06 Jul 2022

429. POESÍA COLOMBIANA. JULIANA TORRES FORERO

-17 Abr 2022

 

CAMPESINAS

 

en la cosecha

le abren surcos a la tierra

esculpen sus pepitas

de barro y luz

 

las semillas esperan

la desgarradura

que la marga traducirá

en un cambio de forma

 

se hunden

hacen de su entrega

un estallido sin palabras

su gesto de cuidarnos

 

las creadoras miran

el dibujo de su labor:

son ríos perpetuos  

abren sus preguntas

 

anuncian el futuro  

de su ingravidez.

 

 

PLUTÓN NO SABE DE NOSOTRAS

 

plutón no sabe

de nosotras,

lejano el sol

para él

apenas puntito,

destello,

sus semanas décadas,

sus criaturas

siglos en nacer.

 

pensar en él,

quedarse en él,

arrancarlo

de su soledad años luz

y traerlo al cuenco

de la mano,

metérselo

en la boca

que se caliente

en la lengua,

que los dientes

sean sus estrellas

y que escuche

escuche adentro

y  nos diga

cuáles son

nuestros nombres.

 

 

CANGREJOS

 

nadie conoce este muelle

donde te has tumbado

desconcertada de tu propia voz.

 

nadie ha vuelto a esta playa

repleta de niños

aplastando cangrejos.

 

los más pequeños

son los que golpean

con mayor devoción.

 

cuerpo viejo

cuerpo futuro

el que emanará

de los caparazones rotos.

 

en el único niño

que no golpea

te reconoces,

intenta decirte algo

pero tiene las palabras tiesas

entre los dientes.

 

 

JUEGO

 

habla un poco más duro

no te escucho

estás al fondo del fondo de tu voz.    

apaga la luz

aquí resplandecen figuras

¿recuerdas?

cada martes llegaba el apagón

y nos inventábamos animales

con nuestras manos:

el dedo meñique, el anular, el gordo

se convertían en pedazos de un ave

quizá de cuervo o de gallina

unas alas de sombra queriendo salir.

 

las manos: eso era lo que resplandecía entre nosotras.

 

 

LA CAVERNA

 

lo prehistórico se mueve

a gran velocidad

estallan en la piel de la roca

aullidos láser

huesos de poliéster

estalactitas de carne

ojos de piedra y sangre,

hundo la mano

en la tierra de algoritmos

y veo cómo palpita lo recienteantiguo,

en la caverna digital

fosforescencia del cosmos

desbaratándose

en ríos de acontecimientos:

muros caídos, alzados y vueltos a caer,

fronteras trazadas y borroneadas

sobre un papel carcomido,

nombres de naciones,

firmas de próceres,

manos que encienden bombas

y máquinas,

ríos rojizos, negros y amarillos,

llantos de uno y otro lado

en la puerta en una iglesia,

frente a la cruz

espaldas que se laceran,

empresas con avisos de neón

que prometen premios millonarios,

gente remando sobre puertas

en medio de la lluvia,

manos que se cierran y se abren

para agarrar billetes y monedas,

los que no tienen voz se arrastran

sobre una plataforma de cemento,

olores hórridos salen de sus cuerpos,

una familia de vacaciones en una isla

pieles sonrosadas se escaman por el sol,

una estrella muriendo

sin que nadie se de cuenta,

una multitud encerrada en la alambrada

cuerpos calcáreos se envilecen,

unos adolescentes toman fotografías a fósiles

en el museo nacional

y aprenden los nombres de las eras de la tierra,

el cuerpo de un mamut es restaurado

de una película de moho en su torso,

un mamut duerme sobre la roca,

un mamut muere, nace, muere,

un grupo de danzantes derviches

gira, gira, gira,

uno de ellos no resiste y cae,

en el pecho de una mujer

la foto de un desaparecido:

para ella un duelo ígneo,

una niña espera a su madre

con zapatos amarillos de punta gastada

al borde, en la frontera

grito en lo oscuro

nadie escucha

nadie quiere meterse en la boca

el dolor de alguien que se convierte en piedra.

 

la caverna se apaga en un chisporroteo de fósilmáquina

y en la pantalla un ruido se ríe del aleph.

 

 

EL GLOBO

 

hemos venido a ser testigos

de los cambios de la tierra 

la tierra donde ya no hay sol 

nuestras plantas eléctricas 

son las únicas estrellas 

reverberan al infinito finito 

encima de la mesa 

donde descansa nuestro ídolo:

una bola de mares innavegables

y ríos minúsculos 

hay arrugas

en los nombres continentales 

y se han desdibujado

las figuras de monstruos  

en los que ya nadie cree 

 

¿por qué hemos visto el infinito

en lugares tan pequeños? 

 

cuartuchos

donde trabajamos y dormimos, 

donde nos vivimos 

nada universales

girando como derviches  

alrededor de nuestro miedo 

 

después de girar

hemos anotado con tristeza local:

“el cosmos es tan solo

un afiche de carl sagan

encima de la pared con grietas”

 

 

Juliana Torres Forero (Colombia). Escribe poesía y narrativa. Ha colaborado con diversas revistas culturales. Fue escritora residente del Programa de Residencias Artísticas del CONACULTA en México. Está en su cuarto año de doctorado en Literatura Latinoamericana en el Departamento de Lenguas Romances de la Universidad de Cornell, donde también trabaja como profesora. Vive en Ithaca, New York.

 



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