13 Abr 2024

504. POESÍA MEXICANA. MARÍA BARANDA

-06 Feb 2024

 

CAÑON DE LOBOS 

 

I

En lo sonoro, en movimiento

un poco más lo que se puede

ser contra la noche

austera, mi mano

sosteniendo rabia.

Los caballos a pleno campo enormes

bajo el gris espeso,

el hocico en el silencio uno

al otro

frente a lo inconmovible

solos,

mirando

en medio justo al centro el punto inmóvil,

rocas

el coro y las estrellas

en esa luz tan única de los únicos poemas,

líneas

al amparo de una idea, una invención

definitiva

en lo que es más, las voces

mascullando el infinito y su fijeza

lentamente en el dictado

de respirar profundos

en el páramo

lo que se puede en la verdad

lejos de Dios, cerca del polvo

pero la fe

pero el amor

acaso

los caballos en ese tiempo alzándose bajo las nubes

en un instante

uno

en que el futuro es

la simple danza, la coz

entre las líneas tal

y tal el mundo

en esa cima revelada en el azul siendo tan gris,

lo que persiste ahora

y es todo.

 

 

II

Todo el año esperábamos la llegada del verano

                                    azul de las grosellas

            con las bocas restregadas bajo el sol

dos veces celebrado por las garzas en sosiego.

Había un sonido de capilla entre la hierba

            como si un pez murmurara

                        nuestros nombres en el río

ese río de piedras abultadas,

                        una flota de ranas detenidas.

Era el tiempo de ahuyentar el miedo

como se ahuyenta a las libélulas con lámparas.

Yo siempre

al pie de aquellas zarzas

                                    ojos cerrados

                                    boca apretada

escuchando la oscuridad y su silbido.

            A veces, una rana rápida en su sombra me asustaba

y era mi grito entonces

                                    los ojos rotos en el borde

un presagio de la muerte que venía.

El corazón ceñido a los escombros

retumbando para espantar al pájaro en lo alto

pájaro que cincelaba el árbol amarillo

                        donde dormíamos como en un cuarto superior

hecho de plumas horadadas en el día.

Abajo, dócilmente la noche,

                        nos avisaba del apogeo de los mayores

entre risas al mar

                        abierto de las valvas

labios que restallaban siempre en las venas de ese río.

Y era el fétido olor de las grosellas

                        en esos tarros de fresca mermelada

donde la voz a punto

                        establecía los ritos

ajenos a este mundo, el dominio viscoso

                        de nuestras lenguas enlazadas.

Yo no tenía más que una palabra sola

                        abierta

para sortear el miedo

aquel camino oscuro de regreso

hasta llegar al día y del día a otras albas.

 

Era el verano entonces

                        donde un instante

como esas ranas detenidas

            croaba un poco más y siempre

con el sólo eco de nuestros sueños solos

                        si es verdad,

                        si es verdad,

que en el abismo

                        se vive resurgidos.

 

                                                                                                         

III

Porque cruzamos levemente cantando

            por Cañón de Lobos como si fuera la tierra de Canaán,

            aquel lugar certero de los sueños

                        entre los sucios charcos y las piedras

                                    para implorar ayuda bajo el sudor ajeno.

Porque nos fuimos lentos por donde vuelan

            las hojas tocadas por raíces y la seca plegaria de los cerdos

                        zumbando con suaves movimientos de culebras

                                    sin dar la cara a los hombres y a los niños,

a la súbita imaginación de quien asalta el cielo,

tumbados bajo nubes y largos ríos frescos

trazando un nuevo mapa quemándose en las manos

            de los barrios

            de los botes podridos de las calles

            de húmedos billares donde los jóvenes

                        usan los trajes gastados de sus padres

                        y los padres empeñan el salario

mientras su sangre discurre entre los vasos.

