30 Sep 2022

141. POESÍA ASTURIANA. LOURDES ÁLVAREZ

-17 Abr 2022

 

VIÉSPERA DEL DELIRIU

 

Dicía nesa carta que lloró.

Al son de la seronda

y na mesa, grebia-y vieno la tarde.

Nun faltó quien dixere

—baxo silenciu estrictu—

que llevaba por cuenta los barcos qu’aportaron

al so dique en díes de primavera,

los que guarden consigo de lo trupo’l paisax:

ciudaes que nun conocen los que nos queden dientro.

Ye mester consumir el bourbon

como cantar de fiesta,

valorar tolo blanco que se-y suma a la vida;

y que, muyer, llendada ente la niebla,

por más qu’agora les tardes se-y xunten no vacío,

frente por frente, va tar ella,

y qu’igual ye bastante.

 

 

VÍSPERA DEL DELIRIO

 

Decía en esa carta que lloró.

Al son del otoño

y en la mesa, árida le llegó la tarde.

No faltó quien dijera

—bajo silencio estricto—

que llevaba contados los barcos que llegaron

a su dique en dique en días de primavera,

los que guardaban consigo lo denso del paisaje:

ciudades que no conocen los que nos quedan adentro.

Es necesario consumir el bourbon

como cantar de fiesta,

valorar todo lo blanco que se le suma a la vida;

y que, mujer, presa entre la niebla,

por mucho que ahora les tardes se le junten en lo vacío,

frente a frente, va a estar ella,

y que seguro es suficiente .

 

 

P’ANULAR LOS ADIOSES

 

Minúsculu deu índiz apunta’l cielu.

Col precuru de quien busca una ayalga,

múevese seliquino en círculos pequeños.

 

–Ésta, ésta, papa, atopéla agora mesmo,

la que meyor se ve, la que voi buscar siempre

porque ehí ha tar ella, rellumando na nueche.

Ta diciéndonos hola, papa papa, atiendi–.

 

A pulsu, el padre llevántala del suelu,

achúcala nos brazos y siente’l calor

col qu’un día, trenta años atrás,

tamién a él lu achucaren,

cuando l’adiós, tamién, yera presencia

que cuayaba la risa y mermaba la infancia.

 

            Estrella de la mañana,

Lluceru de la mio alma,

Venus.

 

Esllumante estrella nes nueches de xineru,

compañera instintiva p’anular los adioses,

pa creer que la vida siempre va ser amable.

 

Estrella de la mañana,

Venus.

 

Cola nena nel cuellu, busquen la mesma estrella,

–ellí, ellí, papa–. Choquen les manes cómplices

y pósala, otra vez, nel suelu.

 

Al abangase, los cipreses, lloren a voluntá.

 

De P’anular los adioses

 

 

PARA ANULAR LOS ADIOSES

 

Minúsculo dedo índice señala el cielo.

Con el cuidado de quien busca un tesoro,

se mueve despacio en círculos pequeños.

 

–Ésta, ésta, papá, la he encontrado ahora mismo,

la que se ve mejor, la que voy a buscar siempre

porque ahí tiene que estar ella, relumbrando en la noche.

Nos está diciendo hola, papá papá, atiende–.

 

A pulso, el padre la levanta del suelo,

la estrecha en sus brazos y siente el calor

con el que un día, hace treinta años,

también a él lo abrazaron

cuando el adiós, también, era presencia

que cuajaba la risa y encogía la infancia.

 

         Estrella de la mañana,

Lucero de mi alma,

Venus.

 

Cegadora estrella en las noches de enero,

compañera instintiva para anular los adioses,

para creer que la vida siempre va ser amable.

 

Estrella de la mañana,

Venus.

 

Con la niña en el regazo, buscan la misma estrella,

–allí, allí, papa–. Chocan las manos cómplices

y la posa, de nuevo, en el suelo.

 

Al inclinarse los cipreses, lloran con gana.

