Papá me contó que no estaban hechos para volar

yo, amparada al celofán de su magia, creo

que los abejones sembraron sus propios mitos

y entonces así

                                    volaban

 

III.

Me construí explorando los canales de la piel

me crecieron las manos, jugaron con barro y con madera

buscando el cielo las volví hacia adentro

y me abrí túneles que bordearon la censura

                                          

                                                mujer laberintos

 

Soy todos los fragmentos

que recogí en el camino

para reconstruirme desde los pies

 

                                                hasta el vientre

 

 

MIS PIERNAS SE HAN CUBIERTO DE HERRUMBRE 

 

I.

Encallé

con surcos en la espalda

y memorias tejidas por sangre.

 

Aprendí propios los vacíos de mamá;

ahora me raspo las heridas

                        mi lengua las barre,

invocando la saliva redentora.

 

Distingo a lo lejos los dolores de papá;

veo su ternura reducida mientras

lucha;

 

finge que no duele.

  

II.

Mientras las olas tocan mi piel

quisiera contarles que mi cama

está hecha

mis sueños impecables

mis articulaciones libres

            de la culpa que grita el mundo.

 

 

Pero el útero me palpita

y reclama las mordazas

                        de los fármacos,

            los prejuicios,

            y todas las veces

                        que no hablé.

 

III.

Mientras las algas llenan mis poros

intento encajar versiones

de mí misma en un solo cuerpo,

                       

                        No sé

cuáles sobrevivirán

pero sé de algunas

que estoy dispuesta a salvar. 

  

IV.

Cada vez que veo la luz

me inclino y

beso mis propios pies,

                        que me trajeron a la orilla. 

 

Inmóvil.

el aire de mi nariz infla burbujas en la arena.

 

Encallé

pero cultivo adentro

la resurrección.

 

 

EL SILENCIO HA TRAÍDO A MIS MUERTAS DE VUELTA

 

Veo a la primera en el sillón

un partido de la Liga

la intro latina del ranger de Texas

             (¿cuáles fueron los amores platónicos de sus abuelas?)

 

olor a plátano horneado

canela

miel

 

a eso huelen

las tardes del ‘93

donde me enseñó a leer

 

Le hablo:

 

ahora entiendo tus horas de soledad

la taza huérfana que dejabas en la pila

cuando el resto de la casa estaba dormida

 

ahora esa taza amanece en la mía

sin ningún accesorio que desmienta

que solo la gata me acompaña

                                                                      

quiero alcanzar tu pelo

platinado Fancy-Full #42

que traías de la frontera

 

 

pero mi brazo es un péndulo en el aire

                        (ya nadie invoca santos)

 

Veo a la segunda en mi habitación

se dibuja tortugas en los hombros

y redes en el pelo

 

olor a té de hierbas

madera con

limón

                        (ya nadie cose parcelas en el Río Estrella)

          

Quiero hablarle

no la alcanzo

la casa vacía enterró las palabras

 

Aquí ya no entra ni sale nadie

solo las muertas que me ha traído el silencio

 

La primera ahora prende una velita

y con las cabezas suicidas al borde de la cama

la segunda y yo

fumamos un joint

 

 

Carolina Campos Solís (Costa Rica, 1988). Es la segunda de cuatro hijas de una mamá mexicana y un papá costarricense, y la compañera orgullosa de Celia, su gata negra. Leer ha sido parte de su vida desde que aprendió a hacerlo, pero no se supo poeta hasta que en 2018 empezó a incluir la escritura en su vida cotidiana. Entonces descubrió una herramienta de catarsis e introspección cuyos efectos solo había experimentado, de forma similar, practicando yoga. La poesía ha sido sanadora y transformadora, así como acompañante del proceso de reconciliación con su niña interna. Compartirla ha sido un ejercicio de vulnerabilidad que encuentra su máxima expresión en “Helechos en los poros”.  Además de poeta, Carolina es internacionalista y gestora de proyectos. En 2018 presentó sus textos, por primera vez, en los talleres del Laboratorio Popular de Literatura. Posteriormente, empieza a ser invitada a recitales y a conocer más sobre la vida poética de su país.  En agosto del mismo año, realiza su primera participación en la Feria Internacional del Libro (Costa Rica), en la presentación de la Antología de Nueva Poesía Costarricense, Certamen Desierto (Editorial Fruit Salad Shaker). En 2019 vuelve a la Feria Internacional del Libro con la puesta en escena de poesía performática “Lámparas”, al lado de las poetas jóvenes con quienes más tarde fundan Colectiva Jícaras. Sus compañeras Jícaras han sido fundamentales en el camino de la poesía y desde ese espacio sigue creando arte, cultivando sororidad y moldeando constantemente su feminismo.  La poesía de Carolina ha sido publicada en revistas digitales como Liberoamérica, Campos de Plumas (México), Oxímoron (Bolivia) y La Libélula Vaga (Suecia); también en la antología digital de poesía Nueva poesía costarricense y en la antología de la Colectiva Jícaras Atemporal. Además, ha sido participado en el Festival Nacional de Poesía de Costa Rica (2020), así como en el podcast latinoamericano de poesía “Tufillo de poeta”, que se graba en la ciudad de Nueva York, y el podcast City Voices de Nueva York Poetry Review.

 



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