 

Y porque íbamos cansados de estar solos

            confiando en el ácido olor de nuestros cuerpos,

en el vaticinio de un sol sobre los potros

cruzando a golpe la frontera,

el silogismo de los sueños y del miedo

            caímos

como cayó el césar de su roca

en el oído de la víbora

                                    de lo visible a lo invisible

en un lugar tan fuera de la vida

contemplando el abismo

tan lejos de las aguas de un Jordán

resucitado en piedra, tan cerca

de la carne en los balnearios

donde germinan los mares mudos de la voz serena,

sin huerto de luz para nosotros,

            sin campo abierto para esconder el eco

acaso una cruz de palo para los siglos sin futuro,

            un temblor entre las bocas que repiten:

            “Ya bájalo, ya bájalo”

vendrá otro Barrabás

            como canto de gallo en el amparo de la aurora,

vendrá gastándose en el tiempo

jalando lámparas de parafina

            una carreta de agua

            una vaca

            los guijarros de una época perdida en el idioma de los perros.

 

Aquí, por Cañón de Lobos, habrá una soga larga blanquísima

            de un lado al otro del barranco

                        para colgar la suerte de la Historia

                        en claros gritos defendida. Y sin embargo,

viajeros solos tan dentro de nosotros,

            caíamos precipitadamente al corazón abierto de la niebla

            si corazón

es lo que tiene adentro nuestra lengua.

            Y nos dijimos ciegos

indestructiblemente ciegos

            ineludiblemente amigos

palpándonos a solas

            buscando el hueco

                                    la luz

            el solo milagro de los hombres

                        que van como los vientos

buscando una palabra para anidar

            su muerte

            su mundo en la zozobra

            y la pregunta siempre al aire:

 

¿Existe aquí el cielo?

 

Algo quedó entonces

en nuestros ojos y los ojos de los ojos

de los otros, algo

            como un silencio adentro

            que hizo más grande nuestro viaje

más frágil

            nuestro aturdimiento,

algo como un dios

atado a nuestros labios

levemente cantando

su propia tierra seca

de un imposible mundo

consumido

en la mirada sola

en el sudor ajeno

en el aullido siempre

de los otros.

 

 

IV

  

Dicen que el árbol no tiene conciencia de ser. Ser él.

Quizá cada uno de los seres que lo habitan

sólo son lo que son, como yo que vivo frente a él.

Pero no soy él.

Él es él. Yo soy yo.

 

¿Pero acaso me sé ser? ¿Ser yo en mí la que soy?

¿Y él? ¿Se sabe saber quién es?

Vive frente a mí.

Y yo, delante de él.

 

Nos cuidamos si el viento pasa entre nosotros.

Lo miro atardecer.

Me ve sonreír.

 

A veces cae lluvia en él.

No en mí. Yo estoy

en el resguardo de la ventana

como si el aire

o el frío me fueran a doler. No a él.

 

Él está a la intemperie, siendo él.

Yo, soy yo adentro, protegida de ser como él.

 

¿Y si fuera tan solo un pensamiento suyo?

¿O seré en mí misma siendo él?

 

Lo miro fuera de mí.

Imperturbable, existe.

 

Es más él de él y en él

que yo de mí con todo mi saber.

Sé que mi cuerpo no es de él.

Él también. No espera ser yo.

Nunca ha pretendido entrar.

 

Sólo una vez una de sus ramas

tocó en el vidrio y lo miré.

Lo vi soportar una tormenta, doblarse

casi a la mitad. Pero quedó de pie

siendo él. Más que nunca, él.

 

Yo, temerosa, detrás de la ventana

escuché el aullido del viento y temblé.

 

En cambio él

sólo estuvo ahí, de pie,

intacto

en la paz de su ser.

Siendo él.

Yo, aún me pregunto

quién soy

delante de él. 

De Cañón de Lobos (2021).

 

 

María Baranda nació en la Ciudad de México. Ha recibido varios premios como el Nacional de Poesía Aguascalientes en 2003, el Sabines-Gatien Lapointe en Canadá en 2015 y el Internacional de Poesía Ramón López Velarde en 2018. Recientemente la Universidad de Yale publicó The New World Written: Selected Poems y Edizioni Fili dÁquilone su libro Teoria delle Bambine en italiano. Su poesía ha sido traducida a diversos idiomas como chino, francés, inglés, lituano, alemán e italiano. Como traductora acaba de publicar, junto con Paul Hoover, la Poesía Completa de San Juan de la Cruz al inglés en Milkweed Editions. Actualmente es la Tutora de Poesía en la Fundación para las Letras Mexicanas. Algunos de sus libros son: Narrar, Atlántica y El Rústico, Dylan y las ballenas, Ávido mundo, Arcadia, Ficticia y Teoría de las niñas.

 



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