 

 

EL FRÍU MEDRÓ EN MI

 

Apuremos la risa de la suerte,

siempre desfavorable, y too se nos dispunxo

como costra de sal nos llabios mudos.

Yera difícil tresmitise y sabese,

na mirada de cuarzu daqué se nos prendiera.

Por eso ayer nun sabía desplicate

cómo foi creciendo’l fríu en mi,

cómo foi que quedé parada ente les fuentes

y esti presentimientu doloríu de les manes

que tienen como cierto’l que te pierden.

 

De Mares d’añil

 

 

EL FRÍO CRECIÓ EN MÍ

 

Apuramos la risa de la suerte,

siempre desfavorable, y todo se nos dispuso

como costra de sal nos labios mudos.

Era difícil transmitirse y saberse,

en la mirada de cuarzo algo se nos había prendido.

Por eso ayer no supe explicarte

cómo fue creciendo el frío en mí,

cómo fue que quedé parada entre las fuentes

y este presentimiento dolorido de las manos

que tienen como cierto el que te pierden.

 

 

LES AVES DE LA MAÑANA CRUCEN EL SUEÑU / REPOSA’L PARTE INCIERTU D’ESTI DÍA D’ABRIL.

 

Les aves de la mañana crucen el sueñu

nesta parte del ser que respira por mi

reposa’l  parte inciertu d’esti día d’abril.

El martes llegó-yos la noticia pola que tanto llevaben esperando; Ella dio negativo: yá curara. «Dientro poco,  quiciabes güei,  volverá a la residencia, la captura, de vuelta a la residencia», comenta un familiar a los medios.

Pero enantes de que la treslladen al tiempu ivernizu onde vivía, axusta la mázcara a la cara,

nun vaya ser que’l llantu fienda la cantera.

 

Les aves de la mañana crucen el sueñu,

nesta parte del ser que respira por mi

reposa’l  parte inciertu d’esti día d’abril.

 

Siempre foi roca duro, sí, también agora. Consigue’l filo póstumu y cuese les ausencies.

 

Les aves de la mañana crucen el sueñu,

reposa’l  parte inciertu d’esti día d’abril

 

Nun tengo palabres sombríes/ non dafechu sombríes

pa cuntar lo que pasa / lo que nos ta pasando.

 

 

Inédito

 

 

LAS AVES DE LA MAÑANA CRUZAN EL SUEÑO / REPOSA EL PARTE INCIERTO DE ESTE DÍA DE ABRIL.

 

Las aves de la mañana cruzan el sueño,

en esta parte del ser que respira por mí

reposa el parte incierto de este día de abril.

 

El martes les ha llegado la noticia por la que tanto llevaban esperando; Ella ha dado negativo: ya estaba curada.

«Dentro de poco, quizá hoy, volverá a la residencia, la captura, de vuelta a la residencia»,

comenta un familiar a los medios.

Pero antes de que la trasladen al tiempo invernal donde vivía, ajusta a la cara el barbijo,

no vaya ser que el llanto parta la cantera.

 

Las aves de la mañana cruzan el sueño,

en esta parte del ser que respira por mí

reposa el parte incierto de este día de abril.

 

Siempre ha sido roca dura, sí, también ahora. Consigue el hilo póstumo y cose las ausencias.

 

Las aves de la mañana cruzan el sueño,

reposa el parte incierto de este día de abril.

 

No tengo palabras sombrías/ no completamente sombrías

para contar lo que pasa / lo que nos está pasando.

 

 

Lourdes Álvarez (Asturias, España), licenciada en Filología Hispánica y Especialista en Llingua asturiana. Publicaciones: Aldabes del olvidu (1990), Mares d’añil (1992), Son del tardíu, (2006), Como aquella que yeres (2006) y P’anular los adioses (2018). Reconocimientos: Premio Teodoro Cuesta de poesía (en 1992 y 1994) y en dos ocasiones Premio de la Crítica de Asturias, en poesía en asturiano (2006 y 2019).

 



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