27 Nov 2022

454. POESÍA COLOMBIANA. FLAVIA FALQUEZ

-16 Sep 2022

 

Entrar en la poesía de Flavia Falquez, poeta colombiana residente en España, nos hace participes de un diálogo profundo y maduro. Estamos ante un proyecto literario comprometido desde una asombrosa totalidad. Solo así se puede crear un universo simbólico tan resuelto y legítimo como este al que Flavia nos adentra de una forma exquisita.

Percibimos, en la experiencia vital de su obra, el componente mitológico que pervive en el espíritu humano desde el comienzo de los tiempos. Sin embargo, cada poema logra un equilibrio entre el rapto hacia una dimensión del mundo arquetipal que potencia con matices sintácticos y reflexiones semánticas muy originales, sosteniendo la íntima verdad del aquí y el ahora. Podemos revisar, por ejemplo, en este fragmento del poema X, perteneciente al libro Prosías contra la ausencia:

 

Ayer caminaba Adán por esa senda y hoy veo al Minotauro debatiéndose en
mis predios. Sólo el destino sabe  de  los juegos de espejos con que luchas.

 

El sujeto poético se asume participe desde una interioridad reflexiva, casi filosófica. Esta suerte de murmullo desemboca en el poema con delicadeza cifrando la fuerza interior para respirar sus propios licores de realidad. Pero también reconoce un mundo pretérito en conexión casi divina, capaz de representar el aire de culturas remotas y míticas. Ambas visiones luchan desde sus símbolos hasta que logran amalgamarse en una expresión particular en la encarnación del pensamiento, el lenguaje y la imagen.

En esta selección de poemas hallamos la metáfora de un universo que se instaura tanto en la contemplación poética como en la apropiación existencial de un mundo atemporal. Regresamos al origen partiendo del hallazgo de nuevas reflexiones.

Amarú Vanegas

 

 

ESOS DESAFORADOS GIGANTES

 

 [. . .] y si tienes miedo, quítate de ahí, y ponte en oración en el espacio que yo voy a entrar con ellos en fiera y desigual batalla.

                        —DON QUIJOTE DE LA MANCHA, MIGUEL DE CERVANTES

 

Te equivocas si crees

que dejarás atrás a los fantasmas.

Saldrán a tu encuentro en el camino

con sus enormes brazos

intimidando el paisaje.

 

En la infinita orfandad de la llanura

verás erguirse frente a ti

tu soledad, tus miedos, los rostros perdidos,

el pasado que no muere.

 

Sin escuchar las voces,

protegido tras la rodela,

invocarás a Dulcinea

mientras con furia afrontas

la desigual batalla.

 

Todo será inútil.

Volverás a caer

maltrecho en tu armadura;

y rota ya la lanza

aceptarás que en la lucha

todo cambia en un segundo:

Frestón con su magia

trocará los gigantes en molinos

arrebatándote la gloria

de su absoluta derrota.

 

Será sólo un espejismo.

A tu espalda las viejas aspas

recuperarán su fiera forma

vigilando tenazmente tu andadura,

porque esos desaforados gigantes

de brazos largos como leguas

son tus propios fantasmas,

viajan contigo, te acecharán siempre

y volverán a sorprenderte en el camino.

 

De Mientras la vida pasa

 

 

ÍCARO LIBERADO

                                                A Maripau Espinosa De la Espriella, in memoriam 

Sólo querías alcanzar el cielo

perderte en el infinito azul de su vacío

y buscar, buscar la luz como los girasoles

hasta fundirte en ella

dejando atrás el poso oscuro

de tu constante tristeza.

 

Un día comprendiste que debías huir

que esa ciudad ardiente y bulliciosa 

se había convertido

en un confuso laberinto

en cuyos tortuosos meandros

tarde o temprano

terminaría por devorarte 

el sediento minotauro de la angustia.

 

Sabías que no sería fácil salir

del intrincado dédalo de tus miedos.

