13 Abr 2024

501. POESÍA COSTARRICENSE. GUILLERMO FERNÁNDEZ

-20 Ene 2024

 

26

 

La tía de las historias de terror se está muriendo.

La que nos daba cajetas de coco.

La que demostró la existencia de los duendes

en un rincón de su casa de adobe.

Está inconsciente en una cama de hospital

con un aliento casi imperceptible.

Yo la imagino en aquella casa pobre,

tan pobre como un terrón iluminado por la luna,

tan fresca como un charco en octubre.

Su cara blanquísima, su delantal inmaculado,

su mirada donde el tiempo era una mentira.

La hojita de limón sobre la pasta de cajeta

exhala su inefable aroma.

Hay jarros viejos de agua dulce

que todos los chiquillos empezamos a beber.

Tengo miedo de cada fantasma que se esconde en esa casa.

Y sé que me respiran al oído con el gesto triste.

La voz segura de mi tía nos va contando historias

que jamás se irán del mundo,

historias con sus monstruos torturados.

El montón de niños sin televisión, sin grandes posesiones,

nos ponemos en silencio,

alrededor de su última cama, de su último suspiro.

 

De El país de la última tarde (2021)

 

 

31

 

Converso con alguien que tal vez sea Dios.

Después de muchas peroratas.

Después de hablarme demasiado a mí mismo.

Quizás no sea exactamente Dios.

Quizás solo sea su rara penumbra.

O su aliento que se escucha en la noche,

su aliento que hace que el gato de la esquina sospeche.

O que todo se vuelva tenebroso,

como una infinita pista de hielo.

Quizá sea Dios sin más.

El mismo que no puede estar sordo a las conversaciones extrañas.

El que escucha como un búho expectante.

El que me mira sobre la cama

sintiendo, preocupado, los latidos de su corazón.

Pensando que su corazón ya ha martillado suficiente la vida,

como ante una puerta muda.

 

¿Reconoce en mí el terror

de tener un cuerpo y anidar una vieja incertidumbre?

¿Querrá calmar el dolor de mi constante resistencia?

¿Siente como suya la trivial herida

que en ocasiones me he buscado en alguna parte,

sin que pueda hallarla?

 

Son mis charlas tan extrañas con el origen de todo

que permanezco flotando siempre en aguas de la noche,

esperando un chispazo en la mansión lúgubre.

Converso con alguien que tal vez sea el consuelo.

El consuelo que juega al inasible,

como el humo lírico sobre los techos nocturnos.

 

De El país de la última tarde (2021)

 

 

14

 

Sobre los hombros de un niño a veces me sostengo.

Tiene cinco años.

Lo llevan a la plaza.

Comprende lo que es el sol, la brisa de la tarde,

unas cuantas piedras en el breve camino,

el olor simple de la hierba.

En su semblante aún tengo asombros

que parecen fieles,

fieles como unos cuantos perros que me siguen.

En el recuerdo de sus alegrías

he aguantado el mundo,

como un pozo necesario que a veces se oculta

y que busco muerto de sed.

Seguirá teniendo toda la vida pocos años.

Con su poca fuerza, mientras yo respire,

me dirá por dónde detenerme

y quitarme ansiosamente el antifaz,

para sentir el libre viento en todos mis rincones.

 

De El país de la última tarde (2021)

 

 

18 

 

Yo no te puedo decir que sos mi amor muerto.

Que te hayás muerto vos, hijo mío,

no mata mi amor.

Incluso tu frío no mella el que mi amor aún te busque

como la savia de mi vida fallida.

 

Aprendé a oírme donde estés.

Quizás en este viento donde dejo mis preguntas,

más sordo tal vez que la tumba

donde te dejé soñando como una máscara feliz,

feliz de estar sin ropa y sobresaltos.

 

Aprendé a sentirme. Yo sí te siento en la muerte como un calor rebelde.

No me ha quitado todo la huesuda.

Y que me abraza cada día como una novia pegajosa,

a quien debo separar para tomar aire,

porque me asfixia,

me deja sin exhalar una oración,

o lo que yo quiero en el fondo decir con toda el alma:

la maldición perfecta,

la que nace de mis entrañas con la ternura de un mendigo.

 

Dicen algunos que hay un reino posible

donde tal vez te abrace ya convertido yo mismo en solo brisa sin palabras.

Ya nos diremos lo que no nos dijimos.

Ya solo mi abrazo calmará la furia de este león que desataste en mí,

la verdadera tristeza, la que no tiene médico.

 

Soy esta cárcel donde late un corazón oscuro,

una soledad que no puede encarcelarse

y que sin embargo es como si fuera prisionera

de mi propio desamparo.

 

No se deshoja un muerto tan querido

tan sencillamente como un árbol.

Me mirás con más intensidad en este largo anochecer,

donde he pedido la justicia de la muerte, su dulce medicina.

 

A través de las ventanas de un café quisiera verte,

tan lleno de vigor como la última vez

que esperaste que me marchara para salir del cuarto.

Sé que soy ahora el que ama como un muerto al que la vida

le ordena persistir,

mirando como el loco el brillo de una fantasía:

“¿Y si pasaras y te viera?

¿Y si tu semblante recayera sobre mí y me sonrieras?”

 

Me gusta pensar ahora que hay misterios

que los científicos descifran como niños.

Uno de ellos es el amor que no cesa.

El amor que tiene ganas de ser un caballo

y correr sin freno hasta quedar sin carne,

hasta que los ojos se le consuman en honduras de espanto.

 

Me consuela que haya enigmas

como el de la soledad habitada por una esperanza demencial,

donde yo aún tengo un sitio para vos, hijo mío.

Y que toda esta muerte,

es solo un instante de separación

donde el fuego de mi amor está invicto.

 

De Hojas de ceniza (2017)

  

 

9

 

Soy el anfitrión de la niebla cada tarde,

y la espero sentado a la mesa,

mientras escucho sus golpes en las paredes,

o imagino que sus manos abren las puertas con lentitud.

 

Parece una multitud silenciosa,

con ojos sombríos y pies hinchados.

Una procesión de semana santa

con sus personajes de yeso.

 

Ahora le conozco sus reacciones

como se terminan de predecir

las tácticas de un gánster.

 

Es otra rata en la casa. Otro familiar irremediable.

Otro sueño cruel que vaga en pantuflas.

 

De Hojas de ceniza (2017)

 

 

Guillermo Fernández (San José, Costa Rica, 1962). Posee estudios en filosofía y docencia universitaria. Ha sido ganador del premio Nacional de Literatura en Poesía (1997), Cuento (2013) y Novela (2020).  Ha laborado como capacitador y editor en diversas instituciones privadas y del Estado.

 



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