En sus estrechos pasadizos

se habían extraviado tus pasos

mientras la rabia y el rencor del tirano Minos

clausuraban frente a ti todos los caminos.

 

De repente, una voz antigua

nacida del rincón más profundo de la sangre

te mostró la salida:

desaparecerías por el aire

aprenderías a dominar el secreto de tu estirpe

y volarías, volarías más allá de las nubes

controlando la altura y la fuerza del viento.

 

Planeaste el viaje y nada dijiste

porque intuías que no entenderían tu dolor

ni esa extraña prisión que te cercaba.

Elegiste una mañana clara,

acunada por el almendro y las acacias

cancelaste tus deudas con los hombres

confiaste a dios tu despedida

y con el último beso a tu madre

dijiste adiós al mundo que dejabas.

 

Con determinación subiste la escalera

alcanzando el borde más alto de la casa.

Saltaste, remontaste el vuelo 

hasta sentir cerca los rayos del sol

y la cera derretida de tus alas.

Desvistiéndote de ti, penetraste al infinito

mientras a lo lejos veías caer, ya sin vida,

aquel cuerpo mortal que tanto padecías.

 

De Mientras la vida pasa

 

 

IX

 

Roma, 25 de septiembre…

 

Cuando llegue el momento moriré por ti, juraste al asumir tu devoción de amante. Una brisa leve mecía las cortinas, mientras en la hamaca relatabas viejas historias de soldados valientes. Nuestros cuerpos, ebrios de gozo, se estremecieron ante la centella y el milagro de estar juntos.

 Flaquearon mis fuerzas. No supe si traicionar a mi dios o sucumbir al dulce vértigo en tus brazos. Intuí, en ese instante, ser tu último destino. Como Sebastián de Narbona, ataviado con arreos militares, fuiste voluntario pretoriano y refutaste (febril) los inflexibles credos de mi infancia.

 Decidí amarte y me arrastró la locura transgresora de habitaciones clandestinas. Tu juventud irrumpió en mi vida llena de ritos, bautizos y los misterios de una religión en ciernes. La Ciudad Eterna hervía más allá de las ventanas y nuestras culpas quedaron prisioneras en las oscuras mazmorras del deseo.

 Moriré por ti cuando el momento llegue, insististe sosteniendo los cimientos y la gracia ordenada de mis días. Suplicaste el amor sin dueños que florece en mis manos para soportar el fin y la caída del Imperio.

 Fuimos demasiado lejos en la entrega y una vez descubiertos se dictó sentencia. Jamás sentí un amor tan mío como en esa mañana triste al cumplir tu juramento, desnudo en la deshonra y afrontando altivo la plaga de saetas con las que irreversiblemente te entregabas a la muerte.

 

De Prosías contra la ausencia

 

 

PENÉLOPE EN MORROA

                        A Tomasita, tejedora de sueños y hamacas de Morroa

Con manos sabias

urdiste el triste sino de tus días

y entregándote al amor

de marineros sin rumbo

fecundaste con fatiga

el yermo desierto de tu tierra.

 

Tarde comprendiste

el olvido de dios

y que no existe piedad posible

lejos del mar,

en el implacable sol

de tu tierra fandanguera.

Te sentaste conforme

a tejer en la urdimbre

de verdades eternas

la herencia oculta

de tu incompleta existencia.

 

Hamacas multicolores

te mostraron el espejismo

de los puertos del mundo.

Recogiste las amarras

de tus sueños imposibles

y aceptaste

que es el amor lo eterno

y que de esa tela

densa y áspera,

acariciada por tus manos,

está hecho el corazón incierto

de los hombres de Morroa.

 

No existe regreso.

El amor te abandonó

con su desasosiego.

Le hubieras dado el mundo

pero Ulises sucumbió

(sin mástiles ni viento)

a un canto traicionero de sirenas.

 

Con tu belleza deshabitada

recibes diariamente

la nostálgica visita de la Parca,

que burlonamente juega

a arrancarte del enjullo,

pero ganas la partida siempre

porque cada noche,

tejedora insomne de la luna,

deshaces la trama,

reinventas la esperanza

y te aferras amorosamente a la vida.

 

De Para nombrar la madrugada

 

 

TIEMPO DE COSECHA

                                     A Linda Isabella, quien llenó de certezas el mañana

 

Pronuncio su nombre

y un golpe de sal

llena mi boca de esperanza:

será alegría en tronco partido,

vela que recoge albatros,

madero que impide el naufragio.

 

No sé cómo abrirá los ojos

ni el coraje que traerá su mirada;

sólo que viene de un limbo remoto

y que atravesando túneles de ángeles guardianes

irrumpirá bautizada por lejanos ancestros.

 

Crecerá,

vivirá dolor y gozo

cuando el deseo sea centella

y se abandone a navegar sin miedo

con la brújula enamorada

de los sueños.

 

Será entonces tiempo de cosecha

y su sangre,

vuelta fruto,

seguirá el rumbo de la estirpe.

 

Cometerá errores,

bordeará el peligro,

nadará la aventura

y nadie podrá arrebatarle

los cabos de su propia vida.

 

Aprenderá la soledad,

el ruido apagado de la ausencia,

las tormentas enfurecidas que se levan

enseñando una dura zarpa de adioses.

 

Pronuncio su nombre

y un golpe de sal

llena mi boca de esperanza.

No adivino su rostro

ni cómo estallará la sonrisa.

 

Hoy sólo sé que llegará

cerca del mar

entre las cálidas lluvias de octubre

y que un poco de mí

en ella

continuará sobre el mundo.

 

De Para nombrar la madrugada

 

 

X

 Madrid, Museo del Prado, 27 de octubre…

  

Amor mío:

Aquí estoy frente a Ariadna dormida en Naxos, bastante más cerca de lo que tú piensas y mucho más lejos de lo que yo quisiera.

No llames inútil (mi querido Teseo) a ese viaje, que sin dejar de ser sombra, cada vez se vuelve más horizonte. Toda caricia, probable o imposible, nunca será inmóvil. Ni el mármol será estatua, ni la ausencia fría.

 Si tus sueños son mi sombra, yo también sé que los míos son la tuya. Cada vez más lánguida, la luz se extingue en el presentimiento para dar paso a la certeza.

Ayer caminaba Adán por esa senda y hoy veo al Minotauro debatiéndose en mis predios. Sólo el destino sabe de los juegos de espejos con que luchas.

Tal vez una sirena te cuente mis cantares. Mientras tanto, piensa en mí cuando estés en la batalla y no desfallezca tu armadura.

 

De Prosías contra la ausencia

 

 

Flavia Falquez (Colombia). Reside en Granada (España). Licenciada en Filosofía y Letras, con especialización en literatura; su tesis de grado, García Lorca y el sortilegio del duende, mereció la distinción Summa Cum Laude de la Universidad de los Andes de Bogotá. Doctora en Historia Medieval de España y Magister en fotografía. En 1978, su poemario Hojas de nostalgia obtuvo el primer lugar en el concurso de poesía de la Universidad Javeriana de Bogotá. En 1994, su libro Coplas a Leonor obtuvo el segundo lugar en la VII versión del Premio Nacional de Poesía Carlos Castro Saavedra en Medellín. Su poema “Montaje” ocupó el segundo lugar en el XXV Concurso de Poesía “Ciudad de Arnedo” (La Rioja). Su obra literaria y fotográfica ha sido publicada en diversas revistas, antologías y periódicos en varios países. En febrero de 2017 la editorial MRV publicó su tercer poemario: Para nombrar la madrugada, con prólogo del poeta granadino Emilio Ballesteros. Tiene tres poemarios inéditos: Pretextos alrededor del jardín, Prosías contra la ausencia y Mientras la vida pasa.

 



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